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Julián Barrio destaca la necesidad de la Iglesia de «ser una misión»

La vocación evangelizadora de la Iglesia es un compromiso que implica «no solo tener una misión, sino ser una misión, algo tan inusual como fascinante». Son palabras del arzobispo de Santiago, Julián Barrio, esta mañana en la inauguración de las XX Jornadas de Teología del Instituto Teológico Compostelano. Para el prelado, «el Papa Francisco, apoyado en la doctrina del Vaticano II y de sus antecesores San Pablo VI y San Juan Pablo II, describe el ser cristiano como “un estado de misión permanente”: estamos en este mundo para traer luz, para bendecir, para revivir, para establecer, para sanar, para liberar. La misión es como una especie de antídoto a la tristeza individualista y al frío de las puertas cerradas».

En la apertura de esta cita académica, organizada bajo el lema “Bautizados y enviados”, y dedicada al Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa, participó también Giovanni Pietro Dal Toso, presidente de Obras Misionales Pontificias (OMP) Internacional y secretario de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, quien recordó que los cristianos tienen «una vida que comunicar» y no «un producto que vender».

Barrio indicó, además, que «teniendo en cuenta lo que el papa Francisco llama “erosión de la fe”, todo el mundo católico y en especial el primer mundo se ha convertido en tierra de misión, como había puesto de relieve en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium». El arzobispo recordó, igualmente, que «una Iglesia que no se dirige alegre y convincente a todos, ha perdido su misión. Ha perdido su por qué y para qué. No representa nada. Mengua en lugar de crecer. El cardenal W. Kasper nos ha recordado que la misión antes de ser un desafío pastoral es un desafío teológico y espiritual. La misión en muchas de nuestras comunidades está en un impás de indiferencia, cansancio, o incluso aburrimiento: “En efecto, en la historia de la Iglesia, este impulso misionero ha sido siempre signo de vitalidad, así como su disminución es signo de una crisis de fe».

Dal Toso, por su parte, hizo un recorrido histórico por la tarea misionera de la Iglesia desde principios del siglo XX a nuestros días. Dijo que el Papa al convocar el mes misionero extraordinario lo propuso como oportunidad para renovar «el compromiso misionero» de la Iglesia. Explicó igualmente que es un compromiso de cada cristiano, «renovarnos y convertirnos para ser discípulos misioneros», al tiempo que indicó que la Iglesia «tiene una vida que comunicar», la de Jesucristo, y no «un producto que vender». Recordó que no hay una dimensión misionera en la Iglesia, sino que ésta constituye propiamente «su propia esencia». El responsable de OMP dijo también que en este momento histórico concreto son las diferentes iglesias locales, unidas a la Iglesia universal, «las que se apoyarán para llevar el mensaje de Jesús a las periferias».

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