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Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, por Jesús García Burillo, obispo de Ávila

Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, por Jesús García Burillo, obispo de Ávila
Queridos diocesanos: En este IV Domingo de Pascua la Iglesia nos propone rezar especialmente por las vocaciones. En mi escrito del Día de San José compartía con vosotros la necesidad de pedir «al dueño de la mies que envíe operarios a su mies.»

El Papa Francisco nos lo recuerda también hoy con palabras de Jesús: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Como señala San Juan de la Cruz: «Hacia el cielo se ha de abrir la boca del deseo» y, si bien es cierto, que en ocasiones Dios no satisface todos nuestros deseos, no es menos cierto que nunca deja incumplidas sus promesas.
El lema escogido para esta Jornada dice: «Sal a darlo todo.» Es una invitación total, cargada energía. Nos recuerda los ánimos que un entrenador de fútbol comunica a sus jugadores ante la disputa de una gran final. Salir a darlo todo supone vaciarse de uno mismo. Después, el resultado será más o menos positivo, pero nada se le podrá reprochar al jugador que lo ha dado todo en el campo, al que no se ha rendido ante las dificultades. Nos dice el Papa: «toda vocación, no obstante la pluralidad de los caminos, requiere siempre un éxodo de sí mismos para centrar la propia existencia en Cristo y en su Evangelio. Tanto en la vida conyugal, como en las formas de consagración religiosa y en la vida sacerdotal, es necesario superar los modos de pensar y de actuar no concordes con la voluntad de Dios.»
El Señor pide trabajadores que no se abrumen ante el ingente trabajo, ya que salen al campo no confiados en las propias fuerzas si no en la gracia que derrama en los corazones el «Señor de la mies.» Lo que no quiere decir que el trabajo se realice con mediocridad. Durante el proceso de discernimiento «los proyectos vocacionales se han de convertir en fecunda realidad apostólica». Pero no debemos cometer el error de convertir la vocación en «un refugio de tantas limitaciones que podamos tener, carencias psicológicas, o porque no tengo valor para ir adelante en la vida y allí busco un lugar que me defienda.» Nos sigue diciendo el Papa en su mensaje: «la vocación es un fruto que madura en el campo bien cultivado del amor recíproco que se hace servicio mutuo, en el contexto de una auténtica vida eclesial. Ninguna vocación nace por sí misma o vive por sí misma. La vocación surge del corazón de Dios y brota en la tierra buena del pueblo fiel, en la experiencia del amor fraterno.» No podemos olvidar que el alma de todo apostolado es el amor de Dios infundido en nuestros corazones.
Toda vocación, para ser considerada como tal, ha de estar en sintonía con el querer de Dios, al igual que Jesucristo para quien su «alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra». No puede ser de otra manera. La voluntad de Dios es que su reino llegue a feliz consumación. Ante este reto San Pablo nos dice: «Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer; de modo que, ni el que planta es nada, ni tampoco el que riega; sino Dios que hace crecer… Nosotros somos
colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificio de Dios.» No se puede
expresar mejor la insuficiencia humana en esta obra pero, al mismo tiempo, lo
imprescindible que es para Dios la cooperación del hombre en el cumplimiento de su
voluntad.
Por último, fijemos nuestra mirada en aquella que como nadie se mantuvo fiel a
la vocación recibida. Encomendamos a la Virgen María que interceda ante su Hijo
para que toque el corazón de muchos jóvenes que entreguen su vida a Dios y se
conviertan en trabajadores de los campos del Señor. Que ella os bendiga y os guarde.

Jesús García Burillo
Obispo de Ávila



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