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José María Alvira: “Necesitamos un nuevo pacto educativo que dé más libertad a la escuela”

José María Alvira, secretario general de Escuelas Católicas, y Franco Nembrini, educador italiano y responsable del centro educativo La Traccia, dialogan en EncuentroMadrid sobre los retos que la educación tiene hoy ante sí.

“Es importante que los profesores puedan encontrar un eco positivo. Quien empieza en la educación tiene que sentir que lo que hace está bien y merece la pena”. Con estas palabras comenzó José María Alvira su intervención. Franco Nembrini añadió: “Todo gran profesor cumple las siguientes características: es alguien vivo, tiene pasión por lo que enseña y ama a sus alumnos”.

Tras esta primera mirada al papel de la educación, Nembrini habló con esperanza acerca de la gran aventura que es educar: “Desde hace milenios todo el mundo se ha lamentado por la situación de la juventud, Sócrates, Hesíodo, y los grandes intelectuales. Pero no podemos detenernos en el escepticismo. Dios sigue creando el corazón de nuestros hijos, nos sigue poniendo el universo ante nosotros y nos permite buscar y perseguir el bien y la belleza. En los años 60 los jóvenes criticaban la sociedad de su tiempo, pero confiaban en sus posibilidades para cambiar la realidad. Hoy, en cambio, los jóvenes no tienen la energía ni el deseo de cambiar las cosas. Un chico de 15 años me dijo hace tiempo: ‘Nos habéis abandonado con nuestros pensamientos. Nos falta el significado de las cosas'”. El problema de la educación, subrayó Franco Nembrini, “no reposa en los estudiantes, sino en los padres y profesores. Todo adolescente desea que su casa sea algo estable, un lugar al que pueda volver siempre. Lamentablemente, muchas veces las casas y los adultos se derrumban antes que los propios adolescentes”.

José María Alvira habló con mucha claridad acerca del bien social que supone la educación católica: “Muchas veces los debates acerca del lugar de la Iglesia Católica en la educación son irracionales y cargados de resentimiento. La escuela católica contribuirá de forma decisiva si el hecho cristiano se presenta en el mundo como algo a tener en cuenta, como algo que vale la pena”. Siguiendo este hilo, franco Nembrini insistió en que “el problema de la cultura católica no es el de convencer de ciertas ideas a los estudiantes; la educación es una apuesta por la libertad. La laicidad de la escuela es justamente es esta capacidad para estar con libertad delante de nuestros alumnos, no de enseñarles valores, sino de proponerles una experiencia y caminar con ellos”.

José María Alvira hizo alusión a la necesaria libertad educativa: “Hemos llegado a un consenso constitucional, por el cual la Iglesia ha encontrado su lugar y su espacio de libertad dentro del ámbito civil. Se aceptó que el Estado debía ayudar a todos los proyectos particulares, pero quizás no hemos sabido desarrollar totalmente este principio. Ojalá que haya escuelas con un proyecto propio, con libertad real, con ayudas que lo favorezcan. Veo con preocupación la tendencia a eliminar este planteamiento. Por esta razón, tenemos que pedir un pacto educativo, que es quizás hoy mas difícil que otros años”. En este sentido, Nembrini hizo hincapié en el valor de la tarea educativa, que se puede cumplir en cualquier circunstancia: “La educación la hace un pueblo y genera un pueblo. Los judíos, por ejemplo, no dejaban de educar en Auschwitz. Si la educación es el oficio del hombre, es posible educar siempre”.



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