Diócesis Iglesia en España

Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, llama a superar “un cristianismo acomplejado”

El arzobispo de Sevilla ha intervenido en el Foro Antares con la ponencia titulada “La Iglesia de Sevilla en el inicio del Año de la Fe”. Mons. Juan José Asenjo fue presentado por el alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido.

El arzobispo ha enfocado su ponencia con un tono que él mismo ha definido como “pastoral”, basándose en observaciones personales, reflexiones, lecturas, datos estadísticos, diálogos y cambios de impresiones en el seno de nuestra Conferencia Episcopal y con mis colaboradores”.

En la primera parte de su ponencia, el arzobispo ha hecho un análisis de los factores que configuran la situación actual de la Iglesia y el compromiso cristiano de los fieles. Comenzó recordando las palabras del Papa en la homilía de la misa de inauguración del Año de la Fe, en la que hizo especial hincapié en la desertización espiritual que caracteriza a la cultura occidental actual. Una corriente social que se basa en la ausencia de Dios de la vida personal, familiar y social, a pesar de que en el origen de Europa esté de forma decisiva la cultura cristiana. Mons. Asenjo lamentó que la religión ocupe uno de los últimos lugares en la escala de valores del mundo occidental. Un ranking en el que crece el prestigio intelectual de la increencia al mismo ritmo que se infravalora la religión y se menosprecia a los creyentes.

Tras hacer un repaso por las estadísticas más recientes sobre la práctica sacramental de los católicos españoles, el arzobispo alertó de las situaciones que redundan en perjuicio de la moral personal y la vida familiar. Tuvo también palabras para el “duro invierno vocacional” que padece la Iglesia en las últimas décadas, y referencias a situaciones que se deben corregir en el seno de la Iglesia.

Entre las causas de esta situación, señaló el fuerte impacto del secularismo en la sociedad española –con una incidencia en Andalucía menor que en otras latitudes- y el déficit de estudio y promoción del pensamiento social cristiano en los ámbitos cultural y político. Subrayó su preocupación por la transmisión de la fe a los jóvenes, lo que definió como “serio déficit de catequización” y los efectos de la secularización interna del cristianismo.

Superar el “cristianismo acomplejado”

Tras este análisis inicial, el arzobispo afirmó que está convencido de que “en estos momentos, más que en épocas pasadas, es necesario enraizarnos en la esperanza. Es preciso superar una especie de cristianismo acomplejado que empieza a hacer presa en algunos, incluso sacerdotes, influidos en parte por la cultura dominante, que pretende extender la partida de defunción del cristianismo o, cuando menos, levantar acta de que se halla en su fase agónica, en su ocaso”. En este sentido, mons. Asenjo señaló su convencimiento de la “vigencia y de la perenne novedad del cristianismo”, lo que le lleva a “no poder asumir el diagnóstico que pronostica su liquidación histórica”.

En este apartado, hizo un recorrido por los motivos que llevan a afrontar el futuro de la Iglesia con esperanza. Entre ellos la aparición de nuevos movimientos e instituciones eclesiales, así como de “parroquias renovadas de un gran empuje misionero”, la existencia de Seminarios “más serenos, centrados y alegres, sin las tensiones de los años setenta y ochenta”, la renovación de la pastoral juvenil o la potenciación de la pastoral del matrimonio y la familia. Puso como ejemplo de esto último la creación de distintos centros de orientación familiar en localidades de la Archidiócesis de Sevilla.

Mostró también su satisfacción por “la floración todavía modesta de intelectuales cristianos, que comienzan a hacerse presentes sin vergüenza y sin complejos en los foros del pensamiento y en el mundo universitario, superando la sequia en este campo de los años 80 y 90, en los que parecía que para ser intelectual o profesor universitario había que ser descreído”.

“Reacción de la conciencia católica ante la situación presente”

En el análisis del panorama actual hizo referencia a la crisis económica, “que nos ha descubierto la sinrazón del sistema de vida propiciado por el laicismo irreligioso y el liberalismo sin entrañas, germen de injusticias y de dolor y sufrimiento sin cuento para tantas familias en esta hora”. Destacó aquí el creciente aprecio social que reciben instituciones de la Iglesia como Cáritas, Manos Unidas o los centros sociales de los religiosos y las hermandades, que evidencian cómo “la Iglesia en su conjunto está dando el do de pecho en estas circunstancias dolorosísimas para tantos hermanos nuestros”. “Personalmente estoy orgulloso del comportamiento de nuestra Iglesia ante la crisis. Lo reconozcan o no, ella es el último picaporte al que llaman los pobres cuando todas las puertas se les han cerrado”. En segundo lugar, mons. Asenjo Pelegrina se congratuló por los datos de algunas encuestas que reflejan una subida del número de los que se declaran católicos y practicantes en los últimos dos años. Destacó estas referencias estadísticas como “muy significativas” y añadió que “se ven corroboradas por otros datos sobre el porcentaje de contribuyentes que destinan el 0,7 de sus impuestos a la Iglesia católica, la única institución –subrayó- que se somete cada año a este examen plebiscitario”. En los tres últimos años ha crecido el porcentaje en 2,26 puntos a nivel nacional y en 2,37 en la Archidiócesis de Sevilla, en la que el porcentaje de declaraciones que asignan a la Iglesia católica se eleva al 44,18 por ciento.

“Nueva generación de católicos”

Además destacó que contamos con una nueva generación de católicos, sacerdotes, religiosos y laicos, sobre todo jóvenes, “que están reaccionando contra todas las deficiencias apuntadas anteriormente y viven en una atmósfera más serena, más equilibrada, más piadosa y apostólica, de mayor amor a la Iglesia, más respetuosa con la tradición, con la doctrina y la disciplina de la Iglesia”.

Las hermandades como garantía del “humus cristiano” de Andalucía

Tuvo también palabras de agradecimiento para la llamada “piedad popular”, “omnipresente en nuestra región y en nuestra Archidiócesis y que, como tantas veces he reconocido, está impidiendo que se reseque el humus cristiano de esta tierra”. Por ello, “al mismo tiempo que sigo pidiendo a las hermandades que cuiden con mimo su verdadera identidad y su esencial entraña religiosa, reconozco con gozo, porque es de justicia, este importante servicio que prestan a nuestra Iglesia”, subrayó.

“Jesucristo, motivo último y radical de nuestra esperanza”

El arzobispo inició la parte final de la conferencia con una afirmación: “Jesucristo es el motivo último y radical de nuestra esperanza”. En esta línea, señaló que “para que se consolide nuestra esperanza sobre el futuro de la Iglesia, todos estamos invitados a reaccionar en el sentido más noble de la expresión con un esfuerzo decidido y compartido de renovación espiritual y apostólica. No podemos resignarnos a seguir perdiendo terreno en la fe y en la vida cristiana de las personas y de las familias”. Exhortó a los fieles a ponerse “manos a la obra”, ya que “no podemos limitarnos a lamentarnos viendo cómo languidecen muchas parroquias y cómo se apartan de la Iglesia y de la fe en Cristo tantos adultos y jóvenes”. En esta línea, se mostró convencido de que la renovación de la Iglesia no será posible “sin unos laicos convertidos, orantes y fervorosos, comprometidos con su parroquia, que viven la comunión, que tienen corazón de apóstol y que aspiran seriamente a la santidad”. “Sólo así será posible la Nueva Evangelización, que no avanzará sin la apuesta decidida y sin complejos de los seglares”, concluyó.

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