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La estrecha vinculación de Pablo VI con la cultura francesa

Cuenta el cardenal Paul Poupard, hoy presidente emérito del Pontificio Consejo para la Cultura, que Lodovico Montini, antiguo senador democristiano y hermano mayor de Pablo VI, le dijo que su madre les leía todas las noches, en francés, un texto de San Francisco de Sales. Ese fue el primer contacto del niño Giovanni Battista Montini con una cultura francesa que le marcaría de por vida. El descubrimiento definitivo se produjo en 1924, con motivo de un viaje estival que le llevó a conocer París y Lisieux. Desde ese momento, las corrientes teológicas e intelectuales procedentes de Francia ocuparon un lugar preferente en el universo mental de Pablo VI.

Esa influencia tiene un nombre que se impone por encima del resto: Jacques Maritain (1882-1973), de quien tradujo al italiano su ensayo Tres Reformadores una vez logró dominar el idioma de Molière. Ambos mantuvieron una estrecha relación intelectual y personal, de modo especial en los años (entre 1945 y 1948) en los que el filósofo fue embajador de Francia ante la Santa Sede y Montini ya era, en su calidad de sustituto de la Secretaría de Estado, la mano derecha de Pío XII. La vuelta de Maritain a su país espació los encuentros, pero no la intensidad espiritual de sus intercambios. Pablo VI solemnizó el vínculo especial que le unía a Maritain al entregarle el documento destinado a los intelectuales en la sesión de clausura del Concilio Vaticano II. Era el 10 de diciembre de 1965, si bien año siguiente Maritain publicó Le Paysan de la Garonne, una obra controvertida que algunos autores, como Gregorio Peces-Barba, interpretan como “unas dudas” respeto a las conclusiones del Concilio, mientras que otros, como René Mougel, rechazan de plano esta posibilidad.

El otro gran intelectual francés a quien Pablo VI también convirtió en uno de sus confidentes fue Jean Guitton (1901-1999). Si bien su trayectoria tenía, a diferencia de la de Maritain, episodios algo confusos -vio en el régimen de Vichy una oportunidad para devolver a Francia su “mística”; aunque en la posguerra fue absuelto de los cargos que pesaban sobre él-, su figura es la de un pensador de primer nivel, miembro de la Academia Francesa y autor de una cincuentena de obras que van desde la apologética hasta la reflexión histórica, pasando por la filosofía pura. Interlocutor predilecto de Pablo VI, de sus conversaciones sacó, con la elegancia del que aporta novedades sin cometer indiscreciones, Diálogos con Pablo VI y Pablo VI secreto, obras de lectura imprescindible para adentrarse en la personalidad e inquietudes del Papa Montini.

Siendo Maritain y Guitton la parte esencial de la influencia cultural e intelectual francesa en la figura y pensamiento de Pablo VI, no son, sin embargo, los únicos: el Papa Montini siempre estuvo atento a lo que decían tres teólogos que influyeron notablemente en los trabajos del Concilio: los jesuitas Jean Daniélou y Henrí de Lubac, así como el dominico Yves Congar. En la Orden de Predicadores también destaca el padre Louis-Joseph Lebret, principal inspirador de la encíclica Populorum Progressio y su concepto de desarrollo integral y solidario, fuertemente arraigado desde entonces en la Doctrina Social de la Iglesia. En contra de las costumbres generalmente observadas en la redacción de los textos magisteriales, Pablo VI cita expresamente al padre Lebret en la versión final de la encíclica. Un homenaje póstumo, pues el dominico había fallecido unos meses antes.

De las alturas teológicas a los mensajes a los católicos de a pie: la debilidad de Pablo VI por Francia se notó desde los inicios, al hacer de ese país el primer destinatario de un mensaje radiofónico. Era el 4 de diciembre de 1963 y, obviamente, se dirigió a los oyentes en el idioma de Molière que, para el Papa, siempre según el testimonio de Poupard, ejercía “la magistrature de l’universel”. Por eso mismo también eligió el francés para dirigirse a la Asamblea General de la ONU el 4 de octubre de 1965. Un discurso memorable que destacó por un no menos memorable “Plus jamais la guerre!”.

PepeBallester

José María Ballester Esquivias

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