Diócesis

Jóvenes madrileños con los misioneros en Sierra Leona

misioneros

Jóvenes madrileños con los misioneros en Sierra Leona

OMPRESS-MADRID (9-9-13) Hace pocos días el grupo de jóvenes madrileños que han pasado sus vacaciones con los misioneros que trabajan en Sierra Leona aterrizaban en Madrid. Para la mayoría de ellos es la primera vez que han participado en estas experiencias de misión organizadas por la Asociación Jóvenes para la Misión de la Delegación Episcopal de Misiones de Madrid.

Hoy, uno de estos jóvenes madrileños, Cristina Rodríguez Pastor, nos cuenta esta experiencia de vivir tres semanas con las  Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta en Sierra Leona.

“Era la primera vez que viajaba a África y, como no me gustan las sorpresas, antes de partir me dediqué a buscar información sobre Sierra Leona para tener una idea de lo que me esperaba. Todo lo que encontré, las imágenes, los vídeos… tenía relación con la pobreza extrema en la que se encuentra sumergido el país tras la guerra civil que finalizó hace, poco más, de 10 años. Como buen ser humano que soy, enseguida me llené de prejuicios y tomé una actitud a la defensiva para que nada me influyese. Pero todos mis esfuerzos, creando esta coraza, fueron en vano ya que no he encontrado mayor riqueza que en las calles de Freetown y sobre todo en la casa de las Hermanas. Es innegable la pobreza de bienes materiales que sufre el país, pero cuando me han preguntado que cómo son las casas, las calles, si hay tiendas… he necesitado ver las fotos que hicimos para recordarlas. Y es que cuando echo la vista atrás sólo me vienen las palabras de Madre Teresa: “Necesitamos mucho amor para perdonar y mucha humildad para olvidar, porque el perdón no es completo a no ser que hayamos olvidado también”. Eso es lo que yo he vivido en la casa de las Hermanas en Freetown. Algunos de los enfermos de la casa te mostraban las cicatrices que les habían dejado los rebeldes y era difícil encontrar a alguien que no hubiese presenciado el asesinato de algún familiar, pero cuando te contaban lo sucedido no veías en ellos signo alguno de odio o de rencor, sólo veías a una persona narrando una serie de acontecimientos de su vida. Otra de las cosas a destacar es el cariño que nos mostraban y que buscaban en nosotros. Cada mañana me llenaba de alegría cuando bajaba una pequeña cuesta de la casa y veía a mis compañeros varones rodeados de gente acariciándoles el vello de los brazos. Estaban muy contentos ya que nunca habían visto tanto pelo y así aprovechaban para terminar cogiéndoles la mano. Con la humedad que había y todo lo que sudábamos lo más fácil era levantarte e irte a otro sitio, pero allí aguantaban mis compañeros brindándoles gestos de cariño que hacían que en sus caras apareciese una sonrisa de oreja a oreja. Podría llenar hojas y hojas con anécdotas como esta, pero lo que más siento en este momento es gratitud. Gratitud en primer lugar a los enfermos y trabajadores de la casa que, con su ejemplo y su compañía, me han hecho ver las grandes debilidades que tengo y, al ser consciente de ellas, puedo intentar enmendarlas. Gracias a las Misioneras de la Caridad de la Madre Teresa de Calcuta, que aunque son conocidas por acoger a los más pobres de entre los pobres, yo no podré olvidar el día del fin del Ramadán en el que salieron a comprar abalorios para que los enfermos musulmanes de la casa pudiesen festejar su día grande. Ese respeto y la relación interreligiosa que se vivía en la casa me marcaron mucho. Y no sólo por parte de ellas, sino que las cabecitas de los musulmanes y protestantes que se asomaban por la capilla en la Misa en que festejábamos el Santo de una de las hermanas son inolvidables. Y por último quiero agradecer a la asociación Jóvenes para la Misión el haberme concedido este regalo de haber podido pasar tres semanas en Sierra Leona y, de un modo especial, a mis cuatro compañeros de Freetown que han tenido que soportarme y me han hecho uno de los mayores regalos que se puede hacer a una persona, que es fortalecer mi fe. Gracias al matrimonio por haberme sacado del yo-mi-me-conmigo. El escuchar a un chico hablar de su felicidad y su vida de fe a través de las de su mujer, y viceversa, es un toque al egocentrismo muy recomendable. Gracias al joven laico por haber aguantado mis borderías siempre con una sonrisa y en lugar de defenderse compartir conmigo sus emociones en cada momento, que dejaba al ojo por ojo en otra dimensión. Gracias finalmente al sacerdote diocesano por no conformarse con ser un sacerdote bueno, sino un sacerdote santo que en lugar de estar detrás de nosotros dándonos palmaditas en la espalda y llenándonos la cabeza con palabras bonitas, nos esperaba siempre abierto, en silencio, bajo el granado junto a la capilla de las Hermanas, para hacernos ver lo afortunados que somos por haber tenido esta oportunidad de conocer mejor y en primera persona el gran amor de Dios hacia todas sus criaturas. Agradecida y muy contenta doy gracias a Dios por haberme colmado de tantas bendiciones”.

 

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Print Friendly, PDF & Email
Etiquetas