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Juan Carlos Elizalde: «Volver a la ternura de nuestra infancia»

Con el acento puesto en el Nacimiento de Jesús, el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, felicitó la Navidad el pasado sábado desde la catedral Santa María de Vitoria, justo antes del concierto de música gregoriana organizado por el Cabildo de la catedral y la Fundación Catedral Santa María. Su énfasis estuvo puesto en lo necesario que es «volver a la ternura de nuestra infancia, a la bondad de nuestra niñez» y al tiempo pidió «observar el Belén que tenemos en casa y que vemos por cientos de lugares en nuestras calles y pueblos» para ver la «vulnerable imagen de Jesús niño para que nos sosiegue el corazón». El obispo advirtió que la Navidad es para todos sin exclusión. «Si solo pensamos en nosotros mismos e ignoramos a nuestros conciudadanos, en especial a quienes sufren por enfermedad, soledad, precariedad o exclusión, no es Navidad». Para el obispo de Vitoria, «el nacimiento de Jesús es el regalo que Dios hace al mundo, un compromiso hacia la humanidad y una promesa de esperanza para todos y cada uno de nosotros pues para Dios nadie sobra». La Navidad es «un tiempo extraordinario para repensar cómo es mi compromiso con quien sufre y qué esperanza puedo darle yo en su vida». De la misma manera enfatizó en fortalecer los vínculos familiares en estas fechas. «La transmisión de los valores humanistas de padres y abuelos a hijos y nietos ensalza a la familia como institución en la que se sustenta una sociedad fuerte y con futuro».

Ojos abiertos

Además, el obispo hizo balance de este su cuarto año al frente de la Iglesia de Vitoria. Destacó la labor de los organismos diocesanos durante este año que acaba, e insistió en la necesidad de tener los «ojos abiertos a nuestro alrededor y seguir atendiendo a quienes sufren» por lo que ha animado a todos a «tener el corazón preparado para la ayuda». En este sentido, agradeció a Caritas, a los misioneros vascos repartidos por el mundo, a Manos Unidas y a organismos y asociaciones de la Iglesia vitoriana por su labor en beneficio de la comunidad y en especial de los más necesitados. Quiso destacar en esta misma línea «el papel decisivo que durante 50 años ha jugado y juega el comedor social de la parroquia de los Desamparados, que hoy se encuentra en un momento crítico» y pidió a las instituciones más compromiso en el auxilio que esta parroquia da a las personas usuarias de este comedor y que llega a toda la ciudad, recordando que «no es solo comida lo que reciben, sino una familia, una escucha y un acompañamiento».

Por otro lado, el obispo subrayó el «estímulo que está suponiendo en muchas parroquias y organismos eclesiales el tercer plan diocesano» —vigente hasta 2022— y que este año ha puesto el acento en reforzar las comunidades dentro de la Iglesia y hacer que estas salgan al encuentro de la sociedad en su conjunto, sin condiciones. Asimismo, elogió el Año Jubilar y el impulso que ha dado a la Catedral Nueva y a toda la diócesis, «agradeciendo la implicación de parroquias, cofradías, colegios y casas regionales y a los miles de ciudadanos por haber acudido masivamente a las celebraciones» especialmente durante la última semana con un cierre que quedará en la memoria de muchos.

Empuje esperanzador

Por último, advirtió que hoy más que nunca «los cristianos tenemos mucho que decir y mucho que aportar a una sociedad que necesita el empuje optimista y esperanzador en estos tiempos de muchos interrogantes». La Iglesia, dijo, debe «seguir en salida, abierta a todos y con los más necesitados en el centro, defendiendo la vida, la dignidad de todas las personas y el humanismo cristiano que tanto aporta al mundo». En palabras del Papa Francisco, «abrirle la puerta a los que tienen hambre de Dios y de dignidad». El obispo finalizó apelando a la valentía de todos los cristianos. «El éxito de este proyecto vendrá si tenemos a Jesucristo en el centro de nuestras vidas, es decir, si bebemos de la fuente principal, la Eucaristía» animando a ser «capaces de vivir en esta sociedad como portadores de la alegría del Evangelio, en comunión con Pedro y enriqueciendo nuestra diócesis de Vitoria con todos sus distintos acentos y múltiples carismas».

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