Carta del Obispo Iglesia en España

Joshua Horn y la sociedad del libre pensamiento: carta semanal del arzobispo de Burgos, Francisco Gil Hellín (25-11-2012)

BURGOS-FRANCISCO GIL HELLÍN

Hace unos días, Benedicto XVI hacía una afirmación que él mismo pensaba que podía ser provocativa: “El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar”.

La provocación no era para los católicos o creyentes, porque sus palabras eran las mismas que están al principio del Catecismo de la Iglesia Católica (n. 27). La provocación decía el Papa, puede producirse en “muchos ambientes culturales” de hoy, especialmente, “de la cultura occidental secularizada”, para quienes Dios “ya no es el esperado, el deseado, sino más bien una realidad que deja indiferente, ante la cual no se debe siquiera hacer el esfuerzo de pronunciarse”. Pese a todo, Benedicto XVI insistía: el “deseo de Dios no ha desaparecido del todo y se asoma también hoy, de muchas maneras, al corazón del hombre”.

A veces, cabría añadir, no somos conscientes de ello, pero esto no lo invalida. Además, cada persona humana lleva no sólo la firma de Dios, sino que está “tatuada en su mano”, como dijo el Beato Juan Pablo II, en una frase tan poética como verdadera. Este “tatuaje” de cada uno de nosotros en la palma divina asegura que Dios nos tenga siempre ante sus ojos de Padre y nos trate con entrañas más que maternales. Él no violará nunca nuestra libertad, pero hará un encaje de bolillos para que un día le acojamos y amemos.

Joshua Horn, el famoso militante ateo y presidente de la “Sociedad Secular de Libre Pensamiento”, es una prueba concluyente. Crecido en una familia de rito baptista muy estricta, Horn se alejó de la fe al final de su adolescencia y comenzó a leer libros científicos a los que antes no había tenido acceso. Poco después ingresó en las filas del ateísmo militante. “Me había prometido a mí mismo, como misión personal, demostrar que todas las religiones son falsas”. El Joshua ateo militante se matriculó en la Universidad de Arizona sediento de nuevos conocimientos y deseoso de seguir demostrando “que todas las religiones eran falsas”. Entró en la “Sociedad Secular de Libre Pensamiento” y su pasión contra el dogma le encumbraron enseguida como su nuevo presidente.

Sin embargo, su militancia contra Dios no consiguió borrar su “tatuaje” de la mano divina. De hecho, tres meses después de su llegada a la presidencia de la citada “Sociedad Libre Pensamiento”, su vida cambió radicalmente mientras leía la Letanía del Sagrado Corazón. La mejor manera de explicar lo que pasó “es –dice- que no sólo sentía y experimentaba algo, sino que sentía y experimentaba algo concreto y una forma completamente nueva de vivir. La única palabra que puedo usar es un sentido místico. Nunca había experimentado algo así antes y yo diría que lo que sentía era místicamente a Jesucristo”.

En un primer momento no le gustó el cambio, hasta el punto de que “estaba enfadado por lo que me había sucedido. Asustado y sin consuelo alguno. No podía creer que fuera posible”, reconoce. “Sucede y te das cuenta de que es algo que te obliga a cambiar de inmediato la vida y todos los caminos que habías emprendido”. Su primer paso fue abandonar la “Sociedad de Libre Pensamiento”.

A partir de este momento comenzó su calvario. Las burlas y contradicciones se sucedieron, llegándose a sugerir que “estaba mal de la cabeza”. Pero él ha decidido seguir adelante con su vida y con su conversión al catolicismo. Más aún, como piensa que “el propósito de una buena historia es que sea contada”, se ha decidido a contar la suya y convertirse así en un catalizador de nuevos conversos.

 

+Francisco Gil Hellín

Arzobispo de Burgos

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