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José Mª Gil Tamayo: En estos tiempos difíciles, «hagamos nuestro el mensaje de santa Teresa»

Con motivo de la fiesta de santa Teresa que celebramos hoy, 15 de octubre, el obispo de Ávila, José Mª Gil Tamayo,  ha escrito una carta pastoral en la que pide a los fieles que recen por los demás «en este tiempo tan difícil», siguiendo el ejemplo espiritual y de oración que nos dejó como legado la santa abulense. Ávila vive de una forma especial sus fiestas patronales en este año que la pandemia provoca tanto sufrimiento «especialmente en las víctimas y sus familias». De ellos, y de quienes ofrecen generosamente su ayuda para superar este tiempo de dificultad, se acuerda en sus líneas el obispo, instando a que roguemos «insistentemente para que pase pronto esta epidemia y que sus consecuencias sean lo menos perniciosas posibles. ¡Oremos por las personas que han muerto y sus familias, por los enfermos y por los que los cuidan y ayudan!». En estos tiempos de pandemia, cuando tantas personas sufren a causa de la enfermedad, de la crisis económica o de la inestabilidad social, «los cristianos tenemos la obligación no sólo de socorrerlos con nuestra ayuda material y nuestras palabras de aliento; también debemos rezar por ellos y suplicar a Dios que recuperen la salud, el bienestar y la paz».

Santa Teresa 2020: «Orar por los demás en este tiempo difícil»

Queridos hermanos:

Quisiera enviaros a todos un especial saludo y mi cercanía en estas fiestas de nuestra Santa Teresa de Jesús, y hacerlo si cabe con más cariño en este año tan especial en que estamos padeciendo la grave situación de la pandemia del COVID-19, que tanto sufrimiento está provocando especialmente en las víctimas y sus familias, a la par que se hacen patente numerosas muestras de entrega de personas e instituciones que nos ayudan a superarla y a las que estamos infinitamente agradecidos.

Esta prolongada circunstancia está cambiando también muchas cosas en nuestra vida personal y social, entre ellas la forma de celebrar nuestras fiestas como ocurre con la de nuestra Santa en este año en que conmemoramos el 50 aniversario de su proclamación como Doctora de la Iglesia por el Papa san Pablo VI, quien además de reconocer y ensalzar las grandes virtudes humanas y sobrenaturales que concurren en la santa abulense y su condición de ser la primera mujer en la historia de la Iglesia a la que se otorga este singular título, destaca que su gran mensaje o legado es la oración, que en ella alcanza la cumbre de la mística cristiana junto a nuestro otro Doctor de la Iglesia san Juan de la Cruz.

“Llega ahora a nosotros –decía el santo Papa S. Pablo VI en su homilía de la misa de proclamación del doctorado- el sublime y sencillo mensaje de la oración de la sabia Teresa, que nos exhorta a comprender «el gran bien que hace Dios a un alma que la dispone para tener oración con voluntad…, que no es otra cosa la oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama» (Vida, 8, 4-5).

Este es, en síntesis, el mensaje que nos da Santa Teresa de Jesús, doctora de la santa Iglesia. Escuchémoslo y hagámoslo nuestro”. Santa Teresa de Jesús efectivamente es reconocida en toda la Iglesia como maestra de vida espiritual. Lo que con más frecuencia suele destacarse de sus enseñanzas es la descripción que hace de la unión del alma con Dios en sus sucesivas etapas o «moradas», así como los consejos que ofrece para llegar a recibir esta gracia. Pero, junto con ello, no podemos olvidar otra dimensión esencial de la oración cristiana, profundamente arraigada en la experiencia creyente y sobre la que nuestra Doctora también tiene mucho que enseñarnos. Me refiero a la intercesión, a las peticiones que elevamos al Padre por nuestro bien, el de la Iglesia y el de toda la familia humana. En estos tiempos de pandemia, cuando tantas personas sufren a causa de la enfermedad, de la crisis económica o de la inestabilidad social, los cristianos tenemos la obligación no sólo de socorrerlos con nuestra ayuda material y nuestras palabras de aliento; también debemos rezar por ellos y suplicar a Dios que recuperen la salud, el bienestar y la paz.

