Carta del Obispo Iglesia en España

La caridad evangeliza, en la caridad se evangeliza, de Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

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La caridad evangeliza, en la caridad se evangeliza, de Amadeo Rodríguez Magro, obispo de Plasencia

Palabras del Obispo en la Asamblea Diocesana de Cáritas

Este título que utilizo para orientar estas palabras es ya afortunadamente una obviedad. Poco a poco se ha ido abriendo camino en la Iglesia el sentido evangelizador de todo lo que en ella se hace. Hoy es un criterio compartido que la evangelización le da unidad a toda la acción pastoral de nuestras comunidades cristianas: evangeliza la liturgia, en la que se celebra el misterio del Dios Trinitario; evangeliza la catequesis, que introduce en el corazón y en la vida el misterio celebrado; evangeliza la comunión, que nos mantiene unidos en la Iglesia, lugar, fuente y origen de toda misión; y evangeliza la caridad que expresa el amor de la comunidad y testimonia el amor de Dios nuestro Padre, en Jesucristo, hacia todo ser humano. En estas cuatro expresiones se despliega la misión de la Iglesia: desarrollar en el mundo el proyecto de amor del Padre, el proyecto de su Reino.

Esto lo hacemos siempre, como nos dice el Papa Francisco, motivados por dos pasiones: la pasión por Jesús y la pasión por el pueblo. En efecto, la pasión por Jesús mueve siempre nuestra mirada hacia el pueblo para acoger sus demandas, para interpretar sus necesidades, para apasionarnos con su vida, para ser una Iglesia que no excluye a nadie. El corazón de la evangelización es la pasión por Cristo que se instala en nosotros y nos convierte en discípulos; y ese discipulado desencadena en cada cristiano un movimiento misionero que le lleva a anunciar la alegría del Evangelio con obras y palabras. Con obras y palabras y palabras evangelizan todos los que en la Iglesia le ponen corazón, rostro y acción al servicio de los pobres. En efecto, la dimensión social ha de estar necesariamente presente en la evangelización, porque de no estarlo se desfigura y recorta el recorrido de la fe en el cristiano y también desfigura y recorta la misión de la Iglesia (cf EG 176).

Así nos lo acaba de recordar el Papa Francisco en positivo y en negativo. En positivo nos dice:“La aceptación del primer anuncio, que invita a dejarse amar por Dios y a amarlo con el amor que Él mismo nos comunica, provoca en la vida de las personas y en sus acciones una primera y fundamental reacción: desear, buscar, cuidar el bien de los demás” (EG 178). Y en negativo, advierte: “¡Que peligroso y dañino es este acostumbramiento que nos lleva a perder el asombro, la cautivación, el entusiasmo por vivir el Evangelio de la fraternidad y la justicia! La Palabra de Dios enseña que en el hermano está la permanente prolongación de la Encarnación para cada uno de nosotros: «Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, lo hicisteis a mí» (Mt 25,40). Lo que hagamos con los demás tiene una dimensión trascendente” (EG 179).

En una “Iglesia en salida”, evangelizar por la caridad es ineludible. “Así como la Iglesia es misionera por naturaleza, también brota ineludiblemente de esa naturaleza la caridad efectiva con el prójimo, la compasión que comprende, asiste y promueve” (EG 179). La Iglesia evangeliza por lo que es, dice y hace; pues bien, la caridad es la expresión del hacer, pero porque lo es del ser y del decir. “Sin la opción preferencial por los pobres, el anuncio del Evangelio, aun siendo la primera caridad, corre el riesgo de ser incomprendido o de ahogarse en un mar de palabras” (EG 199). En efecto, nada hay más elocuente en el anuncio del Evangelio que el servicio de la caridad.

Por eso el título de mi intervención tiene una segunda parte, que también hemos de tener en cuenta: si el ejercicio de la caridad es evangelización en sí mismo, también lo es por la más elemental expresión del amor, por el anuncio explícito de Jesucristo. “en la caridad se evangeliza”. Es verdad que el servicio a los pobres hace explícito el amor de Cristo, él se identifica en el pobre hambriento y sediento. Pero el servicio, si de verdad es encuentro con la persona de Cristo y con la del pobre, sabe también entrar en las necesidades de los hermanos que sólo pueden encontrar una respuesta en el encuentro personal con la bondad misericordiosa de Dios. El que ama y sirve en Jesucristo lleva siempre en su corazón la intención de anunciarlo, aunque a veces no se encuentre el momento de hacerlo con la palabra. No obstante, siempre serán elocuentes sus motivaciones.

De cualquier modo, siempre hemos de sentirnos llamados a compartir el amor de Dios manifestado en Cristo que llevamos en nosotros con los pobres a los que servimos. “La inmensa mayoría de los pobres tiene una especial apertura a la fe; necesitan a Dios y no podemos dejar de ofrecerles su amistad, su bendición, su Palabra, la celebración de los Sacramentos y la propuesta de un camino de crecimiento y de maduración en la fe. La opción preferencial por los pobres debe traducirse principalmente en una atención religiosa privilegiada y prioritaria” (EG 200).

Desde esta doble experiencia, el anuncio de Jesucristo por la caridad y en la caridad, os animo a todos a entrar en nuestro Misión Diocesana Evangelizadora. Pero, sobre todo, animo a cuantos sirven en la Iglesia como voluntarios y voluntarias de cáritas. A vosotros, hombres y mujeres de fe, de Iglesia y de la caridad, os digo entrad con entusiasmo, creatividad y docilidad al Espíritu en este proyecto de nuestra Iglesia diocesana, a la que todos hemos de situar en estado de misión, acogiendo cada día el envío de Jesucristo Resucitado: “Id a anunciar el Evangelio de la alegría y de la vida por todas partes”.

+ Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia

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