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Juan José Omella: «Empieza una nueva etapa llena de oportunidades»

El arzobispo de Barcelona y presidente de la Conferencia Episcopal Española, cardenal Juan José Omella, ha invitado en su carta dominical a disfrutar del tiempo que llega tras el fin de las vacaciones veraniegas. «Se acerca el final del verano, pero también empieza una nueva etapa llena de oportunidades», ha afirmado.

El cardenal ha señalado la importancia de «ver con mayor naturalidad el hecho de que todo tiene un principio y un final» como medio para conseguir «disfrutar más de lo que nos rodea» sin sentir nostalgias. «Es emocionalmente sano saber poner punto final a las cosas o a las etapas de la vida. Fantasear con la esperanza de la eternidad terrenal puede ocasionarnos muchas decepciones», ha añadido.

Omella ha querido realizar una invitación positiva. «Disfrutemos de cada etapa. ¡Qué bonito es hacer de cada día una nueva historia! Es la magia de la página en blanco, es la ilusión del primer día… Todo está por escribir», ha destacado.

«El final del verano», por Juan José Omella

Se acerca el final del calor intenso y empiezan días en que el tiempo va refrescando; es un alivio, un respiro que se agradece sobre todo en las grandes ciudades. Este cambio meteorológico también marca el final de las vacaciones, unas vacaciones que este año, marcado por una crisis sanitaria, económica y social, hemos vivido de manera distinta a la habitual. Ante esta nueva etapa, hay gente que se siente decaída con la nostalgia de que las vacaciones y el verano llegan a su fin.

Existe una tendencia a aferrarnos a lo que ya tenemos, sean objetos, rutinas, situaciones o experiencias. Lamentablemente, en la existencia terrenal nada dura para siempre, ni siquiera la propia vida. Si aprendemos a ver con mayor naturalidad el hecho de que todo tiene un principio y un final, quizás conseguiremos disfrutar más de lo que nos rodea y no sentiremos tanta añoranza cuando se termine. Se acerca el final del verano, pero también empieza una nueva etapa llena de oportunidades.

Es sensato y emocionalmente sano saber poner punto final a las cosas o a las etapas de la vida. Fantasear con la esperanza de la eternidad terrenal puede ocasionarnos muchas decepciones. Lo único que realmente vivimos es el aquí y el ahora, el momento presente. Sí, y el presente, curiosamente, tiene nombre de regalo. Y lo es. La vida es el extraordinario regalo que nos da Dios, un presente hecho con infinito amor para que podamos disfrutarlo. La forma en que vivamos la vida es el regalo que le hacemos a Dios. Si sabemos aprovecharla es un tesoro maravilloso.

Aceptemos la vida tal como es. Tiene un inicio, un final, una despedida… Disfrutemos de cada etapa. ¡Qué bonito es hacer de cada día una nueva historia! Es la magia de la página en blanco, es la ilusión del primer día… Todo está por escribir. Una historia donde el amor es el principio de todo, la razón de todo y el fin de todo. Una nueva oportunidad para vivir con intensidad y aprovechar cada segundo para amar a los que nos rodean. Y, por supuesto, también es una oportunidad para acercarnos más a Dios. Preguntémonos si lo que estamos haciendo hoy nos lleva por el camino de la Verdad.

Escribamos nuestra propia historia. No importa que en el libro de la vida haya capítulos tristes. Recordemos que Dios nos acompaña en todo momento y nos espera al final con los brazos abiertos. Dios tiene nuestros nombres grabados en su corazón y tatuados en las palmas de su mano (cf. Is 49,16).

Queridos hermanos y hermanas, caminamos hacia un final tan grande que no podemos ni imaginarlo. El final de la historia de amor más apasionada jamás contada. Un final en el que viviremos en un estado de felicidad suprema y definitiva en torno a Jesús, a la Virgen, a los ángeles y a los santos. Un final que será el principio de la vida eterna.

† Card. Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

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