Quiero invitaros, por tanto, a rogar insistentemente para que pase pronto esta epidemia y que sus consecuencias sean lo menos perniciosas posibles. ¡Oremos por las personas que han muerto y sus familias, por los enfermos y por los que los cuidan y ayudan! Nuestro Señor Jesucristo insiste en reiteradas ocasiones en la necesidad de hacer oración de petición. Por ejemplo, cuando asegura a sus discípulos que «lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré» (Jn 14,13), repitiendo lo que ya había asegurado antes: «todo lo que pidáis orando con fe lo recibiréis» (Mt 21,22). Nos invita a una intensa confianza: «Pedid y se os dará» (Mt 7,7). Y pone ejemplos muy claros, fundados en la conciencia del inmenso amor del Padre: «Si vosotros, aun siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en el cielo dará cosas buenas a los que le piden!» (Mt 7,11). Santa Teresa, como amiga fuerte de Jesús, recoge estas indicaciones del Maestro.

Es frecuente, por ejemplo, encontrar en su Epistolario numerosas súplicas a los destinatarios de sus cartas para que se rece por tal o cual intención, así como el compromiso suyo de interceder por algunas necesidades concretas. En el inicio de Camino de Perfección explica que una de las misiones de los monasterios que funda, si no la principal, era la de apoyar con su oración la labor de los misioneros en América y de los teólogos que rebatían las tesis luteranas. En concreto, anima a sus monjas a pedir dos gracias especiales: «que haya muchos… que tengan las partes que son menester para esto» y «que después de puestos en esta pelea… los tenga el Señor de su mano para que puedan librarse de tantos peligros como hay en el mundo» (CV 3,5). La principal enseñanza de la Santa en este pasaje es que una oración de intercesión, para ser verdadera, no debe buscar egoístamente el propio bien, sino que debe ser movida por la caridad y pretender de todo corazón la gloria de Dios y el bien de la Iglesia (cf. CV 3,6). La oración de petición, dice la Santa, no se limita sólo a lo que se dice con palabras, sino que va acompañada de pequeños sacrificios ofrecidos por amor y, sobre todo, de un cumplimiento lo más perfecto posible de los consejos evangélicos. No se trata de hacer grandes cosas, sino de poner «lo poquito que hay en mí… confiada en la gran bondad de Dios, que nunca falta de ayudar a quien por Él se determina a dejarlo todo» (CV 1,2). La misma Teresa experimenta la eficacia de la oración de petición. Cuando estaba desanimada ante las dificultades de sus fundaciones, se siente sostenida por la oración de cuantos apoyan su obra y escribe: «Me tenía con tanta pusilanimidad entonces, que no parece confiaba nada de Dios. Mas las oraciones de aquellas benditas almas, en fin, pudieron más» (F 28,14). ¡Qué fuerza tienen estas palabras en unos tiempos como los actuales, en los que hay muchos que se desaniman y desconfían ante la dureza del coronavirus y de sus consecuencias! ¡Qué hermoso es sostener, con nuestra oración, a personas que flaquean y sabernos también sostenidos por ellas, en esa defensa espiritual que la oración de los cristianos levanta para toda la Iglesia como sólida muralla frente a los demonios del desaliento y la desesperación! La oración de intercesión se hace en la comunión del Espíritu, unos pedimos por otros, seguros de que «si siempre pedís a Dios lo lleve adelante, y no fiais nada de vosotras, no os negará su misericordia» (F 27,12).

No es posible recoger en estas breves líneas los muchos pasajes en los que la Santa habla de la oración de petición. Sirvan estos que acabo de referir para que, de la mano de nuestra Santa, nos comprometamos a hacer lo que ahora el mundo más necesita: suplicar a Dios el fin de la pandemia. Hagámoslo personal o comunitariamente, invocando también la intercesión de la Santísima Virgen María y de todos los Santos. Podemos hacer con santa Teresa lo que ella hizo con su venerado san José: «tomé por abogado y señor al glorioso San José, y encomendéme mucho a él. Vi claro que así de esta necesidad como de otras mayores… este padre y señor mío me sacó con más bien que yo le sabría pedir. No me acuerdo, hasta ahora, haberle suplicado cosa que no la haya dejado de hacer» (V 6,6). Eso mismo les dice este Obispo que mucho lo tiene experimentado. Con mi afecto y bendición les deseo lo mejor en esta fiesta de nuestra Santa abulense.

✠José María Gil Tamayo

Obispo de Ávila

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