Internacional

La comunión anglicana no aprueba la ordenación episcopal de mujeres

No habrá obispas en la Iglesia de Inglaterra por unos cuantos años más. La propuesta de compromiso para que las mujeres sacerdotes puedan acceder al obispado ha sido derrotada por el más pequeño de los márgenes: necesitaba el apoyo de dos tercios de cada uno de los tres colegios que componen el sínodo (obispos, clérigos y laicos), pero solo ha obtenido 132 votos a favor entre los laicos, con 74 votos en contra.Es decir, el 64% de los votos. Si cuatro de los laicos que votaron en contra lo hubieran hecho a favor, la propuesta habría sido aprobada, aunque hubiera quedado pendiente de una segunda votación.

La decisión se ha tomado después de varias horas de debate en el sínodo general de la Iglesia de Inglaterra, con algo más de un centenar de intervenciones a favor o en contra de la ordenación de obispas. Tanto el actual arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, como su nombrado sucesor, Justin Welby, intervinieron para pedir el voto a favor de la ordenación de mujeres obispos pero también para pedir comprensión entre los dos bandos.

Aunque en los días previos al voto de esta tarde no se han vivido las tensiones y las protestas públicas que rodearon en 1992 la aprobación de la incorporación de las mujeres al sacerdocio, los anglicanos llevan años divididos en torno a la cuestión de las obispas. Incluso desde el parlamento se habían lanzado en los últimos días advertencias, casi amenazas, sobre las consecuencias de un voto negativo. Las amenazas no son gratuitas: la Iglesia de Inglaterra tiene poder para dictar sus propias leyes y el sínodo es en la práctica como un parlamento. Pero es Westminster quien acaba sancionando esas leyes antes de someterlas a la firma de la reina.

La propuesta no ha encontrado problemas para lograr el visto bueno entre obispos y clérigos

Ahora, con el debate paralizado para quizás 10 años, se abre otro debate: la composición del colegio de laicos, que se elige de forma indirecta y la barrera de dos tercios que se exige para aprobar el cambio. No ha habido problemas para superar esa barrera entre los obispos (44 a favor, tres en contra y dos abstenciones) ni en el colegio de clérigos (148 a favor y 45 en contra).Para los tradicionalistas, y en especial para los anglo-católicos y los evangelistas, aceptar la existencia de mujeres sacerdotes fue en su día un paso muy difícil pero en cierto modo aceptable en la medida de que podían ignorar su existencia. El compromiso sobre las obispas, que les permitía pedir en sus parroquias que su eventual obispa delegue en un varón, ha resultado insuficiente para ellos porque las obispas hubieran tenido autoridad para ordenar nuevos sacerdotes, algo que consideran simplemente inconcebible.

Consciente de esas divisiones, Justin Welby, ha intervenido a primera hora de la tarde para pedir el voto a favor de permitir a las mujeres el acceso al obispado, pero también para pedir que eso no sea un motivo de división y enfrentamiento entre quienes están a favor y quienes se oponen. “No podemos caer en la trampa de creer que esta es una decisión de suma cero, que lo que uno gana lo pierde otro: esa no es la teología de la gracia”, dijo. Y puso especial énfasis en la necesidad de que la Iglesia de Inglaterra demuestre que es capaz de “gestionar la diversidad de visiones sin división; diversidad en concordia, no diversidad en antagonismo”.

“Personalmente estoy profundamente comprometido, y creo que también lo están mis compañeros obispos, en asegurar, en la medida en que yo sea capaz, que lo que prometemos ahora aquí y después en el Código de Conducta, se ponga en práctica de buena fe tanto en el espíritu como en la letra”, añadió.

Cuatro sufragios más en el colegio de laicos hubieran bastado para su aprobación

Antiguo ejecutivo de empresa y comprometido personalmente en la mediación en conflictos, el futuro arzobispo de Canterbury ha recordado a los congregados: “Mientras nosotros estamos aquí hablando, en este mismo momento, en lugares como Israel y Gaza o como Goma, en [República Democrática de] Congo, hay matanzas y sufrimiento porque la gente no puede superar sus diferencias. Nosotros, cristianos, somos los que llevamos la paz y la gracia como un tesoro por el mundo. Tenemos que ser nosotros quienes aportemos una forma mejor de hacer las cosas, quienes acarreemos ese tesoro de forma visible y lo distribuyamos con generosidad”.

La fórmula elegida para permitir a las mujeres sacerdotes el acceso al obispado era un compromiso que no satisfacía a casi nadie, pero probablemente el único posible en estos momentos. En síntesis, consistía en que las mujeres pudieran ser obispas pero aquellas parroquias que consideran eso inaceptable por sus posiciones tradicionalistas en la interpretación del evangelio pudieran ser atendidos por un obispo varón si así lo deseaban. Una forma de crear obispas que rompía el principio de igualdad hombre-mujer pero que al menos abría el paso al obispado femenino.

Para sus defensores, el obispado femenino es la lógica consecuencia del camino que la Iglesia de Inglaterra empezó a labrar hace más de 40 años, cuando empezaron los debates sobre la incorporación de la mujer al sacerdocio. Los primeros debates, en los años sesenta, dieron un paso de gigante cuando en 1975 el sínodo anglicano aceptó el principio de que “no hay objeciones fundamentales” para la ordenación de mujeres y luego, en 1978, cuando aprobó un documento para empezar a discutir los cambios legislativos necesarios.

En 1985 se aprobó la legislación necesaria para que las mujeres pudieran ser diáconos, pero hasta el 11 de noviembre de 1992 no se dio la luz verde al sacerdocio femenino. La primera mujer sacerdote fue ordenada en la catedral de Bristol el 12 de marzo de 1994. Quedó entonces abierta la batalla por el obispado. Y sigue abierta.

 

Fuente: El País

 

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