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La alegría de evangelizar, por Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela

La alegría de evangelizar, por Julián Barrio Barrio, Arzobispo de Santiago de Compostela

Carta Pastoral en la festividad de la Virgen del Carmen-Julio 2014

Queridos diocesanos: En las vísperas de la fiesta de la Virgen del Carmen, patrona de los hombres de la mar, mi pensamiento se dirige, ante todo, a ese colectivo tan numeroso en nuestra diócesis, de personas y familias que, de un modo u otro, viven y construyen la sociedad terrena y el Reino de Dios desde la realización de sus trabajos en el mar.

A lo largo de toda nuestra geografía, el día de nuestra Señora del Carmen, los hombres y mujeres de la mar hacéis visible ante todos vuestra fe en Jesucristo y la confianza en la protección de nuestra Señora a la que invocáis frecuentemente en medio de vuestras alegrías y tristezas, en los peligros y las tempestades, sabiendo que Ella es para vosotros y para todos, la Estrella de los Mares.

“Stella Maris” es, desde hace mucho tiempo, el título preferido con el que la gente del mar se dirige a la Virgen María, en cuya protección siempre ha confiado. Jesucristo, su Hijo, acompañaba a sus discípulos en los viajes en barca (cf. Mt 8, 23-27; Mc 4, 35-41; Lc 8, 22-25), les ayudaba en sus afanes y les calmaba las tempestades (cf. Mt 14, 22-33; Mc 6, 47-52; Jn 6, 16-21). Así también la Iglesia acompaña a quienes faenan en el mar, preocupándose de las peculiares necesidades espirituales de esas personas. El apóstol Pedro nos dejó constancia de que es necesaria una gran fe para caminar sobre las aguas.

En este año y en este día nuestra plegaria debe estar dirigida al Señor pidiendo por los hombres que han dejado sus vidas en la mar. Recordamos cómo el diez de marzo, en el naufragio del Santa Ana, perdieron la vida tres marineros de Muros, dos indonesios, dos portugueses y un asturiano. El uno de abril, el Mar de Marín colisionó con el Baltic Breeze, en la ría de Vigo: en este caso, fueron cinco marineros los que fallecieron. El  diecisiete de abril, en el naufragio del Mar Nosso, barco gallego con base en Marín, a veinte millas al norte de la ría de Navia, perdieron la vida tres marineros portugueses. También han sido otros pescadores a los que en diversas circunstancias el mar llevó sus vidas. Al traer sus nombres a nuestra memoria les encomendamos al Señor con el patrocinio de nuestra Señora para que a ellos les conceda el descanso merecido después de la singladura de esta vida, y a sus familias les otorgue la paz y el consuelo para que puedan seguir navegando en esta tierra con la esperanza de reunirse algún día con ellos en la felicidad que no tiene fin. Para ellos nuestro recuerdo entrañable, lleno de esperanza cristiana.

El lema para la jornada de este año: “Apostolado del mar, comprometidos en la alegría de Evangelizar”, inspirado en la exhortación postsinodal del papa Francisco Evangelii gaudium, nos indica que no debéis olvidar el compromiso de evangelizar en vuestro quehacer. Es posible sembrar y vivir la alegría del Evangelio cuando trabajáis por una sociedad más justa, que defienda los puestos de trabajo y la seguridad en los mismos; cuando sois capaces de haceros cargo de las dificultades de los demás y acudís en su ayuda; cuando Jesucristo y su Evangelio inunda vuestros corazones y ese gozo se refleja en los demás, aunque no participen de vuestra fe… Entonces hacéis ver a todos que es posible, que el Evangelio es Alegría de la Buena Noticia de la salvación, y que la Iglesia la proclama, sirviendo a cada hombre y a cada mujer, en el lugar y las circunstancias en que se encuentren.

Es necesario recuperar la centralidad de la dimensión religiosa en la vida, abrir espacio a las grandes preguntas que acompañan al hombre, y mostrar la dimensión humanitaria, la razón y la libertad, que genera la fe cristiana. Esto nos ayudará a curarnos del individualismo que nos afecta a todos. La vida se obscurece si no se abre a Dios. No olvidéis que una sociedad sin Dios, es una sociedad sin esperanza y sin alegría. El papa emérito Benedicto XVI lo expresaba bellamente, recién estrenado su pontificado, el 25 de agosto de 2005, cuando dijo: “Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida… María fue elevada al cielo en cuerpo y alma: en Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una Madre. El cielo está abierto, el cielo tiene un corazón”. La Virgen María, nuestra Madre, intercede y vela por nosotros sus hijos. Queridos hombres y mujeres de la mar, la Iglesia está cerca de vosotros, atenta a lo que os preocupa. Hoy invocamos a nuestra Señora, la Virgen del Carmen, para que siga protegiéndoos siempre, y se celebre, se viva y se manifieste cada día la alegría del Evangelio.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,

Arzobispo de Santiago de Compostela



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