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José Luis Pinilla: La migración de hoy en día es la nueva esclavitud

«Sueños». Es la palabra más repetida por José Luis Pinilla, exdirector del Secretariado de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, actualmente trabaja en Madrid en obras de Migraciones de la Compañía de Jesús (Pueblos Unidos-P.Rubio) y en el Grupo Loyola.

Este miércoles, 2 de diciembre, Día Mundial contra la abolición de la esclavitud y con el telón de fondo de la Fratelli tutti, Pinilla ha abordado invitado por la delegación de Personas Migrantes y Refugiadas de la diócesis de Coria-Cáceres, la conferencia «Los sueños y los desafíos de toda la humanidad».

«Los sueños nos ayudan a ser libres, a buscar un mundo mejor», sentenciaba José Luis Pinilla. «Me anima pensar en ello y en que podemos convertir los sueños rotos de la humanidad en programas que la universalidad consiga poner en marcha» apostillaba. El jesuita, recordaba que el Papa Francisco en el primer capítulo de la encíclica puede “asustar” porque empieza por las sombras de la historia y la humanidad, pero se ilumina con la parábola del samaritano. «Una realidad ahora acuciada por la pandemia del covid», añadiendo que «estamos en un mundo donde se pierde el sentido social de la vida y la historia. Francisco habla del predominio del egoísmo y el desinterés por el bien común. Es una cultura de descartar al débil y al que no sirve. Una ética utilitarista. La de tener escondidos a los migrantes y apartados, que no molesten».

Para Pinilla, el papa quiere que como él, tengamos metidos en nuestras entrañas la parábola del buen samaritano. «¿Qué hacemos ante el abandonado, el dolorido?: No dar la espalda. Esta es la clave. No es tanto que él se haga prójimo mío sino que yo me haga próximo a él», sentenciaba. La frontera mexicana, el tren la Bestia y las patronas, Venezuela, África… Tantos lugares sufrientes fueron protagonistas de la conferencia. Haciendo presente sus realidades.

La subsidiariedad

En su intervención abordó el derecho a la migración como derecho de todo ser humano. Es necesario mejorar la política basada en el amor, la caridad y la subsidiariedad. Desde un diálogo auténtico que considere el punto de vista ajeno y esté abierto a argumentos. «Que la política se interprete en la clave del diálogo de verdad. Los políticos de hoy en día deben tenerlo muy presente», apostillaba el exdirector del Secretariado de la Comisión de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española .

Uno de los puntos clave de su ponencia es que falta de dignidad en las fronteras. «Es mejor tenerlos (a los migrantes) apartados en islas. Lejos de nosotros. Es la cultura del descarte. Es peligrosa porque no cuenta con aquellos que no vienen a atacarnos, sino a construir con nosotros», analizaba Pinilla recordando que el Santo Padre lo aborda en Laudato Si’ y también en Fratelli Tutti.

«Al emigrante lo cosificamos, en función de un número o papel. Pero este no es el tiempo del olvido. Tenemos que colocar en primer término a quienes están en las periferias», insistía. Y esto es cuestión de empatía y tarea de todos. «Monseñor Ciriaco Benavente –quien fuera presidente de la Comisión de Migraciones- decía que siempre “teníamos que meternos en su zapatos” para comprender su situación».

Acompañamiento en origen, tránsito y destino

Basándose en diferentes puntos de Fratelli tutti, insistía José Luis Pinilla en que hay que acompañar a los migrantes en varios niveles: en origen, en tránsito y en destino. Y ha querido resaltar que «No hay institución que denuncie más a los traficantes que la Iglesia».

«En FT 39, el Papa recuerda que aunque no se diga que no son humanos, la forma de tratarles expresa que son menos valiosos, importantes. El Santo Padre alerta también de que la excusa de la pandemia se está convirtiendo en una especie de disculpa para cerrar fronteras», apostilla el jesuita.

Es tarea de todos los miembros de la Iglesia eliminar mensajes xenófobos, conocer la labor de los corredores humanitarios, hacer denuncia profética, opinar a nivel social, político y legislativo cada uno en la medida de sus posibilidades e implicaciones. La reflexión final vuelve al samaritano, protagonista de Fratelli Tutti y nos interpela: «¿Quién es mi prójimo. Si la usáramos en otros ambientes no tan eclesiales podríamos sorprendernos», lamentaba Pinilla para añadir que, para nosotros, los creyentes, «Cristo no está situado en un lugar sino en una persona: en el emigrante, el extranjero, el hambriento, el sediento… el próximo».



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