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Opinión

La desconocida Iglesia, por Alfonso María Flechel

La desconocida Iglesia, por Alfonso María Flechel

Curiosamente la Iglesia está en boca de muchos… pero para mal. Por desgracia cada vez se conoce menos a la Iglesia ‘por dentro’. Mucha gente solo sabe de ella por lo que dicen los medios de comunicación, que suele ser casi siempre peyorativo salvo en algunos muy concretos. Muchos no tienen ni idea de lo que es la Iglesia y arremeten, sin más, contra ella. Solo se la conoce desde fuera y por lo que dicen otros. Hay que meterse dentro para conocer la belleza que encierra.

¿Conocéis alguna institución que después de dos mil años pueda presentar una inmensidad de gente que ha sido verdaderamente ejemplar a través de toda su vida, desviviéndose por los demás, compartiendo penas y alegrías y hasta su propia existencia? Ahí están los incontables millones de hombres y mujeres ejemplares, con historia comprobada, que ninguna otra institución puede presentar.

¿Hay fallos? Muchos. El Papa Francisco no se cansa de repetir que somos pecadores y que se avergüenza de muchas cosas mal hechas en la Iglesia. Y no cesa de pedir perdón. Hasta el propio Cristo tuvo un traidor, que había sido escogido por él. La Iglesia está compuesta por todos los bautizados y, por lo mismo, todos y cada uno somos responsables del rostro externo de ella, bueno o malo. Nosotros somos su reflejo.

Muchos creen que la Iglesia es solo la jerarquía, es decir, el Papa y obispos. Ni mucho menos. Ellos animan el espíritu y velan por la institución que fundó Jesucristo, porque el propio Jesús dijo a Pedro que ‘confirmara en la fe a sus hermanos’, que nos cuidaran para que no nos dispersáramos. La institución eclesial es absolutamente necesaria para trasmitir y conservar la fe auténtica, el evangelio que es la buena noticia, y el conocimiento de Jesucristo. Por eso fue instituida por Él. Alguien ha dicho que lo que no se instituye, se prostituye. ¿Puede una institución tan seria como la Iglesia admitir que cada uno haga lo que le venga en gana aunque sea una aberración? ¿Puede admitir que cada uno crea lo que se le antoje? Eso sería un caos. Bastante dolor de siglos llevamos también con los ‘hermanos separados’.

Mesías solo hubo uno: Jesucristo. Y dejó muy clara su posición: ‘Que todos sean uno como el Padre y yo somos uno’. Desgraciadamente la respuesta de algunos ha sido la aparición de ‘micromesías’ – perdón por el palabro – que interpretan a Cristo como se les antoja. Es escandaloso que no estemos todos unidos en Cristo ‘en un solo rebaño y un solo pastor’. Su rebaño es la Iglesia, y es imposible poder tener a Dios por Padre, si no tenemos a la Iglesia por Madre.

Vivamos la Iglesia desde dentro. En nuestras parroquias y comunidades donde se reparte la gracia de Dios, su perdón y su alegría; donde se aprende a amar a los demás y se comparten los bienes con los necesitados. Ahora mismo, sin meter ruido, la Iglesia está ayudando eficazmente a los parados. Os invito a todos a entrar en la Iglesia para conocerla en su realidad actual y no a través de cuatro tópicos de algunos medios de comunicación, a los que realmente no sé por qué les alienta el rencor. La Iglesia es madre y tiene sus puertas abiertas. Los que tengáis dudas o recelos haced un intento de entrar en ella para que os deje de ser una desconocida. Los que estamos dentro os recibimos con un abrazo sincero.

 

Alfonso Mª Frechel Merino

                                                               Canciller del Obispado de Segovia



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