Carta del Obispo

José Manuel Lorca Planes Obispo de Cartagena

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Marta y María, por José Manuel Lorca Planes, obispo de Cartagena

XVI Domingo del Tiempo Ordinario. C. 2016

En este domingo la liturgia se detiene en un tema de mucha actualidad y nos resuelve la dialéctica que ha gastado muchos ríos de tinta, preocupando a no pocas personas. Afortunadamente tenemos la Palabra de Dios que ilumina nuestra mente para las decisiones que debemos tomar ante los retos que plantea la vida. En el Evangelio aparecen dos tipos de comportamiento, que han venido a ser un clásico, en las figuras de Marta y de María, como símbolos de la vida activa y de la vida contemplativa. ¿Quién no se ha detenido en este texto para saborear las palabras de Jesús?

Uno de los modos de ser está representado por Marta, una mujer atareada con los quehaceres de la casa, resolviendo todos los problemas a causa de su divino invitado. Marta valora a quien tiene en casa y quiere que no falte un detalle, pero se está perdiendo la dicha de unos momentos increíbles al lado del Maestro, estar con Él y escucharle. Esto mismo le sucede a muchas personas de hoy, es un fenómeno muy común entre nosotros, andar súper ocupados y quejarnos de que no tenemos tiempo para lo esencial. Marta es la figura de la vida en este mundo. El otro ejemplo de vida está representado en María, la mujer que cuando entró Jesús en casa se sentó junto a Él para escuchar al que tiene palabras de vida eterna, con un poder tan grande que cura enfermedades o detiene las tormentas. María, ante Jesús, se embelesaba y no aparta sus ojos de nuestro Señor. Para los que han visto incompatibilidad en las dos actitudes, entre el activismo y la contemplación, podemos decir que en aquella casa se abrió un horizonte nuevo y conciliador, el clima era de naturalidad y confianza y la intervención de Jesús no llevaba la menor intención de excluir, ni descalificar; habló su corazón.

El Señor habla a personas a las que quiere y no pretende contraponer las dos actitudes, la escucha de la Palabra del Señor, la contemplación, y el servicio concreto al prójimo son dos buenas maneras de haberle acogido, están cargadas de sentido y en las dos hay entrega total y generosa. Las dos posturas, cada una por su lado, son también esenciales en la vida cristiana y están llamadas a entenderse. Esta es la clave, se necesitan tanto, que cuando están presentes se crece en armonía y en bondad, hasta tal punto que nunca se deben separar. El Papa Francisco nos lo explica con sabiduría con estas palabras: “Pero entonces, ¿por qué Marta recibe la reprensión, si bien hecha con dulzura? Porque consideró esencial sólo lo que estaba haciendo, es decir, estaba demasiado absorbida y preocupada por las cosas que había que “hacer”. En un cristiano, las obras de servicio y de caridad nunca están separadas de la fuente principal de cada acción nuestra: es decir, la escucha de la Palabra del Señor, el estar —como María— a los pies de Jesús, con la actitud del discípulo. Y por esto es que se reprende a Marta”. (Papa Francisco, 21 de julio 2013).

La propuesta de Jesús es la de escoger la mejor parte, saber estar en Cristo, amar a Cristo, ser de Cristo, que esto da sentido a nuestras acciones de caridad en la actividad pastoral. Si Cristo es la fuente donde bebemos podremos hacer más y mejor para favorecer a los demás, especialmente a los más necesitados.

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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