Firmas

La basílica de Letrán, por José-Román Flecha Andrés en el Diario de León (9-11-2019)

El día 9 de noviembre se celebra la dedicación de la basílica del Salvador, más conocida como la basílica de San Juan de Letrán, en Roma.

¿Qué tiene de importante ese templo? Reconstruido una y otra vez en forma basilical, conserva reliquias de santos y monumentos papales. Un fresco atribuido al Giotto recuerda el primer jubileo, el del año 1300.  En las pilastras de la nave central sobresalen las enormes estatuas de los doce apóstoles. Y más allá del baldaquino gótico, nos asombra el gran mosaico del ábside, presidido por el medallón del Salvador.

Pero más que por las obras de arte, la basílica de Letrán es significativa por ser la catedral del obispo de Roma. Es la  “cabeza y madre de todas las Iglesias de la Urbe y del orbe”. Así lo proclama una enorme cartela en la base de una de las columnas de la fachada.

Este templo resume en sí la importancia de todas nuestras catedrales. Algunas son humildes como las que vemos en tierras de misión. Otras, como la catedral de León, son una magnífica sinfonía de luz y de color.

Todas ellas son importantes por ser el templo y la sede del obispo y el centro espiritual de la iglesia local.  En la catedral oímos la enseñanza del sucesor de los apóstoles, oramos como pueblo de Dios, nos reunimos con la comunidad diocesana y programamos los servicios de la caridad.

El templo es el lugar de encuentro entre la divinidad y la humanidad. Y para los cristianos eso es el cuerpo de Jesús.  En él Dios se ha acercado a nuestro cansancio. En él nos asomamos nosotros a la gloria y la misericordia de Dios.

La dignidad de su cuerpo resplandece sobre nosotros, que hemos sido constituidos en templos del Espíritu Santo. Y resplandece también sobre los lugares sagrados en los que el mismo Espíritu nos congrega para que vivamos y difundamos su amor a todas las gentes.

Al celebrar la dedicación de la basílica del Salvador y de la iglesia catedral de nuestra diócesis, recordamos las palabras proféticas de Jesús: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré”.

Destruir es relativamente fácil. Los templos materiales sucumben al fuego, a los terremotos y a las bombas. Otras veces son destrozados por los que no pueden soportar un signo cristiano en el mundo en el que viven. El templo sagrado que era el cuerpo de Cristo sería flagelado y crucificado. Y esos otros templos que son nuestros hermanos son atormentados por el hambre y la injusticia.

Levantar un templo es mucho más difícil. Los templos no se edifican sólo con piedras. Hace falta solidaridad y fe, colaboración y esperanza, anhelos comunitarios y un inmenso tesoro de amor. Levantar de la muerte el templo que fue el cuerpo de Jesucristo: ésa es la tarea que define para siempre al Dios único que adoramos. Levantar del dolor el templo que son nuestro hermanos: ésa es la misión de la comunidad cristiana.

José-Román Flecha Andrés

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,