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Karl Barth, 50 años de su muerte

Karl Barth, 50 años de su muerte. Karl Barth (1886-1968): A los cincuenta años de su muerte, a los cien años de la Carta a los Romanos

Por Luis Ángel Montes Peral

  Dos Carlos brillan con luz propia en el firmamento de la teología del siglo XX: Karl Barth en el campo protestante y Karl Rahner en el ámbito católico. Son muchos los que consideran a estas dos grandes personalidades del cristianismo contemporáneo como los teólogos más importantes del siglo pasado. Precisamente el 10 de diciembre de este año hace cincuenta años que murió el primero.

Esta pequeña reseña quiere ser un sentido reconocimiento por su sobresaliente contribución al pensamiento teológico. En verdad puede afirmarse que se acreditó como el Santo Tomás de Aquino de la teología protestante, ocupando en ella una posición dominante. Su Dogmática no encuentra parangón, jamás se había escrito una Suma tan amplia. Tiene más de seis millones de palabras y en alemán consta de 9.000 páginas.

Nació en Basilea, allí murió a los 82 años y en esta ciudad suiza de rica tradición cultural está enterrado. Recuerdo con emoción y estremecimiento el día que visité en agosto de 1986 su sencilla tumba, en la que se encuentra también su mujer y algunos de sus hijos. Aún conservo la nota que me dieron para llegar al lugar exacto del enterramiento: Friedhof am Hörnli, Abt. 8, Sekt. III, Nr. 14. Según me informó el guarda del cementerio el día anterior había estado la televisión japonesa haciéndole un reportaje, no tanto por ocupar un lugar de excepción en la teología, sino por haber sido uno de más activos representantes de la llamada «Bekennende Kirche», la Iglesia Confesante contra el nazismo. «No existe frase alguna más peligrosa —escribió al principio de su Dogmática— y revolucionaria que esta: Dios es Uno, nadie se le asemeja… la verdad de la frase Dios es Uno, hará fracasar al Tercer Reich de Adolf Hitler». Personalidad de talante ecuménico y muy cercano a la Iglesia Católica, se interesó como pocos reformados por el Concilio Vaticano II.

La Carta a los Romanos

Creció en una familia calvinista y clerical, siendo él mismo pastor durante algún tiempo en la  población industrializada de Safenwil en Argonia. Como párroco rural ejerció su ministerio con encomiable ardor y una entrega total, que siempre le caracterizó en todas sus empresas. Cuando nadie lo conocía y siendo aún muy joven, en el año 1919 se hizo famoso con la publicación de su primer libro, Der Römerbrief, La Carta a los Romanos, uno de los estudios exegéticos más decisivos de nuestra época.

Heinz Zahrnt (A vueltas con Dios. La teología protestante del siglo XX. Hechos y Dichos. Zaragoza 1972, 13ss), que conoció como pocos su trayectoria humana e intelectual, sostiene que con él empieza propiamente la teología del siglo XX. Su prólogo es de agosto de 1918, hace por lo tanto un siglo exacto que se escribió. La tercera edición de julio de 1922 es la definitiva y está firmada en Gotinga. Muchos años después, en 1998, fue traducida al castellano en la Biblioteca de Autores Cristianos, nº 583. No podemos desentrañar aquí ni siquiera sus ideas centrales. Baste con esbozar su punto de partida, que sigue teniendo hoy una trascendencia capital, así como exponer en telegrama algunas de las ideas más representativas de su Dogmática.

