Carta del Obispo Iglesia en España

La esperanza de los pobres nunca se frustrará, por el obispo de León, Julián López Martín

Julián López

Queridos diocesanos: Por deseo del Papa Francisco contamos con una “Jornada eclesial de alcance mundial” dedicada al grave problema de la pobreza bajo todos sus aspectos. Este año la Jornada llega a su tercera edición en el domingo día 17 de noviembre y lleva por lema «La esperanza de los pobres nunca se frustrará» (Sal 9,19). El Papa ha querido comentar personalmente el lema de la Jornada haciendo una llamada a las comunidades cristianas y aun al resto de la sociedad, con la finalidad de sensibilizar a sus respectivos miembros ante un hecho al que nos hemos ido acostumbrando, casi sin darnos cuenta. El Señor ya había anunciado: “A los pobres los tenéis siempre con vosotros” (Mt 26,11a) exhortando a no perder de vista esta realidad que, independientemente de la referencia ocasional y puntual que motivó la indicación, comprende una verdadera exigencia permanente para todos los cristianos.

Esta exigencia consiste en el ejercicio concreto de la caridad fraterna bajo todas sus formas. Ahí están también las denominadas “obras de misericordia espirituales y temporales”  para recordarnos ese imperativo. En este sentido el Santo Padre ha dicho que, por encima de las estadísticas, “los pobres son personas a las que hay que ir a encontrar: son jóvenes y ancianos solos a los que se puede invitar a entrar en casa para compartir una comida; hombres, mujeres y niños que esperan una palabra amistosa”.

 

El contenido del mensaje del Papa Francisco es realmente actual, más allá de las jornadas puntuales establecidas u ocasionales y que nosotros solemos resolver con un aviso anunciando la colecta o con un donativo más o menos generoso. En este sentido la referida Jornada eclesial de los Pobres contiene un aspecto que ha de servirnos a todos de recordatorio permanente. Me refiero a la pobreza no solo como realidad sino especialmente como desafío y reto para todos y que ha de traducirse en un estilo de vida coherente y adecuado siguiendo las enseñanzas de nuestro Maestro y Señor (cf. Jn 13,13-14). No en vano, los pobres están en el centro del Evangelio, pertenecen a su núcleo como mensaje y como garantía de salvación. Si por unas causas o por otras los eliminamos de nuestra predicación del Evangelio y, lo que sería peor, de nuestra vida, lo que en realidad hacemos es recortar no solo el mensaje de la salvación por Jesucristo, sino también la gracia misma que procede de Él y que haríamos ineficaz en nosotros mismos.

De ahí la importancia de esta llamada a la esperanza que hace el Santo Padre sobre la base de las palabras del salmo 9, ya citadas y que conviene no olvidar: “La esperanza de los pobres nunca se frustrará”. La frase tiene una gran actualidad y pone de manifiesto la verdad profunda que procede de la fe, entendida en la clave de esperanza, es decir, de la confianza puesta en Dios que imprime en los corazones esta virtud “teologal” o sobrenatural. No se olvide este aspecto, común a la fe y a la caridad, que hace de las tres virtudes la cumbre de lo que supone el ser cristianos, es decir, hijos de Dios en el Hijo Jesucristo. Ya lo decía san Pablo escribiendo precisamente sobre esas virtudes fundamentales: En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande es el amor” (1 Cor 13,13).

Es precisamente la esperanza, suscitada por la fe y acompañada por la caridad y traducida y proyectada en el amor fraterno, la virtud “estrella” que debe iluminarnos durante el nuevo curso. Con mis mejores deseos para todos los diocesanos:

+Julián López Martín, Obispo de León

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