Si se callase el ruido

La dignidad en Joan Margarit

En este tiempo de desconfinamiento, en el que vamos poco a poco perdiendo el silencio, es fundamental agarrarnos a la belleza.

En esta adaptación a la nueva realidad, donde necesitamos más que nunca a los otros, la figura del poeta Joan Margarit se me ha vuelto imprescindible. Es imposible entrar en el ruido de cabeza. Vayamos por fases. Cada uno con su desescalada particular. No podemos volver a ser los mismos en relación con el mundo. Pero principalmente es nuestro mundo interior el que reclama un cambio.

Joan Margarit, arquitecto de profesión y catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña (Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona), defiende que, como en su oficio, la poesía también consiste en construir estructuras sólidas. Sus versos se aferran a la solidez de la vida: la dignidad de cada uno, el amor en la familia, el amor inteligente en la madurez, mucho más gratificante que  el enamoramiento; la libertad; el sentido común; la inteligencia; la denuncia de la humillación; el diálogo; la generosidad; la alegría de la cotidianidad; la esperanza, la vida y la muerte inimaginable sin los otros.

El arquitecto, que participa en la construcción de la Sagrada Familia, nos habla en sus escritos desde la experiencia de los días vividos. Desde la sinceridad y la dignidad hecha poesía. A sus 82 años, pertenece a esta generación que ha sufrido tanto con la pandemia. A la generación de los muertos en residencias por el Covid-19, a los que murieron sin sus familiares. Esta generación que es discreta, humilde, luchadora, con ganas de superarse, estoica, que vivió parte de su vida sin plena libertad, que sufrió las consecuencias de una guerra, pero que no se esperaban a estas alturas del camino que llegáramos a ver que un minúsculo bicho nos alejara tanto.

A causa de la pandemia no pudo recibir de manos de S. M. los Reyes, el pasado 23 de abril, el premio Cervantes 2019, el más importante de las letras en español, con el que fue galardonado y que aún no tiene una nueva fecha confirmada para la celebración del acto de entrega.

Para homenajear su figura en un día tan especial, el ministerio de Cultura y Deporte, junto a la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, difundieron un vídeo en el que aparecen diferentes personalidades y amigos que hablan de la importancia de su obra y de su relación personal con este creador.

Uno de ellos, su amigo arquitecto Rafael Moneo, manifestó que «todos sabíamos que aquel joven catedrático de estructuras que te explicaba la asignatura con asombrosa claridad también hacía versos». Pero quizá no sospechaban que era alguien tan bueno.

Margarit escribe en catalán y adapta él mismo sus poemas al castellano. Que no es lo mismo que traducir sin más. Delicado en la vida y en la corrección de sus versos, que aúnan ternura y austeridad.

Para un arquitecto la luz y la precisión en sus proyectos es esencial. Lo mismo que refleja en sus planos, lo traslada a las palabras. Sus poemas tienen esa lucidez de la idea bien expresada y la precisión del lenguaje correcto, minucioso.

Por ello, Joan Margarit no nos ofrece en sus poemas una belleza noña. En sus entrevistas explica que el lenguaje poético no es lo que la gente piensa – dulzón, bobo o pusilánime-: el lenguaje poético “es el más duro de todos”. La poesía debe decir la verdad en pocas líneas. Cuánto más cruel, más directa sea, más llegará al lector. “Por más bello que sea un poema, ha de ser siempre cruel”, sentencia en una de sus frases más inspiradoras.

“El ser humano -explica- vive en un universo cruel y brutal”.  En uno de sus libros más celebrados «Casa de Misericordia» plantea la poesía, precisamente, como refugio frente a la intemperie moral. Y esta intemperie moral nos alcanza a todos: pérdidas, errores, ambiciones, catástrofes personales, la muerte de un ser querido, sentirse abandonado…Margarit defiende la poesía como una «herramienta para la vida» y como la «antesala de la verdad».

Y en su último libro “Amar es dónde” nos interpela con estos versos:

La vida se alimenta de días generosos.
De dar y proteger.
Si se ha podido dar, la muerte es otra.

Ojalá se pueda celebrar pronto el acto del Premio Cervantes y nos podamos deleitar con la belleza descarnada de sus palabras, con su sabiduría, su sonrisa y su sosiego. Ojalá, sin que pase mucho tiempo, me conceda una entrevista.

Cristina del Olmo/ @olmocris

18 de junio 2020

 

 

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