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La Cuaresma: escuela de conversión, por Eusebio Hernández Sola, obispo de Tarazona

LA CUARESMA: ESCUELA DE CONVERSIÓN

Queridos hermanos y amigos: Quiero seguir meditando hoy con vosotros las propuestas que el Papa nos hace en su mensaje para esta Cuaresma. En su tercera propuesta para este tiempo nos dice:

Y, en tercer lugar, el sufrimiento del otro constituye una llamada a la conversión, porque la necesidad del hermano me recuerda la fragilidad de mi vida, mi dependencia de Dios y de los hermanos. Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos.

El tiempo de Cuaresma se presenta como un tiempo propicio para escuchar la voz de Dios que nos invita a la conversión, precisamente con estas palabras comenzábamos nuestro camino cuaresmal cuando imponían la ceniza sobre nuestra cabeza: Conviértete y cree en el Evangelio.

A veces hemos podido pensar que la conversión es un acto voluntarista con el que intentamos cambiar de vida o de mentalidad, como si sólo dependiera de nosotros; pero, la conversión, como todo en la vida cristiana, es una iniciativa que viene de Dios, Él es el que sale a nuestro encuentro.

La conversión es, por lo tanto, descubrir el amor de Dios en nuestras vidas. Es como nos dice el Papa en su mensaje de esta Cuaresma descubrir que Él: Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada uno de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede.

Cuando descubrimos esta búsqueda contínua de Dios hacia nosotros y abrimos con confianza nuestro corazón a Él, podemos decir que algo se transforma en nuestras vidas, algo cambia, en definitiva, nuestro corazón se convierte. Es decir, la conversión, no es otra cosa que haber descubierto el amor de Dios en nuestras vidas. Si Él nos ha amado así, nuestra respuesta es responder con amor, hacia Dios y hacia los hermanos.

El papa Francisco señala especialmente para esta Cuaresma la necesidad de desterrar de nosotros la indiferencia hacia los demás. Ésta debe ser la actitud de conversión que necesitamos actualizar en esta Cuaresma; es lo que debemos pedir al Señor en nuestra oración: Tú, Señor, que no eres indiferente a nuestros sufrimientos y que siempre nos buscas para darnos tu amor, no permitas que seamos indiferentes frente a los males que afectan a nuestros hermanos; ensancha mi corazón en tu amor.

Que cada uno individualmente y cada comunidad sepamos oír la voz de Dios que no se cansa de llamarnos a la conversión y fortalecidos por Él buscar los signos que necesitamos realizar para manifestar que no somos indiferentes ante las dificultades y los problemas de nuestros hermanos.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR

Obispo de Tarazona

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