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José Juan Vizcaíno, nuevo diácono de la diócesis de Albacete: “Si el sacerdote no es un servidor pierde su esencia”

El pasado 26 de diciembre, festividad de san Esteban, José Juan Vizcaíno fue ordenado por monseñor Fernández Collado como diácono de la diócesis de Albacete.

“Estoy convencido de que este regalo del Señor, esta agua fresca y pura que ahora nos llega, despertará y refrescará los corazones de algunos adolescentes y jóvenes deseosos de entregarse generosamente como él a Dios y al servicio de la Iglesia”, fueron las cálidas palabras que Fernández Collado quiso dedicar a José Juan al comienzo de su homilía. 

Después de una etapa de formación en el seminario de Alicante, de otra etapa para realizar estudios superiores en la Universidad de Navarra y de un curso pastoral en la parroquia de El Salvador de La Roda, el nuevo diácono pudo compartir unos minutos con nuestros compañeros de medios de comunicación de la diócesis manchega después de la celebración eucarística.

¿Cómo estás viviendo estos momentos?
Mentiría si digo que estoy totalmente tranquilo. La verdad es que he estado bastante nervioso y no por preparar la celebración. Es, más bien,  por comenzar el ministerio para el que me llamó el Señor. Un ministerio que tantas veces ha estado cerca y otras tantas se ha alejado. Son nervios ante el inmenso don que Dios, por manos de nuestro obispo, me ha confiado. Pero al ser de Dios, la paz es más fuerte. 

Tengo también mucha seguridad de que estoy haciendo lo correcto; lo que Dios quiere para mí. Es una paz que viene de Dios, una paz que en la oración me conforta. ¡Rezad mucho por mí, para que sea santo en el ejercicio del ministerio!

¿Sacerdote por y para qué?
Decía un gran santo contemporáneo que “porque me da la gana es la razón más sobrenatural”. He querido libremente responderle “sí” al Señor; a su llamada a la santidad en el ejercicio del sacerdocio. La llamada es suya pero nos da la libertad de responderle. Estoy seguro que todos hemos experimentado que, al decir al plan de Dios para ti que “sí”, todo cambia. 

¿Dónde debe estar el quehacer diario de un sacerdote?
Si el sacerdote no es un servidor pierde su esencia. Cada día le pido a Dios que me permita servirle a Él y a su pueblo santo y que ese servicio me vaya acercando cada vez más a Él, me vaya haciendo más semejante a Él, para que cuando me llame a su presencia pueda entrar en el gran banquete celestial. Me da pánico pensar que podría llegar a ser un sacerdote tibio, mediocre, un funcionario de las cosas eclesiales.

¿Cómo está viviendo tu familia y amigos este paso?
Mi familia y mis amigos lo están viviendo con una gran alegría e ilusión. Es muy reconfortante sentir el cariño de tanta gente buena. La mayoría de ellos, cuando les di la noticia, exclamaron: “¡por fin! ¡Ya era hora!” La verdad es que han sido un apoyo importante para mí durante largos momentos de incertidumbre en mi proceso de formación. Dios sabe que les debo mucho, pues me apoyaron cuando ni yo mismo veía el camino. Él se los premie.

 

“Acompañado en la oración”

Dadas las actuales circunstancias, fueron muchos los amigos y allegados de José Juan que no pudieron acompañarle en este día tan importante en su vida como religioso. Sin embargo, gracias a las nuevas tecnologías y a que la celebración pudo seguirse a través de YouTube y Facebook, compañeros suyos de Cataluña, Palma de Mallorca, Toledo, Jaén o Pamplona compartieron con él “este gran regalo del Niño Dios”. 

En esta misma línea, don Ángel Fernández Collado, obispo de Albacete, quiso recordarle en su homilía que nunca estará solo en esta misión del sacerdocio y dejó algunas recomendaciones para su nueva vida como diácono.

  • Mantén siempre una relación íntima y continuada con Jesucristo y espacios específicos de oración y contemplación, sin prisas.
  • Anuncia el Evangelio con fe y convencimiento, con el ejemplo de tu vida, sencillez y humildad.
  • Vive con amor misericordioso, con generosidad y gratuidad todos los momentos de tu vida, como consagrado a Dios y al servicio de su Iglesia.
  • Y se devoto de María, Madre y Reina de los Apóstoles y de los sacerdotes y, como buen hijo, rézala y pide su protección.

 

 

 

 

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