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Juan del Río: «Es el momento de sumar»

Ha estado en primera línea. cada día llamaba a «su ejército» de sacerdotes para alentar a quien tienen el encargo de cuidar, de dar el último adios a los que fallecieron y de tratar de construir. Es el arzobispo castrense, Juan del Río, que acaba de ser entrevistado en Religión Digital en la que pide «prudencia y precaución». «Solo cuando podamos garantizar la participación de los fieles en condiciones de seguridad razonablemente aceptables, podremos comenzar a pensar en ese tipo de exteriorización de la Fe».

—¿Qué balance hace la Iglesia española de este período de confinamiento?

Evidentemente el balance del confinamiento no puede ser positivo, porque la desgracia nunca puede ser un bien. La pandemia Covid-19 ha supuesto ante todo la pérdida de, aún no sabemos con exactitud, cuántas vidas humanas, pero además la pérdida de capacidad económica nacional y, por tanto, también la de las familias. El Covid ha significado sufrimiento y dolor por la pérdida, pero también por la inseguridad, la soledad y la desprotección que nuestra gente ha experimentado. Sin embargo, aún en la desgracia pueden aparecer de entre la oscuridad rayos de luz que iluminan la tiniebla. Así la responsabilidad de los españoles y su capacidad de superación se ha manifestado en la Iglesia: con la solidaridad y la caridad hacia los más vulnerables, el no abandono de las tareas esenciales, y la preocupación de los pastores. Especialmente destaca la iniciativa de la Iglesia, al hilo de la sociedad actual, para usando las nuevas tecnologías y medios, llegar a todos aquellos a los que de otra manera no se habría podido llegar. Si hubiera qué quedarse con una cosa positiva sería esa capacidad de inculturación que algunos pensaban que habíamos perdido la Iglesia.

—¿Cómo ha sido la coordinación con las autoridades?

Nuestra experiencia en el ámbito de la jurisdicción castrense y de las funciones encomendadas a las Fuerzas Armadas y Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado desde luego ha sido buena, como siempre. El Páter no solo ha sido desarrollo y expresión del Derecho Fundamental de Libertad Religiosa, sino que en muchas ocasiones dentro de la operación “Balmis”, como se ha visto, se ha convertido en uno más e incluso en pieza fundamental, y siempre con la coordinación de la autoridad civil y militar.

—¿Es el momento para trabajar por la unidad, entre todos, como ha demostrado el Ejército?

Es un principio Evangélico: ¡Te ruego padre para que sean uno! Es el momento de trabajar por la salud de los españoles, es el momento de no arriesgar innecesariamente vidas humanas, es el momento de sumar, pero no cerrando los ojos y negando las evidencias, sino buscando solución a los errores que hayamos podido cometer para que no se repitan y si fuese necesario hacerlo depurando con justicia y misericordia las posibles responsabilidades.

—¿Cuándo prevén que puedan volver las procesiones, romerías o actos públicos?

En este momento sin duda la prudencia y la precaución tienen que ser la principal divisa de la Iglesia Española, debemos caminar por una senda nueva que se va abriendo al ritmo de las estadísticas y los datos tras los cuales no podemos olvidar está la realidad de las personas. Solo cuando podamos garantizar la participación de los fieles en condiciones de seguridad razonablemente aceptables, podremos comenzar a pensar en ese tipo de exteriorización de la Fe en un Dios que ha estado en todo momento presente dentro de los templos y en la calle y sobre todo en el corazón de las personas.

—¿Qué podemos hacer, como Iglesia, en esta ‘nueva normalidad’?

Como siempre lo primero rezar, por los que se han ido a la Casa del Padre, por quienes los han perdido, por los que los han cuidado, por todos los que especialmente han sufrido. También, siguiendo el mandato de san Pablo, por nuestros gobernantes y por sus tomas de decisiones. Junto a ello, mostrarnos colaborativos en aquello que nos sea solicitado y favorezca al bien común y pueda ayudar a amortiguar el virus de la crisis económica. Será tiempo para valorar y consolidar todo el trabajo llevado a cabo por las instituciones católicas en favor de los más pobres, su contribución en la crisis del COVID-19, todo ello para hacer lo que nos dijo el Señor: “Que vuestra luz resplandezca ante los hombres…”. En definitiva: Lo mejor que puede hacer la Iglesia ante esta nueva situación es ser Ella misma: comunidad del perdón, casa fraterna, mesa sacramental y de caridad y pueblo universal.

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