Opinión

La esencia de nuestra misión: anunciar a Jesucristo

Dentro del proceso que estamos desarrollando como Iglesia con motivo del Congreso Nacional de Laicos ocupan un lugar central cuatro itinerarios: primer anuncio, acompañamiento, procesos formativos y presencia en la vida pública.
El primero de ellos, primer anuncio, expresa la esencia de la misión a la que estamos llamados todos los creyentes y, en particular, los laicos: anunciar a Jesucristo a los hombres y mujeres de hoy, proclamando que Él vive y, como tal, nos ama y nos salva.
En un contexto social como el actual, de aumento de la increencia y de la indiferencia hacia todo lo sagrado y de abandono progresivo de la visión cristiana de la realidad, podemos tener la tentación de replegarnos en nuestras comunidades y en nosotros mismos con el fin de conseguir mantener la fe que hemos recibido. Sin embargo, hemos de tener muy presente que es este el momento histórico que Dios ha pensado para nosotros, es esta la misión que nos ha encomendado, son estos hombres y mujeres a los que somos enviados como Iglesia. La propuesta cristiana sigue siendo necesaria. El primer anuncio, la proclamación del kerigma, constituye una tarea irrenunciable como creyentes, inherente a nuestra condición de bautizados. Renunciar a ella es falsear la dinámica de nuestra fe, traicionar el mandato de nuestro Señor de anunciar el Evangelio por todos los confines de la tierra, fallar a quienes, consciente o inconscientemente, están esperando esa buena noticia liberadora de la persona y humanizadora de la sociedad que es el Evangelio de Jesucristo.

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