Cartas de los obispos Coronavirus

La caridad nos apremia, por Francisco Cerro

En las cartas semanales que os voy dirigiendo os estoy exhortado a vivir de un modo especial la caridad en estos tiempos tan complicados, sabiendo que “una vida cristiana que no aterriza en la caridad, no ha crecido en fe y no la sostiene la esperanza y tiene los días contados. Cuando nos falta coherencia, se muere el amor” (PN 5 de abril de 2020).

En una de las reuniones de esta semana, con el equipo directivo de Cáritas diocesana, he conocido de primera mano la grave situación que están atravesando miles de familias en nuestra archidiócesis. Aunque existe la falsa sensación de que esta enfermedad nos iguala a todos —independientemente de la posición económica o de la clase social—, lo cierto es que las personas que ya sufrían una situación de vulnerabilidad antes de la propagación del virus padecen el impacto por partida doble. En este sentido, Cáritas destaca que uno de sus principales objetivos a la hora de hacer frente a las consecuencias de la pandemia es «salvaguardar la respuesta a las necesidades básicas de las personas especialmente expuestas al COVID-19, como son los mayores, personas sin hogar y familias sin recursos».

Ahora, más que nunca, la labor de Cáritas, que siempre es tan necesaria, debe ser prioritaria en todas nuestras parroquias. El acompañamiento que realizamos a los niños, a las mujeres más vulnerables, a las personas y familias sin hogar, a los inmigrantes acogidos con tanto cariño, a los que tienen hambre, hoy, debe ser el centro de nuestra acción pastoral. Tenemos que estar solícitos si en nuestro vecindario viven pobres que solicitan protección y ayuda, acerquémonos a ellos: será el momento propicio para encontrar al Dios que buscamos.

En este tiempo de Pascua, en que diariamente escuchamos los Hechos de los Apóstoles, quiero que nos detengamos en Hch 2, 42-47, y descubramos, a la luz del Espíritu, varias claves para vivir la virtud de la Caridad en el momento actual:

  1. Vivían en común: las primeras comunidades cristianas vivían en comunión. Ahora más que nunca estamos viviendo el valor de la iglesia doméstica, así lo hacían ellos. La comunión se hacía visible al participar juntos de las predicaciones de los apóstoles, de la fracción del pan, de la vida común. En todas las épocas los pobres han sido excluidos y descartados por muchos. Sin embargo, en la primera comunidad eran acogidos. Así debe ser también entre nosotros. La Iglesia debe ser Hogar para los pobres y para todos los que sufren. ¿Compartimos nuestra vida con los más pobres? ¿Les invitamos a compartir lo más valioso y que alimenta el alma, que es la Eucaristía? ¿Les damos a conocer a Jesús Redentor? Os reitero mis primeras palabras entre vosotros: “Anunciad y vivid a Jesús y llevarlo a los más pobres. Hay que salir hoy y siempre a evangelizar las periferias, a los que viven en las intemperies, a los emigrantes, a los refugiados, a los que no tienen hogar”.
  2. Repartían los bienes según la necesidad de cada uno: ésta era otra de las claves de identidad de las primeras comunidades. Entre ellos no había apenas pobres, porque repartían lo que tenían según la necesidad de cada uno y se multiplicaba para todos. Agradezco de corazón la generosidad de tantos de vosotros que en este tiempo ya estáis colaborando con Cáritas, para compartir vuestros bienes con los que más lo necesitan. Gracias a las empresas, entidades financieras, fieles laicos y, por supuesto, a los sacerdotes de nuestra archidiócesis que os habéis sumado a la campaña de emergencia. Os ruego que no dejéis de compartir vuestros bienes para que desde Cáritas se reparta según la necesidad de cada uno.
  3. Alababan a Dios: hemos sido creados para alabar a Dios. Cuando vivimos la caridad y la fraternidad; cuando somos un solo corazón y una sola alma, entonces brota de nosotros la alabanza a la Fuente del Amor, a ese Corazón de Jesús rebosante de misericordia y de ternura, al que continuamente le damos gracias por tantos dones, por tanto amor derramado y consuelo recibido. Si nuestra fe es auténtica y servimos con caridad a los más pobres, viviremos el milagro de alabar junto a ellos a nuestro Dios y Salvador.

Quiero agradecer el esfuerzo tan generoso que, en medio de estas dificultades, están haciendo las instituciones de Iglesia como Cáritas, Manos Unidas, Institutos de Vida Consagrada –que realizan una gran labor en el servicio de la caridad con niños, jóvenes, ancianos…– y otras muchas. Tras ellos están las comunidades cristianas, tantos hombres y mujeres anónimos que responden con su interés y preocupación, con su oración y su aportación de socios y donantes. Es preciso que todos seamos capaces de comprometernos en la construcción de un mundo nuevo, codo a codo con los demás. Recordamos frecuentemente con el papa Francisco que “el tiempo es superior al espacio” Que santa María, en este mes de mayo, Virgen de la Esperanza y Consoladora de los afligidos, ruegue por nosotros hoy y siempre.

+ Francisco Cerro Chaves
Arzobispo de Toledo

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