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Jornada Mundial de los Pobres: «No valen excusas ante el grito, a veces silencioso, de tantos hermanos empobrecidos»

La respuesta de la Iglesia Española a la convocatoria por parte del Papa Francisco de la «IV Jornada Mundial de los Pobres», celebrada el pasado 15 de noviembre, llegó de manera conjunta entre la Conferencia Episcopal Española y Cáritas, que «sumando esfuerzos», han preparado esta celebración a la que se han unido las diócesis españolas. Este 2020, el lema elegido fue «Tiende tu mano al pobre». En una situación de crisis como la actual, «una invitación a la responsabilidad y un compromiso directo de todos aquellos que se sienten parte del mismo destino, una llamada a llevar las cargas de los más débiles», según señalaron Cáritas y la CEE. Y es una exhortación en la que, como se denuncia en el mensaje del Santo Padre para la jornada, se pone en evidencia «la actitud de quienes tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, de la que a menudo son también cómplices». Con estos materiales, las dos entidades deseaban «animar a realizar acciones que reflejen el gesto de tender manos como signo de proximidad, de solidaridad y de amor como forma de contagiar esperanza a todas las personas de nuestra sociedad», así como concienciar y llevar a cabo «gestos concretos».

Con la ilusión de que parroquias y comunidades cristianas tiendan su mano al pobre, la propuesta lanzada fue de diez claves con las que vivir de manera evangélica esta jornada. Por ejemplo, se invitaba a «la coherencia en el uso de los bienes», o a tener «gestos llenos de ternura, compasión y solidaridad, desafiando el contagio y el miedo por amor y entrega a los demás».

También, para esta Jornada, la CEE y Cáritas señalaron algunas orientaciones para la homilía. «No valen excusas ante el grito, a veces silencioso, de tantos hermanos empobrecidos», se afirmaba. Además, se animaba a  llevar nuestra mirada hasta «enfermos, ancianos, migrantes, pobres y excluidos», y mostrarles con nuestras manos «gestos concretos el rostro misericordioso de Dios». Y se hacía referencia al lema de la jornada: «Tender la mano es un signo evangélico que nos recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad y el amor. En medio de esta pandemia, hemos de reconocer y agradecer todas «sas manos que han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo».

Confianza en Dios y en su proyecto

En su mensaje, el Papa explica que el proyecto de Dios no separa la vida de oración del hecho de hacer el bien, por eso «la oración a Dios y la solidaridad con los pobres y los que sufren son inseparables. Para celebrar un culto que sea agradable al Señor, es necesario reconocer que toda persona, incluso la más indigente y despreciada, lleva impresa en sí la imagen de Dios. De tal atención deriva el don de la bendición divina, atraída por la generosidad que se practica hacia el pobre».

El Papa identifica un peligro en la búsqueda de servir a los más pobres: «ponerse siempre uno en primer lugar porque el encuentro con una persona en condición de pobreza siempre nos provoca e involucra a comunidad cristiana en esta experiencia de compartir».

 Gestos que dan sentido a la vida

Con esta Jornada, se quiere reconocer las múltiples manos que se tienden para ayudar a los más pobres, tal y como expresa Francisco: «Tender la mano es un signo: un signo que recuerda inmediatamente la proximidad, la solidaridad, el amor». Todavía más, en estos meses, en los que el mundo entero ha estado «como abrumado por un virus que ha traído dolor y muerte, desaliento y desconcierto, ¡cuántas manos tendidas hemos podido ver!».

 Además, el Papa nos pide que aunque «podamos tener la impresión de que el mal es más fuerte», recordemos que «todas estas manos han desafiado el contagio y el miedo para dar apoyo y consuelo».

Una  invitación a la responsabilidad

No se trata de una exhortación opcional, «sino que condiciona de la autenticidad de la fe que profesamos». Francisco subraya que la solidaridad con el pobre tiene su realidad de contraste: «La indiferencia y el cinismo son su alimento diario. Hay manos tendidas que en las sombras intercambian dosis de muerte para enriquecerse y vivir en el lujo y el desenfreno efímero. Hay manos tendidas que por debajo intercambian favores ilegales por ganancias fáciles y corruptas. Y también hay manos tendidas que, en el puritanismo hipócrita, establecen leyes que ellos mismos no observan».

 La finalidad de nuestro servicio

«No podemos ser felices hasta que estas manos que siembran la muerte se transformen en instrumentos de justicia y de paz para el mundo entero», afirma Francisco y concluye: «La finalidad de cada una de nuestras acciones no puede ser otro que el amor. Este es el objetivo hacia el que nos dirigimos y nada debe distraernos de él. Este amor es compartir, es dedicación y servicio, pero comienza con el descubrimiento de que nosotros somos los primeros amados y movidos al amor».

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