Diócesis

La archidiócesis de Toledo reanuda el proceso de canonización de Antonio Rivera Ramírez

toledo-arzobispo

Primer presidente diocesano de Jóvenes de Acción Católica

Este sábado 7 de junio, víspera de la solemnidad de Pentecostés y de la Jornada del Apostolado Seglar, a las 9:30 de la mañana, en la iglesia de San Julián de Toledo, bajo la presidencia del Sr. Arzobispo, se ha reanudado la instrucción de la Causa de Canonización del Siervo de Dios Antonio  Rivera  Ramírez,  primer  Presidente  Diocesano de Jóvenes de Acción Católica  de Toledo, de grandes virtudes  y fama de santidad.

A partir de ese día, en palabras del vicepostulador de la causa, don José Salinero Pérez, “se nos ha abierto un horizonte precioso  y una oportunidad que no debemos dejar  escapar. Por tanto, entre  todos, niños, jóvenes, adultos, seglares todos y religiosos trabajemos incansablemente para culminar  este proceso”.

 “Antonio –afirma- es ejemplo y modelo autentico de vocación  laical,  a la que todos estamos Llamados,  con  una  vida   breve   pero   intensa   que  La   dedicó   a  Dios  y  al apostolado,  misionero  incansable  llevando por  toda  la diócesis la alegría  del evangelio”.

El acto se celebró tras la firma, el pasado 1 de junio, por parte del Sr. Arzobispo, del Decreto mediante el cual se establecía la reanudación de la Instrucción de la Causa de Canonización del siervo de Dios, tras la petición presentada por el postulador de la Causa, el religioso cisterciense P. Pierdomenico Volpi, con fecha del 10 de diciembre de 1013.

El Sr. Arzobispo recuerda en su decreto que Antonio Rivera Ramírez (1916-1936), fue el primer presidente  diocesano de jóvenes de la Acción Católica de Toledo y, tras consultar “con los hermanos en el episcopado de nuestra Provincia Eclesiástica y hechas las debidas y oportunas investigaciones, y convencido del fundamento sólido de la Causa y de que no existen obstáculos contra la misma”, decreta “reanudar la instrucción  de la causa de canonización  del siervo de Dios y ordena que se continúe el proceso sobre la vida, virtudes y fama de santidad de dicho siervo de Dios, a tenor de la vigente legislación para las causas de los Santos”.

El Tribunal instructor de la Causa

Añade el Sr. Arzobispo que “no pudiendo presidir personalmente  el tribunal que ha de instruir dicho proceso”, nombra para la instrucción del mismo como Juez Delegado a don Francisco Javier Hernández Pinto, Promotor de Justicia  a don Francisco Javier Salazar Sanchís y Notario actuario a don Rubén Zamora Nava.

  En el acto, el Sr. Canciller Secretario del Arzobispado dio lectura del Decreto y firmaron la aceptación del nombramiento todos los miembros del Tribunal. Por su parte, el vicepostulador de la Causa, dio lectura a una carta enviada por el Postulador en la que, tras explicar que “por  motivos  inherentes  a  la  conclusión  del  Año  Escolar”,  le era  imposible  estar presente  físicamente  en  la  reapertura del proceso enviaba “un brevísimo pensamiento mío sobre este acontecimiento”.

  “Hoy –escribía el P. Volpi, dirigiéndose al Sr. Arzobispo- después   de  muchos  años  de  su  inicio,   se  ha  retomado   el  proceso  de canonización del Siervo de Dios Antonio Rivera Ramírez; me sale de modo espontáneo el agradecimiento a Dios y también el pedirle una gracia especial a Ud., Excelencia Reverendísima, que con entusiasmo ha aceptado acoger la instancia de la Acción Católica de Toledo en este sentido”.

  “Acoja también –añadía- mi gratitud por haberme elegido como Postulador. Para un Postulador, todas las causas que lo son confiadas se convierten en una prioridad por lo que le puedo asegurar a Ud. y al Presidente de Acción Católica de la archidiócesis de Toledo mi constante compromiso”.

  Según el Postulador de la Causa, “Antonio Rivera todavía no es santo, mas seguramente lo fue, y es espejo y ejemplo para aquellos que quieren seguir a Cristo, particularmente  en el estado laical. Su vida fue una constante aspiración hacia la santidad; así escribía: “Cuantas veces me recogí a practicar los Ejercicios Espirituales,  sentí palpitar en mi alma la idea y el deseo de una gran santidad, señal de que Dios quiere que yo sea un gran santo”.

  “Antonio  -decía el P. Volpi- había comprendido  bien que los males que afligían a la España de aquel tiempo eran consecuencia del pecado y sólo la santidad podía liberar a su querida España del mal: ‘La santidad de España puede depender de mi santidad y ahí también la necesidad de  hacerme  santo’.  Estas  palabras,  como  nunca,  me  parecen  actuales:  hoy  se  habla menudo de reformas también a nivel ecclesial”.

  El Postulador de la Causa recordaba también que “una intuición particular de Antonio Rivera es la de concebir la Vocación no solo a nivel personal sino también a nivel comunitario; podemos definirla como vocación en círculos concéntricos: ¿Cuál es mi vocación?, ¿cuál es la vocación de mi ciudad, de mi diócesis, de mi grupo eclesial, de mi Nación, etc.? A menudo, Antonio se detenía a reflexionar sobre lo que Dios quería de su querida Nación española, sobre cuál era la vocación de España”.

  “Esta reflexiones –precisaba- es bueno recordarlo, brotan del corazón de un joven sencillo y bueno de veinte años crecido en el asociacionismo católico y, de modo especial entre las filas de Acción Católica”.

  Por eso el P. Volpi concluía: “Estoy seguro que el conocimiento más profundo de la vida del Siervo de Dios Antonio Rivera Ramírez, pueda servir de ejemplo para muchos jóvenes, especialmente para aquellos que militan en la Acción Católica de la archidiócesis de Toledo”.

  Finalizó el acto con unas palabras del Sr. Arzobispo, quien recordó que “nos encontramos en la víspera de Pentecostés, día de la Acción Católica y del apostolado seglar” y después realizó una breve oración ante la urna que conserva los restos del Siervo de Dios, junto a la pila bautismal de la parroquia.

Seglar joven y comprometido

Antonio Rivera Ramírez falleció a los 20 años el día 20 de noviembre de 1936, a causa de las heridas recibidas durante su estancia en El Alcázar para asistir a los heridos y enfermos. A los catorce años se había iniciado en la Juventud de Acción Católica en Toledo y a los diecisiete fue nombrado su presidente diocesano. Fundó más de treinta centros parroquiales, organizó ejercicios espirituales, cursillos, visitas y publicaciones. Su entrega fue absoluta, admirable y fecunda en medio de una difícil situación religiosa.

Fue líder cristiano en su familia, en su ambiente, en la Asociación de Estudiantes y, antes de sus responsabilidades diocesanas, colaboró con el partido político que lideraba el periodista católico Ángel Herrera Oria. Tenía novia y preparaba su matrimonio cristiano. Así como sus  oposiciones para notario.

Tan convencido estaba de su meta, que era gozar con Jesucristo y los bienaventurados, que al llegar la hora de su muerte, llamó a sus familiares y amigos junto a su lecho y les dijo: “Me voy al Cielo. ¡Qué queréis para el Cielo?”

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email