Carta del Obispo Iglesia en España

“La comunicación, acontecimiento y encuentro personal, por Julián Barrio Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela

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Carta Pastoral en la “Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales” 2014

“La comunicación, acontecimiento y encuentro personal, por Julián Barrio Barrio, arzobispo de Santiago de Compostela

Este domingo, Festividad de la Ascensión del Señor, la Iglesia celebra su “XLVIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales”, una iniciativa que surgió después del Concilio Vaticano II y que es una manifestación del interés de la Iglesia por el fenómeno mediático. En esta ocasión, el lema elegido para reflexionar es “La comunicación al servicio de una auténtica cultura del encuentro”. No vivimos aislados. En la entraña misma de nuestra condición antropológica de personas y de creaturas de Dios radica un deseo permanente de comunicarse y de relacionarse con el otro. Es como un reflejo de la belleza esencial del Dios Trinitario, en el que la comunicación de las tres Personas divinas nos sitúa en la perspectiva de lo que ha de ser la dimensión relacional del ser humano.

Pero, como ha dicho el papa Francisco en su mensaje para esta jornada, “el mundo de la comunicación puede ayudarnos a crecer o, por el contrario, a desorientarnos”. De ahí la urgencia de contribuir entre todos a establecer una auténtica “cultura del encuentro” en el amplio campo de la comunicación y la difusión, pues “el deseo de conexión digital puede terminar por aislarnos de nuestro prójimo, de las personas que tenemos al lado”, como nos advierte el Papa. Peregrinar por el camino de la comunicación es acoger y escuchar, dar y recibir, ser capaz de hacer silencio para atender las íntimas demandas de todos los que caminan a nuestro lado. Estas son los pasos para llegar a la meta de la cultura del encuentro.

El complejo mundo de la comunicación y de los medios con sus estructuras es un universo cambiante, en el que las posibilidades de una tecnología siempre actualizada abren dimensiones hasta hace bien poco ni siquiera imaginadas. En nuestras familias, los hijos son ya “nativos digitales, expertos conocedores de las nuevas tecnologías, y los padres, inmigrantes digitales que viven en un continuo esfuerzo de adaptación”, como observan los Obispos españoles de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social en su mensaje para esta jornada.

Estamos en un tiempo de indudable aceleración histórica. Lo nuevo hoy se hace anticuado por la novedad de mañana. Pero las necesidades básicas, vitales, existenciales, de todo hombre y mujer permanecen inalterables. “No basta”, indica el Papa, “pasar por las “calles” digitales, es decir, simplemente estar conectados: es necesario que la conexión vaya acompañada de un verdadero encuentro. No podemos vivir solos, encerrados en nosotros mismos. Necesitamos amar y ser amados. Necesitamos ternura”.

Y los comunicadores, los profesionales de esta ciencia de la información cobran aquí un protagonismo relevante. “Son ellos”, explican los obispos de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social, “quienes, con una formación adecuada, un conocimiento profundo de la realidad social y una capacidad de discernimiento fruto de su experiencia, pueden contribuir a que la verdad no naufrague en el océano digital, sino que, al contrario, sea servida con diligencia y criterio a todas las personas que la reclaman para poder ser libres”.

La comunicación no puede reducirse a un espectáculo cuantificado en función de audiencias. En el trabajo de la comunicación, el profesional con su compromiso ético y moral, ha de buscar la verdad y decirla para la promoción de la persona, sin que nadie pueda ser considerado como mero objeto. Para quien profesa su fe en Cristo resucitado y su pertenencia a la Iglesia, la labor comunicacional es un medio para realizar la misión de proclamar el Evangelio. La parábola del Buen Samaritano, nos dice el papa Francisco, “es también una parábola del comunicador”, porque “no solo se acerca, sino que se hace cargo del hombre medio muerto que encuentra al borde del camino. Jesús invierte la perspectiva: no se trata de reconocer al otro como mi semejante, sino de ser capaz de hacerme semejante al otro. Comunicar significa, por tanto, tomar conciencia de que somos humanos, hijos de Dios”. Intuición esta a tener muy en cuenta en este universo mediático que nos envuelve.

Con agradecimiento os animo a todos los profesionales de la comunicación a trabajar por esta cultura del encuentro. La relación con la verdad es una cuestión ética fundamental cuando la comunicación se enfrenta a desafíos no imaginados por la comercialización de la industria de la noticia. Sólo la experiencia de la verdad hará posible distinguirla de la propaganda. Pido al Señor que os acompañe siempre con la luz de su Espíritu y que a cuantos cotidianamente utilizamos los medios y los instrumentos que facilitan información nos otorgue un sano discernimiento. “Que nuestra comunicación”, como dice el Papa, “sea aceite perfumado para el dolor y vino bueno para la alegría”.

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela.

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