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La archidiócesis de Madrid profundiza en las claves políticas y sociales de la Fratelli tutti

«Desarrollemos una cultura del encuentro más allá de las dialécticas que enfrentan». Con estas palabras ha cerrado el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, un coloquio sobre la tercera encíclica del Papa Francisco, Fratelli tutti. Un evento virtual organizado por la archidiócesis madrileña, en el que el cardenal ha hablado de la «educación como un pilar fundamental para cambiar la sociedad y el mundo».

El arzobispo de Madrid ha destacado que «el sistema educativo tiene que nacer de la mejor política al servicio del bien común» y ha advertido que la Ley de Educación que se quiere aprobar en el congreso «no debe hacerse al servicio de los propios intereses, sin el desarrollo integral del ser humano» Un sistema educativo, ha dicho, «tiene que educar para hacer hombres y mujeres de corazón abiertos al mundo entero». Además, ha añadido que «la sociedad y la familia, no pueden renunciar a ser un lugar de acompañamiento y guía, aunque tengamos que reinventarnos para encontrar nuevos recursos».

Dignidad y encuentro

En la charla sobre la encíclica participaron los rectores de San Dámaso Javier María Prades y de la Universidad Pontificia Comillas, Julio Martínez sj, que profundizaron en la relación entre el documento papal con la antropología y los retos para la vida política.

Prades explicó que la palabra dignidad «aparece 65 veces en la encíclica, un buen ejemplo de la importancia que se le da a esta rica doctrina sobre el ser humano», que «viene justo a tiempo en una época como la nuestra, en la que existe un olvido de lo humano». El hombre creado como imagen de Dios «es fundamento de esa dignidad inalienable. Esto incluye a todos los hombres, no excluye a ninguno».
Además, el rector de San Dámaso ha destacado el valor «del encuentro» como artífice del cambio «que desde una historia particular alcanza la universalidad de los valores». Cuanto menos tenga una persona en su corazón, «menos entenderá al otro». Por eso, ha explicado que esta «apertura de corazón», el Papa la aplica a las culturas y a los pueblos, «que se enriquecen con elementos de otras culturas que integran y benefician a todos». Desde su identidad, el otro tiene algo que aportar: «Ojalá que esto ilumine la vida publica española, por ejemplo», ha aseverado el rector.

En esta misma línea, Julio Martínez ha descrito la política «como una participación de todos en la sociedad». Esta apuesta del Papa a favor de una política mediadora del bien común, «tiene que tener lugar para todos e incorporar a los más débiles». El rector de Comillas ha matizado que «el político tiene que ejercer un modo de caridad “persona a persona”, que ennoblezca la política».
El jesuita ha destacado «el problema de las ideologizaciones» de las que el Papa Francisco habló en el discurso durante el encuentro con Pedro Sánchez, «abordando el populismo irresponsable» y distanciándose de la misma forma «del neoliberalismo». Por eso ha pedido que a los políticos «les duela de verdad la sociedad, que no sean élites separadas de la gente y que su mayor problema no sea “si le van a votar o no”, sino los problemas de la gente». Muchas veces, ha concluido, «las renuncias de los políticos tendrían que hacer posible el encuentro».

Abrazo y esperanza

«Es la primera vez que un Papa dedica una encíclica a la amistad social, en un tiempo en el que la palabra amistad está vacía de contendido». Así empezaba la intervención de la responsable de Sant Egidio en Madrid, Tíscar Espigares, que mostró cómo en el Evangelio «Jesús nos llama amigos y además da su vida por ellos».
Por eso, ha dicho, «que el Papa habla de la amistad cuando se dirige a los pobres, a la opción por ellos. Una gran enseñanza para la Iglesia de hoy que significa una prueba de que nuestro amor es realmente universal». De esta forma, Espigares ha destacado que «hay una urgencia para la Iglesia, que es reencontrarse con el mundo de los pobres, pero de una forma nueva, no como usuario de una serie de servicios, sino como amigo». No puede haber una barrera entre «el que ayuda y el ayudado», la barrera entre ellos «tiene que ser el abrazo».

La responsable de Saint Egidio ha querido enfatizar que en la Iglesia «hablamos mucho de los pobres, pero muy poco con los pobres», palabras a las que se ha unido el vicario episcopal de Pastoral Social e Innovación de la archidiócesis de Madrid, José Luis Segovia. «También los hermanos migrantes son fuente de esperanza para nosotros», ha defendido. Nuestro compromiso debe ser «construir puentes de justicia y paz». Segovia ha asegurado que «no es entendible el futuro de la Humanidad sin el hecho migratorio», aunque el principal derecho es «a no emigrar, aunque cuando se migra, debe hacerse en condiciones de seguridad, dignidad y derechos». Podemos poner «rostro, nombres, a situaciones a las que se refiere el Papa», también en algunas de las situaciones españolas donde no se asumen los corredores humanitarios, «ni por el Gobierno del PP, pero tampoco por el del PSOE y Unidas Podemos».
Lo que hace Francisco con Fratelli tutti, ha concluido, «es reconocer que del otro, lejos de ser mi adversario, constituye una posibilidad para el encuentro. Sin el encuentro con el otro no cabe experiencia cristiana. Sin el paso con el hermano, no se puede experimentar al Dios que se revela en Jesucristo».

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