Revista Ecclesia » La bondad y la ternura: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (25-5-2013)
Opinión

La bondad y la ternura: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (25-5-2013)

La bondad y la ternura: artículo de José-Román Flecha Andrés en Diario de León (25-5-2013)

Artículo de José-Román Flecha Andrés publicado en el Diario de León, titulado la bondad y la ternura

“No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”. Tal vez sea esa la frase más repetida de las pronunciadas por el nuevo Papa Francisco. El discurso con el que iniciaba su ministerio petrino el pasado día 19 de marzo estaba inspirado por la festividad de san José, a cuya custodia fue encomendada la vida de María y de Jesús.

 

A él se refirió el  Papa Francisco para recordar las virtudes humanas de la  discreción y la humildad, el silencio, la presencia y la fidelidad total.  San José vivió su vocación como custodio de María y de Jesús  “con la atención constante a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, y no tanto al propio”.

 

Ahora bien, si José de Nazaret fue el custodio de la Familia de Nazaret, también a nosotros se nos confía una triple custodia: la de la creación entera, la de nuestros semejantes y la de nosotros mismos.

 

Custodiar toda la creación y su belleza exige tener un gran respeto por todas las criaturas de Dios y por el entorno en el que vivimos. Custodiar a los demás significa “preocuparse por todos, por cada uno, con amor, especialmente por los niños, los ancianos, quienes son más frágiles y que a menudo se quedan en la periferia de nuestro corazón”. Esa custodia  de los demás ha de manifestarse en la vida conyugal y familiar y en las relaciones de amistad, de modo que éstas  comporten “un recíproco protegerse en la confianza, en el respeto y en el bien”.

Esa es la gran tarea a la que estamos llamados. Si despreciamos este intento, los signos de destrucción y de muerte invadirán este mundo nuestro:  “Cuando el hombre falla en esta responsabilidad, cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido”.

Ahora bien, esta doble custodia de la creación y de las personas exige un esfuerzo negativo y positivo a la vez, que consiste en abandonar algunos vicios y procurar cultivar la virtud. “Para custodiar, tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir vigilar sobre nuestros sentimientos y nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen. No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura”.

Esta última palabra suscita muchas supicacias en una sociedad marcada por la arrogancia y la agresividad. Por eso el Papa Francisco advierte que la ternura  “no es la virtud de los débiles, sino más bien todo lo contrario: denota fortaleza de ánimo y capacidad de atención, de compasión, de verdadera apertura al otro, de amor. No debemos tener miedo de la bondad, de la ternura”.

Evidemente, esas reflexiones son válidas para cristianos y no cristianos. La naturaleza y la fraternidad han sido confiadas a la custodia de todos. La bondad y la ternura han de ser un ideal universal.

 

José-Román Flecha Andrés

 

 

 



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