Foto: Manos Unidas
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José Antonio Morales, misionero: «Mil veces que yo naciera, mil veces yo me haría misionero de África»

El padre José Antonio Morales es de Torrenueva (Granada) y, aunque tuvo que volver de África a España para asumir la responsabilidad como Provincial de la Sociedad Misionera Padres Blancos, toda su vida vocacional ha estado vinculada a la misión en este continente. Su pasión por África –«venida de Dios», nos cuenta- convierten 38 años en «38 días«, vividos como «una gozada». Los misioneros son una parte de nuestra Iglesia Diocesana, que unida a la Iglesia local del territorio en misión nos muestra cómo la Iglesia es una, para evangelizar allí donde cada uno está, al otro lado del mundo o en nuestro entorno más cercano.

—38 años de misionero en África. Cómo se pueden resumir 38 años de vida en las misiones.
—En 38 días. Han pasado como 38 días. Ha sido una gozada. Yo he estado en República de Mali. Era un momento, en que ese país era un oasis. Todo el África Occidental era un auténtico oasis. Ha sido un vivir con la Iglesia local, con las comunidades cristianas, musulmanes y también con la religión tradicional. Hubo un tiempo de encuentro, un tiempo de vivir como Jesús con sus discípulos en los tiempos aquellos primeros.

—Qué recuerdos tiene de esos años. Cómo es la misión que podemos conocer de allí o los años en los que estuvo.
—La misión cada día es diferente. Yo me vine de allá en 2011, porque me llamaron de aquí de España para ser Provincial de los Padres Blancos, aquí en España. Soy misionero de África Padre Blanco. Entonces, me tuve que venir para acá. Pero el recuerdo que tengo de todos esos años ha sido sobre todo el encuentro, la convivencia. Nuestra misión es anunciar a Jesús, pero anunciarlo con las cosas concretas. Por ejemplo, para ayudarles en la comida, porque muchas veces tienen situaciones en las que no hay lluvia y, entonces, hace falta semillas más rápidas para que en menos tiempo produzcan; si los pozos no tiene agua, dinamitar los pozos y hacer presas pequeñitas para que puedan obtener. Pero, todo esto hacerlo en comunión, que no sea algo propio para los cristianos. Jesús vino para todos. Entonces, es la misión universal. Quisiera insistir en que el DOMUND no es el día de las misiones; es el día de la misión universal, de todo cristiano, sea aquí o sea allá, y del encuentro con todos, como Jesús que se encontraba con toda la gente.

—Las necesidades entre un territorio allí y Europa, donde cada vez además está más descristianizada, son distintas. Qué diferencias ve en una misión en un territorio como África y en una misión que tenemos más a nuestro alcance. Porque, de alguna forma, todos somos misioneros, ya que se trata de llevar el Evangelio allí donde estás.
—Efectivamente. La realidad es muy diferente. Son países que tienen mucha penuria. Llueve poco, hay gente que come sólo una vez al día con frecuencia, están las hambrunas. Ahora, se añade a ello la situación de los yihadistas, de los terroristas, que hace que la gente no pueda cultivar sus campos. En ese entorno es el que tenemos que estar trabajando. Y la diferencia es muy grande, porque aquí muchas veces estamos “en nuestros templos”. Y hay fe, bastante. Pero nosotros, en África, estamos más hacia fuera, “en salida”, hacia los que no son cristianos, no para convertirlos, sino para convertirnos mutuamente. Porque a Dios se le busca juntos. Porque los demás también nos pueden dar una imagen de Dios. Todo hombre y mujer ha sido creado a imagen de Dios. Entonces, un musulmán o alguien de religión tradicional tiene también la imagen de Dios y yo la busco en ellos, y juntos yo le transmito el mensaje de Jesús, que es mi felicidad. Y lo digo como a mi me ha llenado y ahí, poquito a poco, es como se forman las comunidades cristianas.

—Los misioneros en estos territorios tienen dificultades y riesgos. ¿Conoce a algún misionero que esté en esas dificultades?
—Sí, sobre todo en la situación que vivimos en África Occidental, en África en general. Conozco el caso de la hermana Gloria Cecilia Narváez, una franciscana de María Inmaculada, colombiana, que fue secuestrada el 7 de febrero de 2017 y hasta el presente está en manos de los terroristas. Últimamente, han liberado en Mali a cuatro rehenes a cambio de 200 terroristas que han sido puestos en libertad. Entre ellos, estaba el padre Maccalli, un italiano, que fue secuestrado también hace dos años. Los misioneros son también la Iglesia local. Está el padre Joël Yougbaré, que fue secuestrado el 17 de marzo del año pasado. Y hasta ahora no se tiene ninguna noticia de ellos. Estas son situaciones que son fuertes. Y esto tenemos que comunicarlo y decirlo, para que no se queden en el olvido.

El cardenal Zerbo, arzobispo de Bamako, capital de Mali, decía que es una pena que personas que habían ido para ayudar, para dedicarse a las mujeres que están en situaciones difíciles, para los niños desnutridos, como la hermana Gloria Cecilia Narváez, que trabajaba en un centro nutricional y con las mujeres; que esas personas que han ido con tanto cariño sean secuestradas por terroristas que son malienses para venderlas como esclavas. Esto es muy doloroso. Y no solamente los cristianos. Tenemos una idea del islam y del musulmán como alguien “malo”. Pues, hay todo un movimiento en el mundo musulmán de Mali, para que liberen a la hermana Gloria Cecilia. Porque los yihadistas son un cáncer en el islam, no es el islam. Y hay un abogado, que fue diputado, que ha creado un movimiento para la liberación de la hermana Gloria Cecilia. Algo hermoso.

—Cómo encontró esta vocación de la Sociedad Misionera de Padres Blancos y qué le diría a los jóvenes sobre la vocación misionera.
—Yo estaba en Torrenueva, con mis abuelos maternos. Mi padre era Guardia Civil y estaba en Píñar. Yo no podía continuar mis estudios. En Torrenueva, el párroco, D. Miguel Rodríguez Luis, era un hombre muy comprometido y había formado comunidad. Las vocaciones surgen cuando hay comunidad cristiana que se forma. Luego, un Padre Blanco también motrileño, el padre Gabi Cuello (Manolo Cuello, como nosotros le llamábamos en Motril), venía y se marchaba para Mali. Esto era en el año 1958. Estuvo en Motril para darnos una charla, invitado por nuestro párroco D. Miguel porque eran del mismo curso, y fue como surgió en mi al verlo (vestido de árabe, con su rosario al cuello) y hablándonos de esa misión universal. Entré en el Seminario Menor, en la Plaza Virgen de Gracia, después subí al Mayor y, como venían también padres misioneros de diferentes congregaciones, vinieron los Padres Blancos y fueron precisamente los Padres Blancos los que más me atrajeron por su vida de comunidad y por su universalidad.
Yo le diría a los jóvenes que se impliquen, que se comprometan, que no vivan metidos en nuestro mundillo de aquí, que es el peor peligro; que se abran y, abriéndose a los demás, es como más se encuentra uno la felicidad. Mil veces que yo naciera, mil veces yo me haría misionero de África. Y esta pasión de África ha venido de Dios.

por Paqui Pallarés
Delegada Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

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