Edificio de los escolapios en Albacete
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La comunidad de escolapios deja hoy Albacete pero la obra continúa

La comunidad de religiosos escolapios deja, a partir de hoy Albacete, según ha informado la diócesis. Sin embargo, los religiosos seguirán acompañando la obra educativa y evangelizadora del colegio. «Creo que mucha gente lo sentirá porque muchas generaciones se han educado en las Escuelas Pías de Albacete», quien lo afirma es Paco Molina, escolapio originario de Albacete. Trabajó 16 años como religioso en este colegio y ahora es miembro del Secretariado de Obras Educativas de la provincia de Betania de los Escolapios, a la que pertenece el centro.

«En una ciudad pequeña igual se nota más que en una ciudad grande. Fui alumno de aquí y me da pena tomar esta decisión, que se ha hecho con discreción pero sin secretismo», explica. El profesorado del centro ya estaba informado con antelación de la necesidad de abandonar la comunidad de religiosos.

Aun así, insiste en que el colegio continuará ligado a los escolapios. «Seguiremos respaldando la obra y vendremos por aquí todo lo necesario, porque no haya religiosos, el espíritu no tiene que perderse», apunta. La confianza se deposita en aquellos laicos, que también desde su fe y su vocación, asumen, se identifican y se corresponsabilizan del carisma escolapio, y serán ellos los garantes de una obra que comenzó de la nada en 1924.

Una presencia de 96 años

Fue en el año 1924 cuando los primeros escolapios llegaron a la ciudad de Albacete. Se establecieron en un edificio de la calle Carlos IV (actual Dionisio Guardiola, sede de la Policía Nacional) y allí comenzaron el desempeño de la misión educativa y pastoral de las Escuelas Pías.

Acabada la guerra civil, el 29 de julio de 1939, una comunidad de religiosos regresó a Albacete y pusieron en marcha la vida escolar, que ininterrumpidamente se mantiene hasta el día de hoy en nuestra capital.

La orden de los Escolapios tiene su origen en Roma con san José de Calasanz (S. XVII). Su carisma es educar y evangelizar, desde primera infancia, preferentemente a los que más lo necesiten. Su opción fundamental es contribuir a la formación integral de la persona y a la transformación de la sociedad, así como participar en la vida evangélica de la Iglesia misma.

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