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José Gregorio Hernández, «el médico de los pobres», cuarto beato de Venezuela
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José Gregorio Hernández, «el médico de los pobres», cuarto beato de Venezuela

Hoy viernes, 30 de abril, es beatificado en Caracas José Gregorio Hernández, conocido por los venezolanos como «el médico de los pobres». «Un hombre de servicio universal», como lo califica el Papa Francisco en el videomensaje que ha remitido a los venezolanos con motivo de la efeméride. El Santo Padre ha aceptado también mediante un quirógrafo la petición formulada por el arzobispo de Mérida, administrador apostólico de Caracas y presidente de la Comisión Nacional para la Beatificación, cardenal Baltazar Enrique Porras Cardozo, para que Hernández sea copatrono del Ciclo de Estudios en Ciencias de la Paz de la Pontificia Universidad Lateranense.

La ceremonia para elevarlo a los altares tiene lugar a las 10 de la mañana, hora local, en la iglesia del colegio de La Salle, presidida por el nuncio apostólico en el país, Aldo Giordano. Inicialmente estaba previsto que la celebrase el secretario de Estado vaticano, cardenal Pietro Parolin, pero este finalmente no ha podido hacerlo «por razones de fuerza mayor vinculadas sobre todo a la pandemia del Covid-19», según ha informado la Oficina de Prensa de la Santa Sede. Parolin, que fue nuncio en Venezuela de noviembre de 2009 a septiembre de 2013, ha deseado que el ejemplo del nuevo beato ayude a los venezolanos «a afrontar juntos la crisis humanitaria y a promover la convivencia plural y pacífica». El Papa Francisco también se refiere en su videomensaje a la necesidad de reconciliación. «Creo sinceramente —dice en él— que este momento de unidad nacional, en torno a la figura del médico del pueblo, supone una hora singular para Venezuela, y exige de ustedes que den pasos concretos en favor de la unidad, sin dejarse vencer por el desaliento». Para Francisco, la beatificación del doctor Hernández es una oportunidad única para poner en práctica «el espíritu de reconciliación» que tanto necesita el país. Siempre hay que tender la mano, dice.

Profesor, científico y médico de los pobres

Pero, ¿quién fue exactamente el «médico de los pobres»? Nacido en Isnotú, en el estado andino de Trujillo en 1864, José Gregorio Hernández Cisneros fue, además de médico, profesor y científico. La carrera de Medicina la estudió en Caracas, y posteriormente amplió estudios en París, Berlín, Madrid y Nueva York. Fue el fundador de la Cátedra de Bacteriología en la Universidad de Caracas y una de las primeras personas en introducir el microscopio en Venezuela. Pero hoy no se le recuerda tanto por sus méritos docentes o logros científicos como por su dedicación y entrega a los más necesitados. Para él la medicina era una misión, y así, pasaba consulta gratuitamente a las personas sin recursos, lo que le valió ese sobrenombre de «medico de los pobres». Murió en 1919 atropellado por un automóvil cuando se dirigía precisamente a la farmacia a comprar medicinas para una anciana desvalida. Durante su estancia en Italia quiso ser monje de clausura, e incluso llegó a ingresar en 1908 la cartuja de Farneta con el nombre religioso de Marcelo, pero después de algunos meses enfermó y fue enviado de vuelta a Venezuela a recuperarse. Tres años después empezó a cursar estudios eclesiásticos, pero la enfermedad también truncó sus planes.

El milagro

La beatificación se celebra con un aforo limitado a causa de la pandemia. Entre los asistentes, sin embargo, no falta la niña Yaxury Solórzano, objeto del milagro que permite que la hace posible. Yaxury, que hoy tiene catorce años, recibió hace cuatro, el 10 de marzo de 2017, un disparo en la cabeza en un intento de robo a su padre. Trasladada de urgencia al hospital Pablo Acosta Ortiz de San Fernando de Apure con la masa encefálica expuesta, los médicos indicaron a la familia que su estado no permitía albergar grandes esperanzas y que, si llegaba a sobrevivir, presentaría discapacidad. Durante la intervención quirúrgica, la madre de la pequeña invocó la intercesión del nuevo beato, notando al punto una mano en el hombro y una voz que le decía: «Quédese tranquila, todo irá bien». A la semana de la operación, la niña caminaba sonriente, sin complicaciones. La curación fue reconocida como milagrosa el 9 de enero de 2020 por la comisión médica de la Congregación para las Causas de los Santos que la examinó.

Uno de los relicarios diseñados con motivo de la beatificación de José Gregorio Hernández, «el médico de los pobres» / CEV

Conferencia Episcopal: La beatificación es «una luz de esperanza para todos nosotros»

La Conferencia Episcopal subrayó ayer el «momento particular» de la subida del doctor Hernández a los altares, con el país gravemente azotado por la pandemia y sumido en una profunda crisis. «Este acontecimiento es una luz de esperanza para todos nosotros», dice la presidencia de la institución en un mensaje que pide «la gracia de un nuevo milagro» que haga posible que José Gregorio se convierta en el primer santo venezolano.

La causa del que hoy se convierte en el cuarto beato del país comenzó en 1949, impulsada por el entonces arzobispo de Caracas, Lucas Guillermo Castillo. El Papa Juan Pablo II lo declaró venerable el 16 de enero de 1986. Sus restos fueron exhumados el pasado 26 de octubre en la iglesia de la Candelaria de Caracas, donde reposaban desde 1975. De ellos se han extraído las reliquias que se van a enviar ahora a la Santa Sede, a las distintas diócesis venezolanas y a los santuarios para su veneración. Según indicó el cardenal Porras el pasado 23 de abril, la devoción del médico de los pobres ya se ha extendido a otros países debido al éxodo venezolano y son varias las peticiones de reliquias suyas que ya se han hecho para su veneración en iglesias o capillas. Una de esas peticiones corresponde al obispo de Tenerife, pues Hernández era de ascendencia canaria.

El Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) también ha subrayado la «admirable enseñanza de vida» del nuevo beato, que hizo del cuidado y la compasión a los enfermos el «único sentido de su vida». El comunicado del organismo que preside el arzobispo peruano Miguel Cabrejos se refiere a él como «samaritano de nuestro tiempo» y pide a Dios y a Nuestra Señora de Coromoto que, por su intercesión, la comunidad eclesial venezolana y latinoamericana sean testimonio de una Iglesia samaritana, en salida, misionera y sinodal.



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