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José Luis Coll, franciscano y misionero: «Nos mueve la pasión por Jesús y por los olvidados»

El franciscano José Luis Coll, misionero desde hace once años en Contamana, en la Amazonía peruana, ha animado a toda la diócesis de Valencia a apoyar la campaña del Domund 2021, que se celebra este domingo, 24 de octubre. El franciscano ha explicado en una entrevista que «los misioneros además de evangelizar también dignificamos la vida de tantas personas que sobreviven e intentamos aportar en sus vidas un motor que les ayude a alzar el vuelo: la esperanza».

En la actualidad, la parroquia regida por el misionero franciscano en Contamana ha reanudado el proyecto de construcción de viviendas para familias sin recursos, paralizado desde que empezó la pandemia, con ayuda de la asociación Amigos de la Misión «que ha financiado la construcción de casas para ocho parejas jóvenes con niños», ha señalado.

«Construir un hogar»

«Este proyecto es muy importante porque no sólo se trata de construir una casa: la iniciativa supone construir un hogar, transmitir a estas familias la preocupación por la familia y por sus hijos y, por extensión, conlleva dignificar la vida, y eso también es evangelizar».

Al hilo del lema de este año del Domund, “Cuenta lo que has visto y oído”, Coll ha destacado que «es importante vivir y tener experiencias, y contar lo que vivimos, vemos y oímos, por eso la misión es imprescindible en la Iglesia, porque es estar en contacto con los más vulnerables, pobres y rotos, que son los preferidos de Jesús».

Ayudar desde Valencia, con la oración y mostrando interés

La campaña del Domund tiene como finalidad recordar la importancia de la labor  que realizan los misioneros en todo el mundo. En este sentido, José Luis Coll ha explicado que «desde Valencia se puede ayudar a la misión con la oración por los misioneros y por la misión, porque así sentimos que estamos conectados. Yo he experimentado esa conexión en mi enfermedad, cuando sufrí el Covid-19, sabía que rezaban por mí».

José Luis Coll se contagió este año, el pasado 7 de marzo, «tras estar en contacto con una compañera misionera, que ya lo padecía sin saberlo. Estuve en casa unos 10 días y me atendieron vía telefónica pero empeoré y tuve que ingresar justo cuando falleció mi compañera misionera».

Aunque en un principio no quería abandonar su casa «porque muchas personas a mi alrededor enfermaban sin apenas recursos» finalmente ingresó en un hospital de Lima por la gravedad de su situación. Tal y como ha asegurado el misionero, agradece todo lo vivido porque «durante mi enfermedad recibí mucha bendición en medio de tanta pobreza y debilidad».



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