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Julián Barrio, arzobispo de Santiago: «Jesús nos ofrece la Verdad, el amor, la amistad, la felicidad que perdura hasta la vida eterna»

El arzobispo de Santiago, Julián Barrio, ha participado esta mañana en el espacio de TRECE Camino de la Pascua.

Su reflexión ha comenzado haciendo énfasis en la importancia de hacer, durante esta Cuaresma, «silencio interior para escuchar esas penúltimas o últimas preguntas que llevamos dentro y darles respuesta, superando lo rutinario en nuestra vida».

La vida, dibujada por el prelado  como «fascinante» al vivirla de la mano de Jesús, debe llevarnos, en la compañía de aquel que sabemos que nos ama,  hasta la caridad. «La dinámica cristiana no es retener con nostalgia el pasado sino acceder a la memoria eterna de Dios Padre y esto sólo lo podemos hacer a través de la caridad».

Frente a una vida apostólica «que languidece», cuando los «acuíferos de la fe están bajos»,  hemos de fortalecer la esperanza cristiana. «Nada hay tan alentador para un tiempo de penitencia como saber que la gracia de Dios precede siempre nuestra iniciativa». Parafraseando a san Agustín, Barrio ha recordado cómo opera el encuentro con Cristo:  «No te hubiera encontrado si tu no me hubieras buscado primero».

A propósito del Evangelio de hoy, el suceso de Cristo con la Samaritana, el prelado ha indicado que este diálogo «es una catequesis sobre la fe como descubrimiento de Cristo, fuente de agua viva, y sobre el proceso de conversión de una vida de pecado al testimonio misionero, acogiendo la presencia de Dios y la trascendencia de lo sagrado».

«La pedagogía de Dios es una pedagogía de amor, de espera, de comprensión, de respeto a la libertad personal»

«La samaritana reconoce su sed espiritual y su nostalgia de Dios, cayendo en la cuenta de que Jesús la conoce, ama, y le desea su bien. En el corazón de la dificultad esta siempre la oportunidad», ha destacado el arzobispo de Santiago de Compostela, que ha continuado su disertación sobre el Evangelio de hoy  haciendo hincapié en la necesidad de caer en la cuenta de que nosotros somos los sedientos.«La bondad divina siempre nos da más de lo que podemos esperar. El agua de la gracia ha calado ya en el fondo del alma de la samaritana, la ha purificado y la ha impulsado con entusiasmo a la acción evangelizadora entre los suyos».

Como indica el arzobispo, «el agua limpia y calma la sed. “Quien bebe del agua que yo le daré, no tendrá más sed”. El que tiene deseo de cosas profundas y necesidad de respuestas decisivas para la propia vida ha de recordar estas palabras de Jesús. La fuerza de las mismas es tan grande que aquella mujer se siente liberada en la alegría de haber descubierto a Cristo».

«Intentamos calmar nuestra sed con las cosas: bienes, fama, prestigio, dominio pero necesitamos volver todos los días a buscar esa agua»

La banalidad y fatuidad del mundo puede terminar por sepultarnos en mitad de la cultura del ruido. «Jesús es la roca de donde brota el agua. Hemos de golpear con fe, confianza y esperanza esa roca. Necesitamos llevar el cántaro vacío de nuestra vida al pozo donde nos espera Jesús. Con ternura y delicadeza, fue elevando poco a poco a la samaritana al ámbito de la fe y de la conversión».

Para terminar, Julián Barrio ha querido incidir en la buena presencia de ánimo para acometer la tarea de entrar en diálogo con nuestros contemporáneos. «No tengamos miedo a hablar de Dios, fundamento de nuestra fe, siempre dispuestos a dar nuevamente razón de nuestra esperanza cristiana. Estemos prontos a entrar en diálogo con el hombre de nuestros días sobre los temas centrales de la fe cristiana: ¿Cuál es el sentido de la vida? ¿De dónde venimos y a dónde vamos? ¿Por qué la persona tiene que obrar moralmente? ¿Qué quiere decir resurrección y vida eterna?».

 



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