«Sonrisa y esperanza»

El cardenal, que fue administrador apostólico de la diócesis de Huesca, reconoció su «emoción» al salir a recibir el cuerpo de don Damián, de quien recordó que fue «un gran pastor que nos ha tocado a todos el corazón, como el también fallecido don Javier Osés». Y contó algún capítulo personal que daba fe de «ese tono de gracia porque la vida nos lleva siempre a la sonrisa y la esperanza. Que desde el Cielo nos acompañe y nos haga vivir con gozo la resurrección de Jesucristo».

Por su parte, durante la homilía, el obispo de Huesca y Jaca, Julián Ruiz dio «gracias por la vida don Damián. Pedimos que el Señor le acoja en el abrazo de su eterna misericordia. Fiel a su lema episcopal, predicó con su vida y sus palabras a Jesucristo vivo, que hoy nos dice “Yo soy la resurrección y la vida”. Él no querría que ni se cuente ni se cante su vida, pero tenemos que dar gracias al Dios de la Vida por don Damián, y a don Damián por su vida y su testimonio».

Por último, Álvarez lanzó también un sentido mensaje antes de la conducción del féretro, portado por cofrades de la Cofradía de San Lorenzo, a la Capilla del Pópulo. «Fue mi obispo durante siete años. Cuando uno contempla su vida, nacido en Fuencalderas e hijo de un peón, hay que ver que su vida es un milagro patente y un regalo. Dios se valió de muchas personas para que Damián fuese lo que conocemos, y también hizo de don Damián fuese instrumento para que miles de personas llegasen a conocerlo», aseveró.