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Jornadas de actualización pastoral: ¿Qué supone evangelizar en la era digital?

«Evangelizar en la era digital implica un conocimiento lo más certero posible de las profundas transformaciones antropológicas, morales, sociales y culturales que se han llevado a cabo desde la época moderna. Tal metamorfosis, profundamente dinámica y compleja, desemboca hoy en lo que se ha denominado un cambio de época». Este ha sido el eje principal de la conferencia de Juan de Dios Larrú Ramos DJCM, profesor de la Universidad San Dámaso, que ha abordado en las IV Jornadas de actualización pastoral para sacerdotes de la archidiócesis de Madrid. «La misión de la Iglesia es siempre la misma, comunicar el acontecimiento de Cristo muerto y resucitado a todos los hombres».

Para el profesor, dentro del cambio de época en el que estamos inmersos, uno de los más representativos es que asistimos a una nueva revolución tecnológica: «Si la velocidad de transmisión de datos se ha multiplicado en las últimas décadas de modo casi inimaginable, los procesos de tratamiento de datos y la gestión del cambio que supone usar de un determinado modo esa información son cuestiones hoy de mucha relevancia para las empresas tecnológicas».

Una nueva concepción del orden moral de la sociedad

En su ponencia, ha destacado que las multinacionales de la tecnología han ideado una nueva forma de capitalismo, y la humanidad es ahora la materia prima de la que se alimentan las máquinas. «La atención del hombre se ha convertido en el producto estrella por el que compiten estas empresas». Por eso, en el mundo moderno en que vivimos, «la razón ha perdido progresivamente la capacidad de ver en el mundo y en sí misma la trasparencia de lo divino».

Con estas transformaciones en el centro de la modernidad occidental se encuentra una nueva concepción del orden moral de la sociedad: «El racionalismo, que excluye los afectos de cualquier tipo de conocimiento científico». De esta forma, la organización tecnológica del mundo «configura una cultura que hace imposible ofrecer una respuesta a los significados de la existencia humana como el nacimiento, la educación, el amor, el trabajo, el sufrimiento o la muerte».

En este punto, frente a la «lógica nihilista post-moderna», es preciso, expresa el profesor, «cobrar conciencia de lo que cuesta hoy comunicar la experiencia cristiana, generar procesos de transmisión cultural capaces de hacer surgir el sujeto cristiano maduro, capaz de donarse totalmente a los demás. Necesitamos de minorías creativas , distintas del gueto y de la masa, que promuevan ambientes donde se pueda generar y regenerar el cristiano maduro».

Una nueva epistemología

Es, pues, importante «recuperar la frescura de la experiencia cristiana en su integridad, suscitando minorías creativas sacramentales, que generen prácticas a través de las cuales se muestra el modo propio de habitar el mundo del cristianismo». La integración de la afectividad y la racionalidad en la experiencia cristiana «implica una nueva epistemología, un modo de conocimiento teológico en el que el amor y la razón se encuentran entrelazadas desde el inicio en el dinamismo de la acción humana. Si la experiencia cristiana brota del encuentro con un acontecimiento, con la persona de Cristo que ofrece un nuevo horizonte a la vida, convendrá favorecer las condiciones que hacen posible el surgimiento de este evento inaudito».

La pregunta es «el cómo»

En el turno de preguntas, Larrú ha destacado que las nuevas tecnologías nos rodean y que no hay que demonizarlas, simplemente «hemos de reconocer que no solo son instrumentos y artefactos a usar, sino que cambian el modo de relacionarnos con los demás». Las redes sociales «tienen un valor en la imagen que transmiten del hombre, cambian la antropología y en este sentido es necesario que sea el hombre el que esté por encima de los artefactos y las maquinas».

No en vano, la inteligencia artificial tiene la tentación de que sea la técnica quien marque la pauta en la experiencia humana, «y de esta forma el hombre se hace esclavo de estas tecnologías». Hay que forjar «un sujeto virtuoso, maduro, capaz de emplear estas tecnologías en el bien de lo humano, promoviendo la comunión de las personas».

En definitiva, la propuesta no debe ser alejarse, «porque estamos inmersos en ellas». El esfuerzo debe llevarnos a evangelizar con los medios y en los medios tecnológicos contemporáneos. «No es una opción, es el contexto en el que estamos». El problema es trabajar en cómo hacerlo y «estudiar para conocer esa tecnología sin dar nada por supuesto: Si no las conocemos, podemos usarlas mal, y el fin debe ser la comunión entre personas, no ningún otro».



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