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Jubileo de San Juan de Ávila, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (1-6-2019)

Jubileo de San Juan de Ávila, por José-Román Flecha Andrés en Diario de León (1-6-2019)

Se cumplen ahora 450 años de la muerte de san Juan de Ávila en Montilla y 50 años de su canonización por san Pablo VI. Con ese motivo ha sido concedido un jubileo, que puede ser una buena ocasión para recordar su vida. En efecto, fue un infatigable misionero, un apasionado reformador de las costumbres y un iluminado escritor sobre la vida cristiana, entendida como seguimiento de Cristo.

De hecho, el tema del seguimiento de Cristo se encuentra con mucha frecuencia en la doctrina de san Juan de Ávila. Según él, las personas tibias no terminan de decidirse a pertenecer a Jesucristo. No se atreven a dejar sus comodidades. A esos les dice: “Algo habéis de perder de vos si habéis de ganar con Cristo. No lo podéis hacer todo: ¿Quedáis entero?  No lo podéis seguir a Él”.

En un sermón en el que expone los motivos para ir a trabajar a la viña del Señor, exhorta a quien le escucha  diciendo: “Sigue a Cristo, trabaja como él trabajó, espera que él te dará el premio de tus trabajos, ten por holganza el trabajo que acá pasas por Dios, y dalo por bien empleado”.

Considera el Santo que las personas tibias deberían imitar a a los que sirven a Dios con fervor, que “ponen el hacha a la raíz de sus pasiones para desarraigarlas y cortarlas con el cuchillo de la palabra de Dios y con la imitación de la vida y muerte de Jesucristo”.

Pero el seguimiento de Cristo no es posible si la persona no está dispuesta a dejar todas sus cosas y vivir en la pobreza en que vivió Jesús. Así lo expresa en una de sus cartas: “Este es el ánimo que el cristiano debe tener para andar en paz con Dios, no tener rincón ninguno en su casa que no tenga ofrecido a Dios”.

En realidad, no se trata de vivir solamente el ascetismo de una pobreza que es desprendimiento de las cosas. El Maestro Ávila enseña que la verdadera pobreza supone también el desasimiento de personas y de afectos. Es decir, de todo lo que no sea el Señor: “No tengáis en el corazón a criatura alguna aposentada, por darle corazón y posada desembarazada a él… dejad todo lo que no es él”.

El juego de palabras con que invita a dejar todas las cosas recuerda la parábola evangélica de la perla preciosa:  “Demos, pues nuestro todo, que es chico todo, por el gran todo, que es Dios… Tengamos todas las cosas por estiércol por ganar la perla preciosa que es Cristo”.

El motivo de tal dejación sólo puede ser el Señor: Quien ha encontrado “el tesoro del amor… deja todas las cosas”, para que “no more en el corazón sino Jesucristo”. El amor es, en efecto, la clave del seguimiento y de la imitación:  “Amaos para Dios, pues ya una vez os disteis a él… Ea, pues, cobremos ánimo para seguir a tal Capitán, pues que él va delante de nosotros en el hacer y el padecer”.

José-Román Flecha Andrés

Foto de archivo

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,

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