Teología de la revelación divina

Como buen pastor, Barth parte de la predicación y en su explicación de la carta paulina ofrece una forma radical de hablar de Dios y de Jesucristo, que rompe por completo con la visión anterior. Con santa audacia se propuso renovar el pensamiento teológico y lo consiguió con creces, ya que introdujo «una nueva época en la historia de la teología protestante». Tiene un respeto reverencial por la Palabra de Dios. Dando la vuelta al pensamiento de entonces, en lugar de partir del hombre, parte de Dios, de su modo de manifestarse y pensar sobre el ser humano: «No son en absoluto las ideas correctas del hombre sobre Dios las que constituyen el contenido de la Biblia, sino las ideas correctas de Dios sobre el hombre. Lo que está en la Biblia no es cómo debemos hablar de Dios, sino lo que él nos dice, no cómo encontramos nosotros el camino hasta él, sino como ha buscado y encontrado él el camino hacia nosotros» (Das Wort Gottes und die Theologie. Kaiser, Múnich 1924, 28).

Estas ideas, que suponen un giro de 180 grados a la teología liberal anterior, las desarrolla con toda clase de argumentos y con infinidad de variaciones, que siempre llegan al mismo puerto: ¡Dios ha hablado en la Biblia y nuestra postura fundamental consiste en escuchar su Revelación con obediencia llevada a la práctica! Un pensamiento fructífero como pocos que supone una gran fe y un deseo de conocer a Dios y sus planes allí donde pueden conocerse. Antes que antropología la teología tiene que ser eso: Acogida gozosa de la Palabra de Dios, que quiere comunicarse con nosotros y que en Jesucristo nos transmite su amor y su misericordia. Olvidar esto es postergar lo más fundamental del ser cristiano. Desde entonces la teología ha evolucionado y mucho. Pero siempre tendrán vigencia estas ideas cruciales.

Cristocentrismo como gracia salvadora

La obra capital de Barth es su voluminosa  Kirchliche Dogmatik, Dogmática Eclesial, en la que la Trinidad, Cristo, la gracia, la elección, la reconciliación-salvación, la Iglesia juegan una importancia capital. En ella desarrolla los temas centrales de la teología, siempre fiel a los principios anteriores. Si la Palabra forma parte esencial del ser del Dios Trinitario, supone un Revelador, de quien procede toda iniciativa, que es el Padre. Implica al mismo tiempo el hecho de la Revelación misma, la Palabra, que es el Hijo. Y la comunicación de esa Palabra y esa Revelación, el Espíritu, que genera en nosotros la fe como acogida. Lo que Dios es, lo manifiesta en el acontecimiento de la Revelación, en el que la Trinidad es desvelada. La autorrevelación de Dios a los hombres en Jesucristo Salvador puede ser definida como libertad en amor y amor en la libertad, en el fondo como gracia increada, que se nos comunica.

Siempre se mantuvo fiel a su convicción de que el encuentro entre Dios y el hombre no se sitúa en nosotros sino en Cristo. Para llegar a Dios el hombre pecador únicamente tiene como punto de contacto la persona y obra de Jesús. Este hecho singular constituirá el principio fundamental de toda la obra, invirtiendo el principio ley-Evangelio de Lutero por el de Evangelio-ley. «Para conocer lo que la ley (y el pecado) es, tenemos que conocer antes lo que es el Evangelio, y no viceversa» (Evangelium und Gesetzt, Kaiser, Múnich 21956, 5). La Iglesia es considerada como la prolongación de la existencia de Jesús, como su proyección en la historia.

La teología dialéctica

No cabe duda que se puede y debe hacer algunas críticas a la ingente obra de Barth. La llamada «teología dialéctica», que tuvo su inicio con su Carta a los Romanos, fue corregida por él mismo con el paso del tiempo y sus propios discípulos dieron a su orientación nuevos impulsos. Pero siempre se opuso con energía a que su teología fuera considerada como «neo-ortodoxia». Aquí sólo hemos querido exponer algunas ideas, que aún mantienen vigencia, ya que han demostrado especial fecundidad y nos han servido para recordar la efemérides. ¡Ojalá que en el siglo XXI se unan las teologías protestante y católica en una única teología cristiana! ¡Ojalá que en este siglo también aparezcan teólogos de la talla de los dos Carlos!

Luis Ángel Montes Peral

Imagen: sello alemán de 1986 en conmemoración del primer centenario del nacimiento de Karl Barth

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