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Opinión

La conversión de San Pablo

La conversión de San Pablo, por Fidel García Martínez

La conversión de San Pablo, el apóstol y pedagogo de las gentes, supone un antes y un después para la rápida extensión del Kerigma Cristiano por el imperio Romano, incluida Hispania. Afirmar que San Pablo es el inventor del Cristianismo es una de las necedades que aún se repiten en ciertos ambientes anticristianos; son fruto tanto de la ignorancia como del sectarismo.

Ha sido Josef Holzner en su insuperable San Pablo Heraldo de Cristo, quien mejor ha analizado la personalidad y los viajes apostólicos del gran apóstol; columna y fundamento con San Pedro y los demás apóstoles de la Iglesia de Cristo. Uno de los momentos de la vida de San Pablo que más han sido analizado es el de su conversión en el camino de Damasco: de intolerante perseguidor de Cristo en sus discípulos, a su más intenso defensor hasta el martirio por la espada por ser ciudadano romano.

La crítica incrédula ha intentado explicarla con las más ridículas teorías psicológicas, sociológicas e incluso, religiosas. Para Josef Holzner la conversión fue una experiencia pascual, un encuentro con el Resucitado. Un prodigioso combate entre el Creador y la criatura. La conversión de San Pablo no fue el resultado de una situación histórica y psíquica. Es el impenetrable misterio de la gracia y la libertad. Como afirma San Agustín, quien de conversión sabía mucho: La gracia lo derrumbó al suelo y lo levanto; los hirió y lo curó.

Fidel García Martínez

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