Editorial Revista Ecclesia
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Opinión

La adecuada impartición de la clase de Religión es un derecho – editorial Ecclesia

            Ya nos habíamos referido en ecclesia a este tema semanas atrás. Ahora, la preocupación de nuestra Iglesia y de la CEE por el tema ha adquirido mayor timbre, contenido y resonancia (ver páginas 7 y 10). La LOMCE, la nueva ley de Educación, auspiciada por el Gobierno del Partido Popular, está empezando a dejar mal parada –peor parada, para ser más precisos- la clase de Religión.

El problema no estriba tanto  en los enunciados y articulados de la ley cuanto en el margen que para su aplicación concreta otorga a las Comunidades Autónomas. Y en algunas de ellas,  más allá del signo político de su Gobierno, la clase de Religión queda –tanto de la de Religión Católica como las de otras confesiones religiosas con correspondientes acuerdos suscritos- con tan solo 45 minutos semanales en Primaria. Este tiempo es totalmente insuficiente para proporcionar una mínima educación de calidad y supone una reducción del 50% del tiempo del que se dispone en la actualidad con la LOE, ley, recordemos, promovida por el PSOE.

Además,  en Bachillerato, la asignatura de Religión queda a merced de la opción libre de las Comunidades Autónomas, e incluso de los centros, sin tener en cuenta los Acuerdos Iglesia-Estado, donde se señala que debe ser de oferta obligatoria y de elección voluntaria por parte de los padres o de los alumnos mayores de edad.

Tras la firme y justa posición expresada al respecto por la CEE y su petición de que el Gobierno de nación determine por decreto para toda España el horario convenido en los citados Acuerdos Iglesia-Estado para la clase de Religión,  fuentes sin especificar del Ministerio de Educación han declarado que el encaje legal para dar respuesta a esta petición es muy complejo y difícil dado que la LOMCE deja en manos de las autonomías las llamadas asignaturas “específicas” como la Religión.

¿Nos lo creemos? ¿A estas alturas nos vamos a creer que en política el querer no es poder? Y así fuere, ¿tan difícil es de entender que 45 minutos semanales de impartición de una asignatura es relegar a esta a la marginalidad? ¿Es justo que, siendo una asignatura libre y tan mayoritariamente solicitada –el 70% -, sea tratada de este modo? ¿Por qué?

 

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