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La Comisión General de Justicia y Paz insta a los gobiernos a rechazar cualquier uso de las armas nucleares

La Comisión General de Justicia y Paz ha firmado una declaración conjunta interreligiosa que rechaza, «con una sola voz», la amenaza que representan las armas nucleares para la existencia de la humanidad. En el marco del 75º aniversario de los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki se comprometen a «hablar como una sola voz que rechaza la amenaza que representan las armas nucleares para la existencia de la humanidad». Además, instan a los gobiernos «a que aprovechen la oportunidad del 75º aniversario de la única ocasión en que las armas nucleares se han utilizado en un conflicto, para asegurarse de que no se vuelvan a utilizar nunca más en ninguna circunstancia y que ratifiquen el Tratado de Prohibición de Armas Nucleares».

Desde Justicia y Paz reafirman «que la presencia de una sola arma nuclear viola los principios fundamentales de nuestras diferentes tradiciones religiosas y amenaza la destrucción de todo lo que apreciamos de forma inimaginable».  Las armas nucleares no solo son un riesgo futuro, «su presencia aquí y ahora socava los fundamentos éticos y morales del bien común. Pedimos el compromiso con un mundo más pacífico, seguro y justo, un mundo sólo posible con la eliminación de las armas nucleares».

Este 6 de agosto de 2020 se cumple el 75º aniversario de los ataques nucleares contra Hiroshima y Nagasaki, ataques que devastaron estas ciudades causando hasta 213.000 muertes a finales de 1945 y muchas más en los años siguientes. «Los ataques infligieron un dolor y un sufrimiento insoportables tanto a los seres humanos como al medio ambiente».
Por eso, agradecen «a las personas hibakusha de todo el mundo, supervivientes, que valientemente han sido testimonio, a menudo frente a la intimidación y a la recurrente tragedia de la pérdida y la enfermedad. Debemos enfrentar el valor de estas personas supervivientes con el nuestro y abolir las armas nucleares para siempre».
Además, en el comunicado, lamentan «el racismo y el colonialismo que llevó a los estados poseedores de armas nucleares a probar sus armas en las comunidades que consideraban prescindibles, vidas lejanas a las suyas, vidas que importaban menos, vidas que fueron tomadas en busca de poder destructivo para una minoría. Reconocemos el inmenso sufrimiento, opresión y explotación que enfrentan las comunidades indígenas de todo el mundo cuyos cuerpos, tierras, aguas y aire han servido como campo de prueba para las ambiciones de aquellos que dominan con la fuerza».

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