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La beatificación del arzobispo Óscar Romero, por el arzobispo de Barcelona, cardenal Martínez Sistach

La beatificación del arzobispo Óscar Romero, por el arzobispo de Barcelona, cardenal Martínez Sistach

(03/05/2015)

Dentro de veinte días, el 23 de mayo, será beatificado en San Salvador, la capital de El Salvador, Oscar Arnulfo Romero, arzobispo de aquella ciudad que fue asesinado de un disparo el 24 de marzo de 1980 en el altar, mientras celebraba la misa en el Hospital de la Divina Providencia de El Salvador. El papa Francisco decidió la beatificación del arzobispo como mártir de la fe, ya que fue asesinado por su defensa de los pobres y su denuncia profética de las injusticias contra el pueblo que le había sido confiado como pastor.

Un hecho decisivo en la transformación radical en favor de los pobres del arzobispo Romero fue el asesinato del padre jesuita Rutilio Grande, el 12 de marzo de 1977, pocas semanas después de haber asumido él el cargo de arzobispo. El jesuita Rutilio Grande había dejado la enseñanza universitaria para vivir en medio de los campesinos en una pequeña población. Era un gran defensor de los derechos del campesinado y de los pobres, y un promotor de sus sindicatos. Ante el cadáver de su amigo, Oscar Romero sintió que debía seguir el mismo camino.

Mons. Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo para la Familia y postulador de la causa de beatificación, al comunicar la beatificación tuvo palabras de gratitud para Benedicto XVI, quien, según reveló, había seguido la causa desde el comienzo y decidió desbloquearla. Mons. Paglia también comentó que el martirio de Romero “por odio a la fe” fue definido por unanimidad de pareceres en la comisión de cardenales y en la comisión de teólogos. “El martirio de Romero da sentido y fuerza a muchas familias de El Salvador que habían perdido familiares y amigos durante la guerra civil. Su memoria se ha convertido en el recuerdo de otras víctimas, tal vez menos conocidas, de la violencia”.

Según el postulador, “el arzobispo pasa a ser algo así como el primero de una larga lista de nuevos mártires contemporáneos”. Y no deja de ser significativo que la beatificación tenga lugar mientras en la cátedra de Pedro hay, por primera vez en la historia, un Papa latinoamericano que quiere una Iglesia pobre para los pobres. Hay una coincidencia providencial.

Mons. Romero tenía una conciencia clara de su función como arzobispo y se sentía responsable de la población, de los más pobres y de los niños, en cuyo rostro veía reflejada el hambre: “Tienen carita de hambre”, decía él. Por eso se hizo cargo del dolor y de la violencia denunciando las causas que enfrentaban a los ciudadanos, que se conocían a través de su predicación dominical, seguida a través de la radio por toda la nación. El arzobispo Oscar Romero fue un buen pastor a imitación de Jesús y acabó dando la vida por su pueblo. Con su asesinato se quería atacar a la Iglesia que nacía del Concilio Vaticano II.

+ Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

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