Opinión Por la calle

Josefina Bakhita

El día 8 de febrero de 1947 fallecía en Schio, Italia, Josefina Bakhita, una sencilla y querida monja canosiana con fama de santidad. Procedía de una zona de Sudán del Sur. Cuando sus hermanas preparaban su cuerpo se encontraron con un lienzo de incisiones y cicatrices que mostraban una historia de dolor. La «madre moreneta» había sido secuestrada con tan solo 9 años. Una vida de esclavitud, que quedó sellada con aquellas cicatrices que le acompañaron durante toda su vida. Un calvario de explotación y de ventas que le habían convertido en una mercancía. Sin embargo, Bakhita resistió y venció, recuperando su identidad y dignidad cuando fue bautizada con el nombre de Giuseppina Margherita y Fortunata (en árabe Bakhita). Fue canonizada por Juan Pablo II en el año 2000 y, desde entonces, el 8 de febrero se conmemora su memoria litúrgica. La vida venció a la esclavitud, y el encuentro con Jesucristo le permitió conquistar la libertad de la que se le había privado. La vida la condujo al lugar que Dios tenía preparado para ella; un testimonio de vida, fe y alegría que sorprendía y no dejaba a nadie indiferente. Una mujer negra que había sido esclava recibía el bautismo y los sacramentos para posteriormente consagrarse al Señor a finales del siglo XIX.

El día 8 de febrero fue elegido por el Papa Francisco en 2015 para celebrar la Jornada Mundial de oración y reflexión contra la Trata, por todas aquellas personas que hoy en día siguen siendo vendidas, secuestradas, esclavizadas, tatuadas… y liberadas.

por María Francisca Sánchez Vera
Sección de Trata. Comisión Episcopal de Migraciones.
www.cem-noalatrata.org

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