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La belleza del arte, camino para llegar a Dios, por Vicente Jiménez Zamora, obispo de Santander

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En vacaciones debemos encontrar tiempo para la meditación, el silencio y para Dios. En esta carta pastoral quiero fijarme en uno de los caminos, que pueden conducirnos a Dios y favorecer el encuentro con Él. Es el camino del arte, la “vía pulchritudinis” (camino de la belleza), de la que tanto y tan bellamente ha escrito el Papa Benedicto XVI. En esta breve carta  seguiré sus reflexiones.

Ante una escultura, una pintura, una poesía o una pieza de música, sentimos muchas veces una sensación de paz y alegría. Percibimos no sólo la materia, sino algo  que “habla”, capaz de tocar la mente y el corazón, de comunicar un mensaje, de elevar el espíritu.

Una obra de arte es el fruto de la capacidad profunda del ser humano, que intenta descubrir el sentido más hondo de la realidad y comunicarlo a través del lenguaje de las formas, de los colores, de los sonidos. El arte es capaz de expresar y de hacer visible la necesidad del hombre de ir más allá de lo que ve; manifiesta la sed y la búsqueda del Infinito. La obra de arte puede abrir los ojos de la mente y del corazón hacia la trascendencia.

Hay obras de arte, que son verdaderos caminos hacia Dios, Verdad, Bien y Belleza suprema; más aún, son un medio para entrar en relación con Dios, en la oración y la contemplación. Se trata de obras de arte, que nacen de la fe y que expresan la fe. Un ejemplo puede ser la contemplación de una iglesia románica, que nos invita de forma casi espontánea al recogimiento interior y a la oración silenciosa.

Otro ejemplo puede ser una catedral gótica, de la que quedamos prendados por las líneas verticales que atraen hacia lo alto nuestra mirada y se dirigen hacia el cielo. Percibimos que en estos bellos edificios está atesorada la fe de generaciones.  ¡Cuántas veces cuadros, frescos, composiciones musicales, fruto de la fe del artista, en sus luces, formas, colores, sonidos nos empujan a dirigir el pensamiento a Dios y hacen crecer en nosotros el deseo de beber en el manantial de la belleza, que tiene su origen en Dios.

Termino con la oración del salmo 27: “Una cosa pido al Señor, eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor, contemplando su templo” (Sal 27, 4). Espero y deseo que el Señor nos ayude a contemplar la belleza natural de  la creación y de las obras de arte en este tiempo de vacaciones, para  que a través del camino de la belleza lleguemos al Dios de la Belleza.

+ Vicente Jiménez Zamora

Obispo de Santander

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