Internacional

“La corrupción es el pecado de nuestra época”, advierten los obispos colombianos

“La corrupción es el pecado de nuestra época”, advierten los obispos colombianos

Así advierte el episcopado colombiano en un mensaje dirigido al pueblo creyente en el marco de la conmemoración del Día Internacional de Lucha contra la corrupción.”

En el mensaje, firmado por el presidente del episcopado, monseñor Luis Augusto Castro Quiroga, se recuerda que la corrupción es el resultado de la “progresiva erosión de los valores éticos fundamentales”.

“La corrupción es producto de una mentalidad materialista que, subvirtiendo el orden moral, considera el dinero como valor absoluto y primordial de la vida”, señala el mensaje.

Los obispos lamentan que en el país la corrupción no ha podido ser superada y que por ello se pone en riesgo la estabilidad institucional, la armonía social y la construcción de la paz. En este mismo sentido, calificaron como “doloroso” que Colombia se encuentre ubicado entre los países de más alta corrupción a nivel mundial, según lo reporta el Índice de Percepción de la Corrupción.

Además de la corrupción en esferas políticas, los prelados, advierten que hay una corrupción en la vida privada. “Pagar para ser privilegiado y tratado en forma preferencial es también un acto de corrupción y es una forma de dañar la credibilidad en las normas y en la estructura social.”, señala el mensaje.

Finalmente, los obispos recuerdan los grandes desafíos que tiene el acceso a la justicia debido a los “graves problemas de impunidad”. En este marco, hacen un llamado a todos los colombianos a luchar contra el relativismo moral que favorece la cultura de la ilegalidad.

El 31 de octubre de 2003, Asamblea General de las Naciones Unidas  decidió que, a fin de aumentar la sensibilización respecto de la corrupción, así como del papel que puede desempeñar la Convención para combatirla y prevenirla, se proclame el 9 de diciembre Día Internacional contra la Corrupción.

Aquí el texto completo del mensaje.

MENSAJE DEL PRESIDENTE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL SOBRE LA CORRUPCIÓN

Bogotá D.C., 9 de diciembre de 2015

En nombre del episcopado colombiano y con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de lucha contra la
corrupción, deseo hacer un llamado a todos los colombianos a tomar conciencia acerca del papel que cada uno tenemos para hacer de nuestra patria una nación digna y transparente.


1.Como ya lo hemos señalado en ocasiones anteriores, la corrupción es, sin duda, resultado de la progresiva erosión de los valores éticos fundamentales: de la honestidad, de la transparencia y de la primacía del bien común sobre el bien individual.  Es producto de una mentalidad materialista que, subvirtiendo el orden moral, considera el dinero como valor absoluto y primordial de la vida (Cfr. Comunicado de la Comisión Permanente, 18 de Abril de 2013).  La avaricia y la sed incontrolada de ganancia personal están en la raíz de la corrupción; podemos decir que este es el pecado de nuestra época.

2.Los Obispos de Colombia vemos con preocupación el hecho de que el país no ha logrado superar los graves fenómenos de corrupción que se dan a todos los niveles que ponen en riesgo la estabilidad institucional, la armonía social y la construcción de la paz.  Si bien reconocemos los esfuerzos que se adelantan desde algunos sectores de la vida pública y privada, es doloroso saber que Colombia, según el Índice de Percepción de la Corrupción, se encuentra entre los países de más alta corrupción a nivel mundial, lo cual influye negativamente, no sólo en un debilitamiento de la democracia, sino en un deterioro de la imagen del país a nivel internacional.

3.Reiteramos que la corrupción afecta en forma particular las inversiones públicas en favor de los más necesitados.  Esto significa que para llegar a la meta de ser un país más equitativo se requiere compromiso político de todos los sectores en particular de quienes tienen el deber de asegurar que se administren correctamente los dineros destinados a garantizar acceso al agua, la salud, el alimento, la educación de poblaciones que viven en lugares donde la presencia del Estado ha sido débil históricamente.

4.La corrupción no es un fenómeno exclusivo de los sectores con responsabilidad política.  Hay una corrupción profundamente destructiva que se ejerce en la vida privada, en la manera como se tiene acceso a servicios públicos y bienes comunes por medio de sobornos y de prebendas a quienes tendrían que garantizar la igualdad de todos.  Pagar para ser privilegiado y tratado en forma preferencial es también un acto de corrupción y es una forma de dañar la credibilidad en las normas y en la estructura social.

5.El acceso al sistema de justicia tiene enormes desafíos en nuestro país.  Todos nos quejamos de los graves problemas de impunidad existentes pero es muy poco lo que hacemos para que se adopten las medidas necesarias para garantizar que los jueces y magistrados puedan fallar en forma independiente, sin presiones y bajo la guía de los principios de la dignidad humana y el reconocimiento de los derechos de las víctimas.

6.Hacemos un llamado a todos nuestros compatriotas para luchar contra el relativismo moral imperante que, entre otras cosas, favorece una degradante “cultura de la ilegalidad” a todo nivel, bien sea mediante el permisivismo, la colaboración e incluso mediante la normalización del fenómeno de la violación de las normas jurídicas, de las
normas sociales y hasta de los principios éticos que sostienen la supervivencia social.

Imploramos del Señor Jesús, Camino, Verdad y Vida, la bendición apostólica sobre todos aquellos que en su diario vivir y a pesar del ambiente adverso, se preocupan por mantener una conducta irreprochable, digna de verdaderos ciudadanos.

+ Luis Augusto Castro Quiroga
Arzobispo de Tunja
Presidente de la Conferencia Episcopal

Fuente: Conferencia Episcopal de Colombia

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