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Opinión

La cultura del descarte, por José-Román Flecha

La cultura del descarte, por José-Román Flecha Andrés en “Diario de León” (24-8-2013)

En la Jornada Mundial del Medio Ambiente de este año 2013, las Naciones Unidas lanzaron un fuerte llamamiento a eliminar el desperdicio y la destrucción de los alimentos. A esa campaña se unió también el Papa Francisco en su audiencia del día 5 de junio. También él denunció esta “cultura del descarte” que hoy contagia a todos.

Su reflexión fue más allá de las cosas para recordarnos que en nuestra sociedad también las personas son descartadas como si fueran residuos. Según el Papa, en nuestras sociedades “las personas son descartadas como si fueran residuos… La vida humana, la persona, ya no es percibida como valor primario que hay que respetar y tutelar”.

Tras esta llamada de atención,  añadía  que “esta cultura del descarte nos ha hecho insensibles también al derroche y al desperdicio de alimentos, cosa aun más deplorable cuando en cualquier lugar del mundo, lamentablemente, muchas personas y familias sufren hambre y malnutrición”.

Si en otro tiempo, los padres y los abuelos cuidaban de que no se tirara nada de la comida sobrante, el consumismo nos ha habituado al desperdicio diario de alimentos. Muchos dirán que no puede ser de otra manera. Las leyes están para tutelar la salud de los ciudadanos. Por eso no es fácil entregar a otros los alimentos que no se han consumido en un banquete. Pero habrá que preguntarse si son lícitos muchos de nuestros banquetes.

Consideramos como normal el uso de lo superfluo. Tenemos demasiadas cosas. Nos hemos acostumbrado al derroche y con tranquilidad tiramos a la basura vestidos y juguetes,  pero también las sobras de las comidas.

Pues bien, el Papa afirma que “el alimento que se desecha es como si se robara de la mesa del pobre, de quien tiene hambre”. En el evangelio de la multiplicación de los panes y los peces, se añade que “comieron todos y se saciaron, y recogieron lo que les había sobrado: doce cestos”. Jesús pide a sus discípulos que nada se desprecie.

Ese número simbólico de doce no sólo se refiere a las doce tribus de Israel.  Es también una referencia al destino universal de los bienes. Así lo comenta el Papa “Cuando el alimento se comparte, nadie carece de lo necesario, cada comunidad puede ir al encuentro de las necesidades de los más pobres”.

Cultivar, producir, consumir y compartir. Seguramente los problemas inherentes a esa cadena se han visto aumentados en los últimos tiempos. La globalización de la producción de alimentos, del comercio y de los servicios de distribución facilita unos procesos y complica otros muchos.

Es un escándalo que el hambre y los desperdicios convivan en el mundo. Todos sabemos que la solución a esta injusticia no es fácil. De todas formas, no podemos permanecer indiferentes. Habrá que pensar en nuevas soluciones para los nuevos problemas. La solidaridad y el reparto justo de los bienes de la tierra son ideales imprescindibles si queremos vivir en un mundo más humano.

José-Román Flecha Andrés



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