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La división de los cristianos es piedra de escándalo y obstáculo para la difusión del Evangelio

ecumenismo

         El Decreto sobre el Ecumenismo del Concilio Vaticano II manifiesta: “La división de los discípulos de Cristo abiertamente repugnan a la voluntad de Cristo y es piedra del escándalo y obstáculo para la causa de difusión del Evangelio por todo el mundo.” Ciertamente, la historia y la realidad actual nos muestra que los cristianos se hallan divididos por ciertas diferencias dogmáticas, disciplinares y litúrgicas, dando lugar a diversas Iglesias: católica, copta, armenia, melquita siria, ortodoxa, luterana, anglicana, calvinista, evangelista y a otras muchas comuniones cristianas, tales como, testigos de Jehová, mormones, metodistas, etc….

Las diferencias de las Iglesias orientales de los coptos, armenios, y melquitas sirios con la Iglesia católica son de origen dogmático, establecidas en los siglos en los siglos IV y V. Versan sobre los misterios de la Trinidad, la filiación divina del Jesús de Nazaret y la maternidad divina de la virgen María.

 Las de la Iglesia ortodoxa griega con la Iglesia católica son fundamentalmente de origen disciplinar al no reconocer aquella el primado del obispo de Roma como jefe universal de la Iglesia y dejando de prestarle obediencia al obispo de Roma, en calidad del sucesor del apóstol Pedro, a partir del siglo XI. Para la Iglesia ortodoxa griega, el Papa es solo“primus inter pares” entre los patriarcas ortodoxos de Constantinopla, (hoy Estambul), Jerusalén, Alejandría y Antioquia.

  Las  de las Iglesias anglicana, luterana y calvinista con la Iglesia católica son de origen dogmático y disciplinar nacidas en el siglo XVI, a raíz de la Reforma Protestante. Consideran a la Biblia como única fuente de fe cristiana, enseñan que la justificación de la persona humana ante Dios es por la sola fe cristiana, rechazan el carácter de sacrificio de la Eucaristía, la transustanciación del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo, las indulgencias, el purgatorio, las imágenes, el culto a los santos y el primado del obispo de Roma sobre la Iglesia.

Posteriormente, estas diferencias de las citadas Iglesias y comuniones cristianas se han aumentado con la Iglesia católica por el dogma de la infalibilidad del obispo de Roma, cuando habla “ex cátedra sobre temas de fe y moral cristianas”, definido en concilio Vaticano I, y por los dogmas de  la Concepción Inmaculada y Asunción de santa María a los cielos, definidos respectivamente por el papa Pío IX en 1854 y por el papa Pío XII en 1950.

  Estas dichas diferencias existentes entre las Iglesias y comuniones cristianas entre sí “abiertamente repugnan a la voluntad de Cristo  y son  piedra de escándalo y obstáculo para la vocación de la difusión del Evangelio por todo el mundo”, porque su voluntad y deseo es: “Que todos los creyentes cristianos sean uno, cómo tú, Padre, estás en mi y yo en ti, para que tambien ellos sea en nosotros, y mundo crea que tú nos has enviado” (Jo 17,21).

 Es más, van en contra el Evangelio, la doctrina de san Pablo, el libro de los Hechos de los Apóstoles y la Tradición primitiva cristiana. San Mateo  escribe en su Evangelio: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos, y todo lo que ates o desates en la tierra será atado y desatado en el cielos” (Mt. 16, 18-20). Jesús de Nazaret edifica su Iglesia sobre la piedra que es el apóstol Pedro y sobre sus sucesores, que son los obispos de Roma, a quienes les da las llaves (el gobierno) del Reino de los Cielos.

 San Pablo manifiesta a los fieles cristianos de Éfeso: “Sed humildes, amables, comprensivos, sobrellevaos mutuamente con amor y esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz, siendo un solo cuerpo y un solo Espíritu, como una sola es la esperanza de la vocación a la que habéis sido llamados, y teniendo un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo y  Dios Padre de todos, que está en todos, actúa por medio de todos y está por todos.”(Eph. 4,4-6). A los fieles de Roma les dice: “Nosotros siendo muchos somos un solo cuerpo en Cristo” (Rom. 12.5)

         El libro de los Hechos de los Apóstoles enseña: “Todos creyentes  perseveraban en oír las instrucciones de los apóstoles, en la comunicación de la fracción del pan y en la oración. Estaban todos llenos de respeto y temor por los mucho prodigios y milagros que los apóstoles hacían en Jerusalén.  Unidos entre sí, todo lo tenía en común. Vendían sus posesiones y bienes y los repartían según las necesidades de cada uno” (Act. 2, 42-45).

