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La crisis del COVID-19, oportunidad para construir un mundo mejor

«Esta crisis es para nosotros, y para todos los pueblos, una oportunidad que no hay que perder para imaginar un mundo mejor». Son palabras del prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral (DSDHI), cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, quien ha comparecido hoy en rueda de prensa junto a otros responsables de este mismo departamento y del secretario general de Cáritas Internacional, para explicar la acción de la Iglesia en esta crisis.

El purpurado ghanés ha enfatizado que lo que empezó «como un problema de salud» ha acabado convirtiéndose en una crisis mundial que «ha afectado drásticamente a la economía, al trabajo, al empleo, a los estilos de vida, a la seguridad alimentaria, al papel primordial de la inteligencia artificial y la seguridad en Internet, a la política (…), a la investigación y las patentes. Casi ningún aspecto de la vida y la cultura humanas ha quedado intacto», lo que ilustra —señala— la enseñanza del Papa Francisco en la Laudato sì de que «todo está interconectado».

Turkson ha explicado los grupos de trabajo que integran la Comisión COVID-19 del Vaticano, creada hace unas semanas para atender la incidencia de la pandemia en el mundo, y ha dicho que se espera que este organismo tenga una duración de un año. Ha reconocido asimismo que el Papa les ha pedido que trabajen para preparar el futuro, anticipándolo.

Salud y solidaridad, pilares de la economía

El Prefecto ha estado acompañado por el secretario general y el secretario adjunto del Dicasterio —Bruno Marie Duffé y Augusto Zampini-Davies, respectivamente—y por el secretario general de Cáritas Internacional, Aloysius John.

Monseñor Duffé ha constatado que esta crisis ha mostrado nuestra vulnerabilidad física, política, ideológica y económica. «No podemos seguir creyendo que todos somos poderosos e inmunes frente a los desórdenes naturales y climáticos. (…) La pandemia ha puesto de manifiesto nuestro déficit a la hora de pensar, de anticipar la crisis y el déficit de inversión en equipos sanitarios y de prevención». En su opinión, se han de compartir los medios «para salvar vidas, sin discriminación alguna», siendo la base de actuación la idea de que «somos una sola familia humana». «Hasta ahora —ha dicho— hemos considerado la salud como un mero instrumento para producir cada vez más, en la lógica de miopes intereses creados. Hoy estamos redescubriendo la salud y la solidaridad como condiciones y pilares de nuestra economía».

Zampini-Davies, por su parte, ha advertido de lo que se nos viene encima, pues el coronavirus está aumentando los problemas relacionados con la alimentación. «Nos enfrentamos —ha advertido— a un grave riesgo en materia de seguridad alimentaria. La crisis alimentaria causa hambre, el hambre afecta a las personas más pobres y aumenta la inseguridad. La inseguridad conducirá a la violencia y a más conflictos, lo que su vez causará más pobreza». El sacerdote argentino ha recordado que, según el Programa Mundial de Alimentos, 370 millones de niños podrían haberse quedado sin la única comida que perciben al día a causa del cierre de las escuelas provocado por el COVID.

¿Qué se puede hacer para frenar esta espiral? Entre otras cosas, dice, «impulsar el desvío de fondos de las armas a los alimentos» y desarrollar medidas laborales de emergencia para quienes trabajan en el sector agrícola. A título individual, insiste, debemos reducir el desperdicio de alimentos y empezar a cambiar nuestra dieta. «La COVID ha demostrado que no necesitamos tantas cosas como pensamos. Podemos ser más con menos».

Cáritas Internacional atiende ya a diez millones de personas

Si la magnitud de la crisis causada por la pandemia está aún lejos de poder cuantificarse, algunas instituciones ya pueden poner números. Es el caso de Cáritas Internacional, que está atendiendo ya a casi diez millones de personas en todo el mundo: 7,8 millones a través del Fondo de Respuesta para la COVID-19, y 1,9 millones a través de la ayuda que las Cáritas nacionales prestan a otras Cáritas y a sus colaboradores locales.

La organización eclesial, según ha explicado su secretario general, ha financiado y aprobado hasta ahora 14 proyectos, que permiten ayudar a miles de familias con asistencia humanitaria básica, kits de higiene, jabón, pañales, ayuda al alquiler, e información sobre cómo protegerse. Pero la falta de recursos en el Fondo de Respuesta ha impedido aprobar aún otros 18, que permitirían llegar hasta otras 840.000 que se hallan en graves dificultades. «Es el caso, por ejemplo, de Sudáfrica, donde la Cáritas nacional no tiene suficientes alimentos para distribuir a los miles de inmigrantes que hacen cola delante de sus oficinas todos los días porque no tienen nada de qué vivir», ha dicho.

Aloysius John ha reclamado a la comunidad internacional que levante las sanciones económicas que pesan sobre Irán, Líbano, Siria, Libia y Venezuela, para que las poblaciones de estos países puedan tener garantizada la llegada de ayuda. Y demanda también que se cancele la deuda de los países más pobres o, al menos, el pago de los intereses de la deuda para este año.

«En este momento dramático —concluye— toda la humanidad debe unirse en solidaridad ante esta trágica pandemia».

 

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