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Jornada Mundial del Migrante y Refugiado: «Que no haya un ellos sino un nosotros»

«Cambiar nuestra mirada para que ya no haya más un ellos. Sino que haya un nosotros». Con estas palabras, el obispo auxiliar de Madrid, José Cobo, responsable del Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, presentó el 21 de septiembre los objetivos de la campaña para la Jornada Mundial del Migrante y el Refugiado 2021. La Jornada, que se celebra el domingo 26 de septiembre, hace, tal y como explicó Cobo «que palpite el deseo del Papa de caminar Hacia un nosotros cada vez más grande».

En un momento histórico, también para la Iglesia que camina en el medio del mundo, «la migración es una realidad que hay que afrontar. Partimos, además, de un año difícil tras la crisis de la covid-19 y que se ha sumado a las crisis ya existentes, cuyas víctimas siguen siendo las mismas». En este punto, el prelado llamó la atención a una sociedad «que se blinda en espacios seguros, ya sean mercados o fronteras, que nos llevan a la indiferencia hacia lo de fuera». Pero «si algo hemos aprendido de esto —dijo— es que todos dependemos de todos y estamos interrelacionados». Por eso, al afrontar esta campaña, se recoge el eco de Fratelli Tutti «donde le objetivo es caminar como humanidad, que no significa ser todos iguales, sino reconocer que podemos vivir juntos en la diversidad».

De esta forma, el obispo destacó que esta Jornada «nos pone en el disparadero para aprender a mirar los problemas de nuestro mundo, en concreto las migraciones, desde Dios. Desde un Dios que es comunión y es el mismo Padre para todos».

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Expertos en humanidad

En la Iglesia «somos expertos en humanidad», destacó Cobo, y por eso «tenemos una respuesta para ofrecer a la sociedad». Y no solo una respuesta, «sino que tenemos propuestas de espacios de acogida y encuentro que quieren ser luz para encender nuestro mundo. El Espíritu Santo no anula la diversidad, sino que crea espacios comunes. Todo esto, nos engloba en «una apasionante aventura donde lo que cabe es un nosotros mucho más grande».

Con esta intención, desde el Departamento de Migraciones se quiere ofrecer «toda la fuerza de la Iglesia para conseguir un “nosotros con mayúsculas” en nuestra sociedad, y abrirlos brazos para trabajar todos juntos ante el desafío de las migraciones y las oportunidades que nos ofrecen de cara al futuro».

 

A este respecto, José Cobo ofreció la colaboración de la Iglesia para trabajar de la mano de la sociedad civil, de las administraciones y del Estado «para trabajar juntos en el reto de acoger el fenómeno de la migración con ojos nuevos». Un reto, que tal y como reconoció, nos es fácil, ya que supone  «dejar de hablar de ellos y nosotros, y buscar la dignidad que nos une, para partiendo de ella, construir la realidad que Dios quiere que sea».

A través de la campaña, el obispo propuso tres «pequeños esfuerzos» que a cada uno «debería interrogarnos »:

– Vivir esta realidad lejos de los intereses económicos o la propia ideología

– Que las comunidades cristianas que acogen, se planteen también la necesidad de proteger, promover e integrar, respondiendo no solo como socieda, sino como Iglesia.

– Desplegar «con toda la fuerza» y transmitir el trabajo de la pastoral de migraciones.

Estos tres objetivos, concluyó el obispo, son una llamada a cada persona, «pero también a toda la sociedad, que de la mano, comprenda todo lo que nos puede ofrecer y enriquecer esta acogida. Tenemos una propuesta atropologica fascinante, donde construiremos una sociedad nueva de brazos abiertos que es la que Dios sueña».

Un trabajo en red

Por su parte, el director del Departamento, Xabier Gómez, OP, presentó los materiales específicos de la campaña que son parte de «la solidaridad y la labor que la Iglesia realiza en red para generar cultura del encuentro». El director del departamento recordó que la construcción de una sociedad «más justa y fraterna» ha sido siempre el objetivo de esta Jornada Mundial de las Migraciones, «que no es una ocurrencia del Papa Francisco. Este año será la 107».

Y es que la Iglesia lleva más de cien años señalando la movilidad humana como uno de los grandes desafíos a la sociedad: «Un signo de los tiempos ante el que la fidelidad a Jesús nos obliga a responder desde la parábola del Buen Samaritano».

De esta forma, explicó el dominico, desde el Departamento de Migraciones de la CEE, «apoyados en la red que conforman las 70 delegaciones de Migraciones, llevamos años viendo nacer y crecer experiencias de acogida, hospitalidad, de convivencia en la diversidad, defensa de la vida y derechos de las personas migradas».

Esta muestra de solidaridad «a todos los niveles» se ha visto a lo largo de la post pandemia, donde la acogida de las personas migradas «se ha sumado a su propia cooperación en la ayuda mutua, revitalizando además nuestros pueblos y comunidades y aportando crecimiento demográfico y espiritual».



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