 San Ireneo de Lyon (140-202), apoyándose en Papías de Hieriapolis y en Policarpo de Esmirna a quien conoció y oyó siendo joven, escribe: “Dado el rango que la Iglesia romana tiene, fundada y edificada por los apóstoles Pedro y Pablo, todas las iglesias o  todos los fieles de cualquier parte deben estar de acuerdo con ella, porque  siempre se ha conservado en ella la tradición apostólica” (Adv. Haer. III, 3, 2).

Para resolver esta situación lastimosa y escandalosa situación de división entre los cristianos, el Concilio Vaticano II en su Decreto sobre el Ecumenismo, con el deseo de restablecer la unidad entre todos los discípulos de Cristo, propone a todos los católicos los siguientes medios, caminos y formas bajo la acción del Espíritu Santo que es el principio de la  unidad de la Iglesia.:

Primero.-“Eliminar palabras, juicios y actos que no sean conformes, según y justicia y verdad, a la condición de los hermanos separados, y que por tanto pueden hacer más difíciles las mutuas relaciones con ellos”.

Segundo.- Diálogo entablado entre peritos y técnicos en reuniones de cristianos de las diversas Iglesias  y comuniones, y celebradas en espíritu religioso, exponiendo cada uno por su parte con toda profundidad la doctrina de cada comunión y presentando claramente los caracteres de la misma”.

Tercero.- “Reformar la vida de la Iglesia por medio del movimiento bíblico y litúrgico, por la predicación de la palabra de Dios y la catequesis, por la espiritualidad del matrimonio y por la actividad de la Iglesia en el campo social”.

Cuarto.-“Conversión del corazón y la santidad de vida, juntamente con las oraciones privadas y públicas por la unidad de los cristianos”.

Quinto.- “Es preciso que católicos, debidamente preparados, adquieran mejor conocimiento de la doctrina y de la historia  de la vida espiritual y cultural, de la psicología religiosa y de la cultura peculiares de los hermanos”.

Practiquemos, pues, estos medios, caminos y formas que propone el Concilio Vaticano II para que, a la luz del Evangelio y de la tradición de primitiva Iglesia, la tan ansiada unidad de los cristianos y de sus iglesias y comuniones cristianas se realice bajo la luz, amor y acción del Espíritu Santo.

José Barros Guede

A Coruña, a 21 de enero de 2012

 

 

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José Barros Guede

José Barros Guede, sacerdote incardinado en la archidiócesis castrense de España. Fue coronel capellán. Licenciado en Teología y en Derecho Civil. Falleció el día 22-03-2016 en La Coruña a los 77 años.

1 comentario

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  • !Qué problema difícil y complicado! Quizá ni siquiera por parte de los cristianos por sí mismos sino por los obstáculos de peso que a lo largo de la Historia se han ido levantando contra esa unidad. Se necesitará mucho tiempo y buena voluntad por parte de todos para llegar a esa anhelada unidad.
    Sería ya un paso decir “Estamos de acuerdo en el Evangelio”. y a partir de ahí intentar un camino que podría por ejemplo hacer que las varias confesiones celebraran el mismo día los momentos más significativos del Evangelio, por ejemplo, la Navidad, la pasión y muerte de Cristo, la Resurrección.
    Proclamar ésta fiestas comunes y ecuménicas en modo que millones de cristianos de las distintas confesiones oraran juntos por lo mismo y mirando en la misma direción sería un paso. También fomentar los encuentros juveniles interconfesionales, o tranbajar en Proyectos de Caridad comunes en ONG de todos, etc… Existen hoy día muchas desconfianzas, la memoria de las guerras de religión en Europa, los diversos dogmas proclamados por las diversas confesiones..
    ¿Porqué no empezar por pocas cosas y pequeñas e ir construyendo poco a poco y con buena voluntad otras más grandes?

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