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La Congregación de las Hijas de Jesús cumple 150 años: «Agradecer y profundizar nuestra identidad»

«Quiero convocar e invitar a vivir el año de gracia que se nos ofrece: la celebración de los 150 años de vida de la Congregación de las Hijas de Jesús, que comenzará el próximo 8 de diciembre y finalizará el 8 de diciembre de 2021». Con estas palabras la superiora general, Graciela Francovig, convoca un Año Jubilar asegurando que «es una gran oportunidad para permitir que el Señor trabaje nuestra conversión». «Pedimos la gracia de ser renovados por su Espíritu. Deseamos agradecer lo recibido, descubrir la fecundidad de estos 150 años y profundizar en nuestra identidad», afirma ante un 8 de diciembre diferente.
A través de un vídeo-mensaje, la superiora general, de origen argentino, indica que durante este Año Jubilar, bajo el lema «Un Carisma vivo, un Camino compartido», «queremos ofrecer un nuevo rostro del carisma: en la Casa Común, en nuestra misión, con migrantes y refugiados, en la pastoral con jóvenes… Reconocer y agradecer la herencia carismática que hoy compartimos con todos los que formamos la Familia Madre Cándida».

Una ceremonia de agradecimiento

El obispo de Salamanca, Carlos López, será quien presida, el 8 de diciembre a las 18.00 horas, la Eucaristía que da comienzo a este Año Jubilar, precisamente en la capilla del Colegio Mayor Montellano, lugar donde falleció la fundadora, Cándida María de Jesús. Esta Eucaristía, retransmitida por el canal de Youtube de la Congregación viene precedida, el día 7 de diciembre, por una Vigilia de oración que ayudará a toda la Familia Madre Cándida a sentirse en comunión con la Iglesia en esta celebración tan marcada en todo el mundo por la pandemia de la covid.

La confianza de que «Dios lo quiere»

Las Hijas de Jesús fueron fundadas en Salamanca el 8 de diciembre de 1871 por Cándida María de Jesús, nacida en Andoain (Guipúzcoa-España) el 31 de mayo de 1845. Con poca cultura y escasos medios materiales va a iniciar esta obra en Salamanca, una de las ciudades universitarias más importantes del siglo XIX, con cinco compañeras y la sola confianza de que «Dios lo quiere». La exclusión de la mujer y de las clases económicamente débiles de los ámbitos de la educación mueve a la Madre Cándida a iniciar este camino. Y, muy pronto, lo que comenzó en Salamanca, se extiende por toda la geografía española. El 3 de octubre de 1911 salen las primeras Hijas de Jesús para Brasil, haciendo realidad su sueño: «Al fin del mundo iría yo en busca de almas». La Madre Cándida muere en Salamanca el 9 de agosto de 1912. La iglesia la beatifica el 12 de mayo de 1996 y Benedicto XVI la proclama santa el 17 de octubre de 2010. El carisma que recibió se sigue proyectando 150 años después, en la educación formal e informal, acompañamiento a los más desfavorecidos, refugiados, migrantes, evangelización y catequesis, ejercicios espirituales,… en diecisiete países.

¿Quiénes son las Hijas de Jesús?

Las Hijas de Jesús son una Congregación de religiosas que han llegado a encontrarse por caminos diversos. Diferentes por origen familiar, por cultura, gustos y edades, tienen, sin embargo, algo que les une: desean seguir a Jesús en respuesta a una llamada que cambió su vida y que ha ido transformando su manera de entender toda la realidad. Ser Hijas de Jesús (FI, Filiae Iesu) es, ante todo, vivir a Dios como Padre y a Jesús como referente de vida, contemplar la vida con su mirada, intentar vivir como Él vivió, tratar a la gente como Él la trató, escuchar, perdonar y levantar a las personas como Él lo hizo, buscar el Reino con pasión y que se cumpla lo que Dios-Padre quiere para este mundo, su sueño sobre la humanidad.

Esta familia religiosa se siente especialmente llamada a vivir en una actitud filial hacia Dios como Padre, caracterizada por la confianza, la seguridad en su amor incondicional, la alabanza. Ese rostro de Dios que contemplan les invita a la fraternidad con todos, la gratuidad, la sencillez y la alegría.

Ser Hijas de Jesús es estar dispuestas para ir a los pueblos o grupos humanos más necesitados de educación en cualquier parte del mundo, allí donde puedan promover la gloria de Dios y el bien del prójimo por encima de su propio bienestar. Es insertarse con actitud fraterna y dialogante en cualquier cultura, compartir con todas las personas la humanidad que es común, acoger los límites personales y los límites ajenos, sentir la necesidad de dar de lo suyo y recibir de los demás.

María ocupa un puesto especial en su vida de fe. Ella es la madre, la compañera, la estrella que orienta en el camino, la creyente que proclama las grandes obras de Dios realizadas en los pobres y pequeños, la discípula que enseña cada día cómo permanecer en el seguimiento de Jesús.

La comunidad local es el espacio que se les ofrece como don de Dios para vivir en lo concreto su experiencia. Es un lugar donde se comparte, se ora, se renueva la llamada y la misión común, se alcanzan fuerzas en la contemplación de lo que sucede cada día y en la ayuda mutua. Es, a la vez, una casa abierta para quienes desean un momento de oración, de intercambio, de búsqueda conjunta o de sosiego.

De este modo esta congregación, que gusta definirse como un solo cuerpo disperso por la misión en distintas partes del mundo, vive y palpita en cada grupo de Hijas de Jesús convocadas, precisamente para la misión, en una comunidad local.

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